La senadora por Antofagasta y nueva presidenta del Senado aborda los desafíos de su gestión, el rol del Congreso en el nuevo ciclo político y la necesidad de fortalecer el diálogo democrático para enfrentar las demandas ciudadanas
La elección de Paulina Núñez Urrutia como presidenta del Senado de Chile marca un momento significativo en la política chilena. Su llegada a la conducción de la Cámara Alta ocurre en un escenario político caracterizado por la fragmentación parlamentaria, mientras el sistema político enfrenta el desafío de reconstruir acuerdos para abordar reformas institucionales y demandas ciudadanas.
Abogada de la Universidad Católica del Norte y militante de Renovación Nacional, Núñez ha construido su trayectoria política desde el norte del país. Fue diputada por Antofagasta entre 2014 y 2018 y desde 2022 ejerce como senadora por la región, mientras ha impulsado agendas vinculadas al desarrollo regional, la descentralización y el rol estratégico de la minería en la economía nacional.
Su elección también tiene un valor institucional. Núñez se convierte en la quinta mujer en presidir el Senado desde el retorno a la democracia, sumándose a las gestiones de Isabel Allende Bussi, Adriana Muñoz, Yasna Provoste y Ximena Rincón.
Su llegada a la presidencia de la Cámara Alta refuerza además la presencia del norte minero en la conducción del Congreso, mientras las regiones buscan mayor protagonismo en el debate nacional sobre desarrollo económico y descentralización.
Presidenta, ¿qué significa para usted asumir la presidencia del Senado?
Es un honor muy grande y también una tremenda responsabilidad. Cuando di mis palabras en el Senado, además de agradecer a Dios, a los senadores que votaron por mí y a mi familia, también recordé a mi querida región de Antofagasta, porque esta presidencia representa no solo un desafío personal, sino también el reconocimiento a una región que muchas veces ha sentido postergación.
Estoy aquí gracias a cada una de las personas que han confiado en mí en estas tres elecciones, y esa confianza implica una responsabilidad muy grande.
Usted ha señalado que uno de sus sellos será recuperar el diálogo político…
Creo que hoy el Congreso tiene un desafío muy claro. Tenemos que recuperar el diálogo y debatir con respeto, dejando de lado las trincheras ideológicas, porque la ciudadanía espera que quienes estamos en política seamos capaces de construir acuerdos para enfrentar los problemas del país.
He intentado dar muestras de ese estilo durante mi trayectoria parlamentaria y ese es un sello que quiero imprimir durante este año liderando el Senado.
¿Qué rol debe jugar el Senado en este nuevo ciclo político?
El Senado debe ser un espacio de encuentro democrático. El Congreso tiene que volver a ser un lugar donde se construyen acuerdos para el país, porque muchas de las decisiones importantes que Chile necesita dependen de nuestra capacidad de dialogar y generar consensos.
Esa responsabilidad institucional es clave para avanzar en las reformas que el país requiere.
Usted representa a la Región de Antofagasta. ¿Cómo se proyecta esa mirada regional desde la presidencia del Senado?
Para mí es muy importante que el norte esté presente en el debate nacional. No va a pasar desapercibido que una senadora de Antofagasta llegue a la presidencia del Senado, porque tenemos desafíos muy concretos en nuestras nueve comunas que deben formar parte de la agenda del país.
El norte tiene un rol estratégico en el desarrollo de Chile, particularmente en áreas como la minería, la energía y la transición energética.
Más allá del simbolismo institucional, Paulina Núñez asume la presidencia del Senado con la convicción de que la política todavía puede recuperar su sentido más profundo: servir al país y representar a las personas. Desde ese lugar, busca proyectar un liderazgo que convoque a construir puentes, mientras el Congreso vuelve a enfrentar decisiones que marcarán el rumbo económico y social de Chile en los próximos años.
Su historia política está profundamente ligada al norte del país. Antofagasta, sus comunas y su gente forman parte de la identidad que quiere imprimir a su gestión, porque cree que las regiones deben dejar de ser observadoras del debate nacional y transformarse en protagonistas de las decisiones estratégicas del país.
Con ese horizonte, la nueva presidenta del Senado inicia su mandato con una mezcla de emoción y responsabilidad. Sabe que el desafío no es menor: conducir una institución clave para la democracia, pero también demostrar que la política aún puede ser un espacio de encuentro capaz de abrir caminos para el desarrollo y el futuro de Chile.




