[Opinión] Pandemia de Covid-19 en Chile o ¿cómo trasformar un enemigo formidable en uno invencible?

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Dr. Fernando Soto P. Especialista Broncopulmonar


Transcurridos más de 113 días desde el inicio oficial de la pandemia, y aunque el análisis completo del resultado de las decisiones tomadas para su manejo deberán hacerse a futuro, me permití formular esta interrogante que a la luz de los acontecimientos es absolutamente válida. ¿Cómo se pudo trasformar un enemigo formidable en uno invencible? ¿Cómo llegamos a esta situación, considerando además que el resultado final será aún peor?

En mi opinión, básicamente porque hemos hecho muchas cosas inefectivas, otras francamente equivocadas, y además no hemos sido capaces de replantear la estrategia original.

¿Y cuál fue la estrategia original? Resulta que al respecto solo tenemos las declaraciones de la autoridad, pero nada que la documente. A pesar de la gravedad que se sabía tendría la instalación de la pandemia en Chile y la seriedad que al respecto se esperaba de la autoridad, no ha sido dado a conocer ningún documento que contenga, con los respectivos argumentos de respaldo, la estrategia que como país se definió para enfrentarla, que debiera haber sido dada a conocer en detalle a todos los actores involucrados, documentada y respaldada por evidencia científica, con participación de los investigadores y expertos en salud, y difundida ampliamente en forma clara para la completa comprensión de la comunidad, para que con espíritu de cuerpo y orgullo de país hiciéramos frente al desafío.

Luego, en el camino, permanentes cambios de discurso, con medidas siempre reactivas a los acontecimientos ( los expertos dijeron siempre que frente a una pandemia lo PRIMERO es colocarse en el peor escenario y luego ajustar según los resultados ), y énfasis en una mirada hospitalaria buscando generar más camas críticas y comprar ventiladores mecánicos en lugar de fortalecer y potenciar la Atención Primaria que es el primer punto de contacto en salud con las personas, mientras se insistía que éramos un país con fortalezas en salud y extremadamente estable del punto de vista económico, y que hacíamos más exámenes de testeo que la mayoría de los países del mundo.

Desde “es muy poco probable que la pandemia llegue a Chile “ (Sr. Fernando Leanes, representante de la OPS-OMS en Chile), pasando por “desde enero estamos trabajando para enfrentar la pandemia, incluyendo la compra de los ventiladores mecánicos que se necesiten” (Presidente y Ministro de salud, cuando luego se supo que la orden de compra para los primeros ventiladores se emitió a fines de marzo); luego “enfrentamos a un enemigo formidable”, o “nuestro sistema de salud está preparado y además lo estamos reforzando…”, y finalmente decir que “enfrentamos la peor catástrofe sanitaria, social y económica del siglo”, se advierte un discurso en permanente cambio y por tanto una suerte de improvisación que resulta inaceptable para quienes no solo concentran el poder sino que cuentan con todos los datos, la logística y la posibilidad de congregar a muchos con experiencia para el manejo de un tema así de complejo.

Pero, ¿no estaré exagerando? ¿Estamos tan mal?  Bueno, veamos algunas cifras. Los datos objetivos de los resultados de las decisiones de las autoridades miden exactamente la calidad de las decisiones que los originaron.

En primer lugar, Chile ocupa hoy un poco honroso octavo lugar en el mundo en número de casos reportados, dentro de 213 países con casos. Superamos en casos, con apenas 19 millones de habitantes, a gigantes como China, Pakistan, Mexico, Iran, Alemania, entre otros, y somos el único país de los 15 primeros en el ranking que tiene menos de 30 millones de habitantes.

Si alguno piensa que es porque hacemos mucho testeo, resulta que hay más de 40 países del total que hacen igual o más testeo que nosotros. A nivel de Regiones, además existen algunas como la del Libertador Bernardo O’Higgins que no solo tiene la tasa más baja de exámenes del país sino además un gran número de exámenes cuyo resultado no se conoce hasta más de 14 días incluso.

Además, si medimos los casos por millón de habitantes, Chile está dentro de los 4 países con mayor tasa en el mundo, y en casos nuevos diarios estamos entre los 4 con mayor número.

