El senador socialista cuestionó la fragmentación opositora, defendió el diálogo sin renunciar a convicciones y planteó que el PS debe articular una alternativa moderna, con liderazgo, proyecto común y respuestas concretas para los desafíos actuales del país
La crisis que atravesó el Partido Socialista durante los últimos días dejó al descubierto un problema que, para el senador Juan Luis Castro, supera las diferencias personales y las disputas internas de una colectividad. La oposición todavía no consigue construir una conducción común, definir una orientación compartida ni presentar un proyecto reconocible ante el país.
En entrevista con Meganoticias, el parlamentario sostuvo que las conversaciones desarrolladas dentro del PS permitieron bajar el tono de la confrontación y ordenar a sus senadores antes de la votación de la megarreforma. Sin embargo, advirtió que cerrar esa controversia será insuficiente si el sector no transforma lo ocurrido en una oportunidad para revisar su forma de actuar.
“Necesitamos unidad de propósito, liderazgo y proyecto. Eso es lo que debe construirse, no solo dentro del Partido Socialista, sino también en el conjunto de la oposición. No se trata de que todos pensemos exactamente igual, porque cada partido tiene su identidad, pero sí de avanzar con una orientación común”, afirmó.
Castro reconoció que la velocidad de los acontecimientos dificultó la coordinación interna y favoreció una disputa pública que terminó debilitando al socialismo. A su juicio, las recriminaciones desplazaron la discusión política de fondo y proyectaron una imagen que no se corresponde con la responsabilidad que deben asumir sus dirigentes.
“Hubo más adjetivos que sustantivos, y eso no ayuda al país. Se vio una situación que no correspondía a la altura ni a la representación que tenemos. Vivimos una semana muy difícil, pero ahora estamos, yo diría, en convalecencia, rumbo al alta”, señaló.
El senador aseguró que las conversaciones internas permitieron reducir las tensiones y establecer una posición común antes de la votación prevista en el Senado.
“Las aguas están más quietas, afortunadamente, porque se ha logrado conversar y, con un punto de acuerdo de por medio, superar diferencias y malos entendidos. Se ha decidido dejar atrás ese clima y concentrarnos en la votación que tendremos en el Senado, cuando ya estamos acercándonos al cierre de este proyecto de reforma que lleva más de dos meses en el Congreso”, explicó.
Más allá de la controversia socialista, Castro sostuvo que el episodio refleja una dificultad que atraviesa al conjunto de la oposición. Los partidos aún no cuentan con una estructura permanente de coordinación y las decisiones siguen dependiendo de conversaciones parciales, liderazgos individuales o acuerdos que se construyen para cada votación.
La tramitación de la megarreforma volvió a evidenciar la falta de conducción y unidad que enfrenta la oposición, especialmente después de las diferencias surgidas entre el PS, el PPD y otros sectores respecto de la posibilidad de negociar con el Ejecutivo.
“Nosotros también hemos tenido diferencias, porque en estos cuatro meses de ser oposición no ha sido fácil encontrar el camino propio ni coordinar mejor los esfuerzos. Ni siquiera tenemos una coalición única. Esto requiere tiempo y, para conseguirlo, hay que dejar de lado los protagonismos individuales y mirar más el proyecto colectivo”, sostuvo.
Dialogar sin abandonar las convicciones
Castro defendió la disposición a conversar con el Gobierno, pero descartó que el diálogo parlamentario implique renunciar a las posiciones políticas de la oposición. A su juicio, la negociación forma parte del trabajo legislativo, pero debe desarrollarse sobre condiciones claras, acuerdos conocidos y convicciones previamente definidas.
“Uno siempre, cuando está en el Parlamento, tiene que estar dispuesto a dialogar. Sería absurdo ser un robot o un autómata que no conversa con nadie. Pero eso parte de tener convicciones propias. Nosotros somos un partido de oposición y, sabiendo que este proyecto no es bueno para el país, planteamos puntos sobre los cuales podía haber un acuerdo. Hubo un largo recorrido y, definitivamente, no hubo puntos de encuentro”, explicó.
El senador indicó que esa disposición se mantiene mientras exista voluntad de alcanzar entendimientos. Cuando las condiciones cambian o una de las partes deja de cumplir lo conversado, agregó, corresponde cerrar la negociación y adoptar una posición política.
“Yo me declaro partidario siempre del diálogo, pero eso se agota cuando ya no es posible, porque requiere voluntad y aquí no hubo mayor voluntad. Eso no quita ni un milímetro las decisiones que deben tomarse en conjunto con el resto de la oposición”, afirmó.
Castro también rechazó que el fracaso de las conversaciones conduzca a una política de confrontación permanente, enfatizando que “las posturas atrincheradas y maximalistas, tanto de derecha como de izquierda, no le sirven al país. Chile necesita superar la polarización de tantos años y volver a tener posibilidades de entenderse. La batalla electoral ya ocurrió y ahora vienen cuatro años en los cuales tienen que entregarse soluciones a los problemas sociales”.
La negociación que quebró las confianzas
El parlamentario cuestionó especialmente la estrategia adoptada por el Ejecutivo durante las últimas semanas de tramitación de la megarreforma. Según explicó, después de no conseguir un acuerdo transversal, el Gobierno comenzó a buscar entendimientos individuales o con grupos específicos de senadores.
“Después de la votación general hubo una mesa técnica que tuvo varias sesiones, pero tampoco existió la posibilidad de llegar a acuerdos entre los sectores políticos de izquierda y derecha. En las últimas dos semanas, los esfuerzos del Gobierno fueron más bien parciales, senador por senador o con grupos de senadores”, indicó.
