Profesionales de 11 regiones fueron capacitados por la PUCV, con financiamiento del BID y coordinación de Subdere, para fortalecer la planificación plurianual, mejorar la calidad de los proyectos y elevar el impacto territorial de la inversión pública
La inversión pública regional no se destraba solo con más recursos. También requiere equipos técnicos capaces de planificar mejor, ordenar prioridades y defender proyectos con mirada de largo plazo ante autoridades, servicios públicos y organismos evaluadores.
Esa fue la señal que dejó el cierre del Diplomado en Programación Plurianual de la Inversión de los Gobiernos Regionales, programa desarrollado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y coordinado con la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo.
La iniciativa formó a 26 profesionales de 11 gobiernos regionales, en un momento donde las regiones enfrentan mayores exigencias para convertir diagnósticos territoriales en carteras de proyectos consistentes, financiables y sostenidas en el tiempo. El foco no estuvo solo en aprender metodologías, sino en fortalecer capacidades públicas para que la descentralización tenga mejores herramientas de gestión.
Once regiones frente al desafío de planificar mejor
El diplomado reunió a profesionales de los gobiernos regionales de Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta, Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío, quienes durante cuatro meses trabajaron en programación plurianual, planificación estratégica, formulación de proyectos y gestión de carteras públicas.
La formación combinó clases virtuales sincrónicas con misiones presenciales asociadas a proyectos concretos, entre ellos la nueva Teletón en la Región de O’Higgins, el eje Alameda-Providencia en Santiago y la restauración de la Iglesia San Francisco en Valparaíso. La idea fue conectar la formación técnica con casos reales de infraestructura social, planificación urbana, recuperación patrimonial y coordinación institucional.
El tema tiene una dimensión crítica para los territorios. Distintas regiones han instalado la necesidad de acelerar obras, mejorar la ejecución y coordinar mejor los recursos públicos, como ocurre con iniciativas de inversión pública regional orientadas a reducir brechas y avanzar en proyectos estratégicos.
Liderazgo técnico para mejores decisiones
La directora del proyecto y académica de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV, Lorena Herrera, sostuvo que uno de los principales resultados fue entregar mayor respaldo técnico a profesionales que deben incidir en decisiones públicas desde sus regiones. “Uno de los mayores logros del programa es que los alumnos se retiran empoderados, contando con un respaldo técnico y teórico objetivo que les permitirá dialogar con las autoridades desde una posición de mayor solidez, aumentando así las probabilidades de éxito de sus propuestas de inversión, mejorando la eficacia y eficiencia del gasto público en beneficio de la ciudadanía”.
Herrera también remarcó que el proceso permitió un intercambio entre academia y territorio, donde la universidad no solo entregó conocimientos, sino que también recogió aprendizajes desde las realidades regionales. “Esta relación es bidireccional, la Universidad transmite conocimientos técnicos, pero a la vez se enriquece al conocer la realidad de las distintas regiones, lo que permite detectar fortalezas y debilidades para mejorar la formación de los alumnos de pregrado”.
Ese punto es clave para la sección Liderazgos Regionales. La formación de capacidades públicas no es un asunto administrativo: incide directamente en la calidad de las decisiones que toman los equipos regionales, en la forma en que se priorizan obras y en la posibilidad de sostener proyectos más allá del ciclo presupuestario anual.
La voz de los territorios
Desde la Región de Coquimbo, Anita Aguilera, profesional del Departamento de Pre Inversión y Evaluación de la DIPLADE, valoró que el diplomado entregara herramientas aplicables a las exigencias actuales de los gobiernos regionales, especialmente frente a la necesidad de trabajar con planes plurianuales.
“Estos conocimientos son directamente aplicables a la contingencia actual, especialmente ante la exigencia de trabajar en planes plurianuales. El aprendizaje más significativo que nos llevamos es la capacidad de abordar la gestión con una mirada de largo plazo, trascendiendo la planificación tradicional de corto y mediano plazo”, indicó.
La experiencia también permitió contrastar realidades regionales distintas. No todas las zonas enfrentan las mismas urgencias ni los mismos niveles de avance institucional. Algunas deben priorizar infraestructura básica, otras conectividad, patrimonio, desarrollo urbano, servicios sociales, diversificación productiva o proyectos de mayor complejidad técnica.
En ese intercambio, los equipos regionales pudieron mirar más allá de su propia experiencia local y recoger aprendizajes de otros territorios. Esa dimensión resulta especialmente relevante para fortalecer una gestión pública descentralizada, donde el conocimiento no debe circular solo desde el nivel central hacia las regiones, sino también entre regiones que enfrentan problemas similares.
Descentralización con capacidades reales
Juan Carlos Treiman, encargado de planificación del Gobierno Regional de Atacama, destacó el rol de la universidad en la transferencia de competencias hacia funcionarios públicos regionales. “Es muy destacable el hecho de que una universidad como la PUCV, que se dedica a fortalecer capacidades y transferir competencias a los estudiantes, en este caso esté ocupada en transferir estas competencias a los gobiernos regionales en materia de instrumentos de planificación de la inversión en el corto, mediano y largo plazo, considerando los distintos instrumentos de planificación regional”.
La planificación plurianual permite ordenar prioridades, anticipar restricciones, vincular proyectos con instrumentos regionales y evitar que la inversión pública quede capturada por urgencias de corto plazo. Para los gobiernos regionales, esa capacidad puede marcar la diferencia entre una cartera dispersa y una hoja de ruta capaz de sostener desarrollo territorial.
En la misma línea, experiencias recientes sobre desarrollo territorial muestran que las regiones requieren no solo financiamiento, sino también coordinación, seguimiento y equipos preparados para empujar proyectos estratégicos.
Karin Orellana, analista del Departamento Central de Programas Dipir de la Región Metropolitana, resaltó precisamente el valor de conocer cómo operan otros gobiernos regionales. “El programa nos permitió conocer el funcionamiento de distintas regiones, obteniendo una visión amplia que trasciende lo local y obteniendo ideas destacadas de otras regiones que podemos aplicar en nuestro propio gobierno”.
El cierre del diplomado deja una conclusión de fondo: la descentralización requiere liderazgos técnicos capaces de transformar necesidades territoriales en proyectos bien formulados, priorizados y ejecutables. Sin esa base, los recursos pueden perder eficacia y las regiones quedan expuestas a carteras débiles, baja coordinación o decisiones fragmentadas.
Para la PUCV, el programa refuerza su vocación pública y su vínculo con los territorios en la antesala de su centenario. Para los gobiernos regionales, el desafío comienza ahora: aplicar lo aprendido en mejores carteras de inversión, con planificación de largo plazo y decisiones capaces de impactar la vida cotidiana de las comunidades.