Respecto a la letalidad, es decir, el número de personas fallecidas sobre el total de personas contagiadas, que se menciona que en Chile es baja, además de considerar que puede no ser cierto porque no estamos contando todos los fallecidos de acuerdo a los criterios internacionales, resulta que igual genera miles de muertos hasta el momento, y se presume que de no ocurrir cambios drásticos en el manejo de la epidemia llegaremos a unos 15.000 fallecidos en agosto. ¿Seguiremos argumentando que tenemos baja tasa de letalidad frente a esa tragedia?

Sobre la trazabilidad, es decir la capacidad de ubicar a todos los casos y sus contactos estrechos y aislarlos en cuarentena, se perdió. Pese al discurso exitoso acerca del número de exámenes efectuados diariamente, no logramos pasar el promedio de los 17.000 diarios, y con retrasos en los informes de días a semanas (algunos cálculos estiman sobre 100.000 exámenes con resultados pendientes en el país), debiendo hacer al menos 40.000 exámenes diarios y visitando al menos una vez al día a casos y contactos, cosa que no hacemos, para tener trazabilidad del problema.

Sobre las cuarentenas, todos sabemos lo que pasa. La definición operacional de quienes pueden circular estableció una lista interminable de excepciones que permite a una gran parte de las personas movilizarse a diario. El problema por tanto no es de incumplimiento de la cuarentena por parte de las personas, ya que las mediciones revelan que sobre el 98% circula con autorización, sino de lo laxa que es la normativa.

Sobre las camas críticas y disponibilidad de ventiladores mecánicos hay que decir varias cosas. Primero, que ningún país en el mundo ha frenado o controlado la pandemia comprando ventiladores o instalando más camas críticas, más allá que son necesarias para los enfermos graves, porque todos los sistemas hospitalarios en el mundo han colapsado frente a la pandemia en la medida que no pudieron frenar los contagios, incluso aquellos con mucho mayor disponibilidad de camas críticas y ventiladores.

Es equivocado a mi juicio por tanto insistir en esta estrategia cuando por otro lado se menciona a diario que las decisiones se toman de acuerdo a medicina basada en la evidencia y de acuerdo a la experiencia internacional sobre el manejo de la pandemia. ¿Nadie vio que el tema no pasaba por comprar ventiladores mecánicos?

Segundo, para los que estamos en la atención de los pacientes, la situación actual es una tragedia. La discusión teórica de la última cama en la práctica está instalada en todos los centros de salud y se resuelve en la práctica con dolor y angustia para pacientes, familiares y personal de la salud. Lo único que podemos hacer es aliviar y tratar a los que podemos atender y rogar porque se pueda contener el aumento de contagios y enfermos para no colapsar al sistema.

Finalmente, a todo lo anterior, y como corolario final a la ausencia de una estrategia reconocible, maciza y contundente en su formulación, y a variaciones permanentes en las definiciones operacionales de casos, fallecidos y estadística, se suma una información a la comunidad confusa, de doble estándar, con privilegios para algunos pero obligaciones para la mayoría, que llama a la tranquilidad sin argumentos para sostenerla, y que atribuye el fracaso ( no reconocido ) de los esfuerzos desplegados primero al virus ( que nunca se volvió buena persona ), luego a las personas ( “la gente no entiende…” ), y finalmente a que “estamos frente a una crisis sanitaria nunca vista..”, argumento que para algunos basta para exculparnos o no hacernos responsables de los malos resultados que están a la vista.

Y así estamos. El virus, finalmente, gracias al esfuerzo de unos pocos, que tenían la misión y el deber de liderar una pandemia con las mejores prácticas aprendidas de la experiencia de otros y en base a los datos disponibles, y no lo hicieron bien, se ha transformado por ahora de enemigo formidable en un enemigo invencible.

Se acabó el tiempo de esperar liderazgos eficaces. La demostración objetiva del fracaso de lo efectuado hasta el momento es brutal. Es ahora o nunca el momento de rehacer la estrategia. Otros lo han hecho mejor. Aprendamos por favor.

A la espera del cambio, se acumulan por miles los fallecidos. Mientras los que estamos en salud seguiremos intentando aguantar esta ola de enfermos que nos ahoga, cuando ya se nos acabó la paciencia y buena parte de la esperanza.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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