Por Maritza Blanco V. Máster en Dirección de Comunicaciones (Dircom)
Si hay algo que incide en el aumento de las ventas de una empresa, que un gobierno goce de popularidad, que una persona sea creíble o tengas validación social, es un intangible del que muchos hablan, pero no todos saben construir: la reputación.
En la cuarta revolución industrial, dominada por la nueva industria, robótica e inteligencia artificial, la reputación también se traslada con fuerza a los entornos digitales y desde allí, influye en potenciales clientes, inversionistas, comunidades, medios, proveedores y hasta en los propios colaboradores.
Es preciso entonces, preguntar a quienes toman las decisiones de una organización, sea esta pública o privada, ¿sabes cuánto se habla de tu organización en Internet? ¿qué se dice de tu organización? ¿eres creíble? ¿estás comunicando lo que necesitas? ¿sabes qué hacer para construir y gestionar la reputación de tu organización?, entre muchas otras….
Hoy el acceso a la información está al alcance de un click y la reputación de un servicio, producto, organización o persona, pueden verse notoriamente afectados positiva y/o negativamente con la influencia de las redes sociales e Internet. Dicho de otro modo, la reputación ya dejó de construirse en oficinas de directorio y con comunicados de prensa: hoy nace y se transforma en cada búsqueda online.
Hablar de reputación es también incidir en vínculos emocionales y racionales que se establecen entre una organización y sus stakeholders a lo largo del tiempo. A esto se suman los desafíos de la comunicación frente a la digitalización, ciberseguridad y riesgos reputacionales en entornos digitales, así como la necesidad de fortalecer la identidad, imagen, marca, posicionamiento y asuntos públicos, entre otros.
Junto con la implementación y uso de la IA, la reputación es una de las grandes prioridades de las empresas y organizaciones en la actualidad. Y es que, construir una buena reputación es el resultado de una estrategia intencionada y constante y en ello, la comunicación tiene un rol preponderante.
Una comunicación sin estrategia no es viable y las tendencias actuales demandan una gestión estratégica de intangibles que obliga a los directivos tener las competencias y herramientas adecuadas para enfrentar cambios y demandas, haciendo imprescindible que la alta dirección entienda que la comunicación es una herramienta estratégica esencial para fomentar una cultura corporativa robusta y participativa.
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