La controversia aumentó cuando el Ministerio de Hacienda incorporó una indicación para reducir hasta 22% el impuesto corporativo, pese a que el acuerdo explorado con senadores del PPD contemplaba mantenerlo en 23%.
Aunque el ministro Jorge Quiroz posteriormente retiró esa modificación, el cambio terminó sepultando el pacto alcanzado con el PPD y profundizó las dudas sobre la capacidad del Ejecutivo para sostener los compromisos asumidos durante la negociación.
“Ese movimiento del 22% en el impuesto corporativo fue un paso en falso, que después fue rectificado desde el propio Gobierno. No puede haber situaciones tan confusas como esa”, afirmó Castro.
El senador sostuvo que los parlamentarios del PPD iniciaron las conversaciones convencidos de que existía una posibilidad de entendimiento acotado sobre la invariabilidad tributaria, pero terminaron enfrentando condiciones diferentes.
“Creo que nuestros colegas vieron una posibilidad de acuerdo parcial en un punto que tenía que ver con la invariabilidad. Sobre eso les colocaron otra cosa distinta en el impuesto corporativo. Se sometieron a muchas críticas dentro de su propio partido, no lograron construir consenso y el Gobierno tampoco cumplió lo que les había dicho”, manifestó.
Para el legislador de la Región de O’Higgins, la negociación fracasó porque el Ejecutivo no transparentó todas las condiciones desde el comienzo y terminó modificando una parte sustantiva del entendimiento: “La negociación con el PPD fracasó porque no les jugaron claro, no les dijeron todas las reglas y al final quisieron colocarles otra cosa. Se produjeron malos entendidos y vamos a llegar nuevamente a una votación muy estrecha, parecida a la anterior. Eso no entrega estabilidad hacia el futuro”.
El socialismo democrático busca asumir un papel articulador
El senador sostuvo que la unidad opositora no implica borrar las identidades de los partidos ni obligar a todas las colectividades a mantener las mismas posiciones. El desafío, explicó, consiste en reconocer esas diferencias y construir una dirección común que permita transformar la diversidad en una propuesta política.
“En el socialismo tenemos que perfilarnos, porque no es lo mismo ser frenteamplista, socialista o comunista. Cada fuerza va a tener sus propios matices y su propia forma de expresarse ante la sociedad. Yo aspiro a que el socialismo sea una fuerza moderna, que exista en el Chile de hoy, pero sin salirse del foco de su identidad”, señaló.
Castro evitó plantear una competencia excluyente con el Frente Amplio, pero sostuvo que el socialismo democrático reúne experiencia política, trayectoria institucional y capacidad para contribuir a la articulación del sector, explicando que “No soy quién para menospreciar a nadie. Desde el punto de vista de la política real, creo que el socialismo democrático está mejor posicionado para enfrentar este desafío futuro. Eso debe hacerse con la colaboración del Frente Amplio y de las demás fuerzas progresistas, porque aquí nadie sobra”.
A su juicio, la izquierda debe actualizar su propuesta y entregar respuestas frente a materias en las que no ha logrado conectar plenamente con la ciudadanía, como la seguridad pública y el crecimiento económico.
“Se necesita una izquierda moderna, que no esté atada a los problemas del pasado y que vaya avanzando para enfrentar desafíos como la seguridad y el crecimiento. Esa debiera ser la conversación hacia adelante, enfocada en mejorar la situación del país”, expresó.
La tarea del Partido Socialista, agregó, será combinar la búsqueda de unidad opositora con la elaboración de un programa propio para los próximos cuatro años: “El Partido Socialista lima sus asperezas y ahora se enfoca en buscar la unidad de la oposición, es decir, llegar lo más unido posible, pero también con un proyecto propio. Nosotros entramos en una fase de discusión interna para definir el programa político del PS para los próximos cuatro años”.
Ese proceso también deberá preparar al partido para las próximas elecciones municipales, regionales, parlamentarias y presidenciales. “Queremos llegar con candidaturas razonables y legítimas a las próximas elecciones de gobernadores, alcaldes, parlamentarias y presidencial. El Partido Socialista tiene mucho que decir, porque es una fuerza que aspira a mantener la presencia que históricamente ha tenido, pero debe superar sus problemas internos y sus luchas intestinas”, reconoció.
“El Partido Socialista tiene permanencia y un papel que le entrega estabilidad y experiencia, pero al mismo tiempo capacidad de innovación. Si se hacen correctamente las cosas, con sentido unitario, puede tener un despegue como fuerza, porque se trata de liderar estos procesos”, aseguró el congresista.
Oposición recurrirá al Tribunal Constitucional
Castro confirmó además que la oposición presentará un requerimiento ante el Tribunal Constitucional una vez concluida la tramitación legislativa de la megarreforma, detallando que “Eso está resuelto. Va a ocurrir en los días que vienen y se va a comunicar. Es una decisión del conjunto de la oposición y los abogados ya están redactando el escrito”.
La presentación abordará los cuestionamientos relacionados con la invariabilidad tributaria, las normas destinadas a mantener determinados beneficios impositivos para las grandes empresas y algunas disposiciones medioambientales incluidas en el proyecto. Aunque el requerimiento representa una decisión compartida, Castro advirtió que la unidad opositora no puede limitarse a una votación parlamentaria o a una presentación ante el Tribunal Constitucional.
La tarea más compleja comenzará después de la megarreforma. Los partidos deberán convertir sus acuerdos puntuales en una conducción permanente, ordenar sus diferencias y levantar una propuesta que pueda ser reconocida como una alternativa frente al Gobierno.
Unidad de propósito, liderazgo y proyecto constituyen, en el diagnóstico del senador socialista, las condiciones mínimas para conseguirlo.



