[Opinión] Sobre Fórmula 1 y regulaciones tributarias

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Por: Gabriela Clivio. Economista y Foundingmember CFA Society Chile


La Fórmula 1 (F1) es la principal competencia de automovilismo internacional y el campeonato de deportes de motor más popular del mundo. Fue concebido como el máximo desarrollo de los autos de carreras y todos sus coches son unos “pura sangre”. Es decir, nacieron para correr. En sus 70 años de historia, ha tenido -por supuesto- muchísimos cambios. Ya sea en los materiales, las máquinas, su diseño y componentes, las comunicaciones e incluso el perfil de los pilotos. Los autos son por lejos los que más han cambiado y cada escudería sabe que se juega la vida año tras año, con la mejor innovación dentro de lo reglamentario.

Esta competencia es un constante desafío de mejora en todo sentido.

No solo en materia de velocidad de los autos en la pista. Si no, además, en los materiales y en los estándares de seguridad para los pilotos. Es un trabajo perfecto de equipo, en donde cada persona tiene un rol que jugar, dada su experticia.  Tanto así, que cuando los pilotos logran el podio, con quienes primero festejan son sus mecánicos.

Solo para entender: el argentino Juan Manuel Fangio, también conocido como “El Chueco”, quien ha sido considerado el mejor piloto del automovilismo mundial de todos los tiempos, ganó cinco títulos de F1 (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957) en cuatro escuderías diferentes. Sin embargo, los Maserati, Alfa Romeo, Mercedes y Ferrari con los que competía, no eran ni por asombro parecidos a los autos de hoy. Fangio corría en un monoplaza sin alerones.

Desde su época, además de los alerones, se incorporaron innovaciones como el chasís monocasco de aluminio, el sistema de refrigeración en la parte anterior y el efecto suelo para aumentar la adherencia al asfalto. Todas, por supuesto, han estado en constante perfeccionamiento. Por el lado de la seguridad, además de prohibirse el re-fueling, se amplió el espacio del habitáculo y se subieron las paredes de los autos.

La F1, por cierto, ilustra a la perfección no solo el trabajo de equipo. Sino también la importancia de mejorarse y superarse a sí mismo. Y lo más importante, de innovar.

Quisiera hoy llevar los aprendizajes de este hermoso deporte a Chile y nuestros marcos regulatorios. ¿Cómo puede ser que no se revisen exenciones tributarias que se pusieron en práctica hace casi 20 años atrás, cuando éste -en todo sentido-era otro país? En ese sentido ¿Qué nos impediría ser como la F1, que incorpora mejoras temporada tras temporada? Y si es así ¿Qué mejoras podríamos hacer hoy?

En estas líneas me gustaría hablar de las mejoras en materia de exenciones tributarias.

Ahora que la proporción de deuda sobre PIB va en aumento, es muy valioso avanzar en eliminar exenciones y no centrar la discusión solo en un aumento de los impuestos. Pero no hay que olvidar que el factor más importante que nos va a permitir la sostenibilidad de la deuda en el futuro es la tasa de crecimiento que experimentemos.

Dado esto, no parece oportuno eliminar las exenciones que fomentan las actividades productivas. Si tenemos en cuenta lo anterior, la realidad es que, de la cifra que se maneja de manera consensuada de aproximadamente 9.000 millones de dólares, solo 2.000 millones de dólares son factibles de recaudar.

¿Qué hacemos entonces? ¿Cómo mejoramos?¿Cómo innovamos? En primer lugar, debemos pensar en seguir mejorando el auto que tenemos. Es decir, no adoptar medidas que ya han probado no funcionar en otras economías. Además, en plena era digital, es importante concentrarnos en gravar flujos y no stocks (que se mueven fácilmente de un lugar a otro); y no seguir las recomendaciones, cuando no se adaptan al chasís de nuestro auto.

A modo de ejemplo, la OCDE recomienda rebajar el tramo exento del impuesto a la renta. Pero esto en Chile no es posible, ya que el límite del tramo exento se ubica en $670.000 (lo que representa algo menos de las 2/3 parte del límite del tramo exento de la OCDE). Finalmente, debemos avanzar en que las decisiones económicas sean tomadas en forma armónica en medio de un país profundamente polarizado.

Si queremos ser una sociedad moderna, dinámica y que juegue en equipo, es importante entender que los marcos regulatorios hay que ir mejorándolos, tal como lo hace la F1. No se trata de cambiarlos todos los años. Pero sí adecuarlos a las necesidades de este país en los nuevos tiempos.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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