Por Carlos Cantero O., Geógrafo y Dr. en Sociología
Al observar los grandes acontecimientos históricos del siglo XX y este primer cuarto del siglo XXI, con sangrientas confrontaciones, e irracionales genocidios, con millones de seres humanos sacrificados, en países de distintos niveles económicos, sociales y culturales, surgen argumentos -de sobra- para poner en cuestionamiento la definición de “la persona humana como ser racional”.
Las evidencias históricas desafían la idea del ser humano como un actor plenamente racional, especialmente frente a episodios de violencia extrema. La barbarie reiterada obliga a revisar los fundamentos de nuestra comprensión sobre la racionalidad humana.
Un mínimo sentido de realismo y prudencia nos debe motivar a cuestionar esa definición. Hay sólida evidencia que, el ser humano como conjunto, es racional y estúpido, al mismo tiempo, sea por acción o por omisión, avalando el fundamento de la “banalidad” que planteó Hannah Arendt.
La estupidez deja de ser anecdótica y pasa a constituir un fenómeno estructural, con implicancias éticas y sociales profundas. Diversos pensadores han abordado su impacto desde perspectivas sociológicas, filosóficas y técnicas, consolidando un campo de análisis relevante.
Es muy evidente que la estupidez se constituye en un mal pandémico, que se extiende a nivel global, en un mundo crecientemente polarizado, que pierde sus límites culturales y valóricos tradicionales, cuyos megarrelatos: ideológicos, económicos, espirituales, se han derrumbado.
La polarización global y la crisis de los marcos tradicionales amplifican la irracionalidad colectiva, debilitando consensos básicos. La irrupción de la sociedad digital redefine las formas de interacción y comprensión del mundo, impactando todas las dimensiones del quehacer humano.
La tensión entre un enfoque matriarcal y otro patriarcal, sus diferencias de sensibilidad, relacionalidad y sentido de vida y compromiso, son relevantes al momento de detenernos a reflexionar sobre este tema. Para la comprensión del asunto presentaré una síntesis de las ideas y principales tendencias de los análisis contemporáneos más relevantes e influyentes que, a nuestro juicio, caracterizan la Estupidez Contemporánea, asociándolas a sus pensadores más destacados.
El fenómeno puede analizarse desde distintas dimensiones que permiten comprender su alcance, más allá de lo anecdótico. Se identifican tres dimensiones principales que explican su impacto en la sociedad actual.
1. La Dimensión Moral: Dietrich Bonhoeffer (1906-1945 Alemán) nos advierte que la estupidez es un “enemigo del bien” más temible que la malicia. Mientras que el malvado puede ser combatido o contenido, el estúpido es impermeable a los hechos. Su estado es de “posesión” por una causa externa, un nivel de consciencia básico y polar (político o religioso) que anula su capacidad de pensamiento crítico y de reflexión interna y profunda.
La estupidez moral impide el juicio crítico y bloquea la reflexión autónoma, transformándose en un riesgo mayor que la malicia. La incapacidad de cuestionar creencias externas limita profundamente la libertad de pensamiento.
2. La Dimensión Social: Carlo Cipolla (1922-2000 Italia) señala que la estupidez es una “sordera” ante la complejidad del otro, nos recuerda que los estúpidos están presentes en todas las clases sociales y niveles educativos, siendo su imprevisibilidad su rasgo más dañino para el progreso de las naciones.
La estupidez social atraviesa todos los niveles educativos y clases sociales, afectando el desarrollo colectivo. Su carácter impredecible la convierte en un factor de riesgo estructural para el progreso.
3. La Dimensión Técnica: Éric Sadin (1973- Francia), en sus interesantes y novedosas ideas, nos advierte que en el siglo XXI, la estupidez se ha vuelto “asistida”. Sadin plantea que la tecnología no nos hace más inteligentes, sino más dependientes.
Al seguir las recomendaciones de la IA para cada aspecto de nuestra vida, perdemos la capacidad de discernimiento, convirtiéndonos en ejecutores de decisiones algorítmicas pre calculadas. La dependencia tecnológica reduce la autonomía del pensamiento humano, desplazando la capacidad de decisión. La inteligencia artificial puede amplificar la pasividad cognitiva si no se usa críticamente.
Para combatir la estupidez sistémica, no se puede seguir haciendo más de lo mismo, se requieren acciones fundamentales:
- Recuperar la Autonomía Moral: Atreverse a pensar fuera del grupo, incluso cuando el poder (o la red social) exige conformidad.
- Abrazar la Complejidad: Rechazar los eslóganes simplistas y las soluciones binarias que proponen las ideologías.
- Fomentar el “Roce” con la Realidad: Desconectar de la asistencia técnica constante para recuperar el juicio propio, el error y el aprendizaje humano.
Superar la estupidez sistémica exige recuperar la autonomía del pensamiento, más allá de presiones sociales o tecnológicas. La capacidad de enfrentar la complejidad es clave para reconstruir una sociedad más consciente y crítica.
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