Las empresas chilenas enfrentan una nueva etapa de automatización, donde gobernanza, trazabilidad, permisos y rediseño de procesos serán claves para capturar valor sin elevar riesgos operacionales ni ciberseguridad
La adopción de IA agéntica está marcando una nueva etapa en la transformación digital de las empresas. A diferencia de los chatbots tradicionales, estos sistemas no solo responden preguntas o entregan recomendaciones: también pueden ejecutar acciones dentro de procesos críticos, conectarse a plataformas internas y tomar decisiones operativas con distintos niveles de autonomía.
Ese salto abre oportunidades relevantes para sectores intensivos en datos, atención al cliente y operaciones de alto volumen, pero también obliga a repensar los modelos de gobernanza, ciberseguridad, trazabilidad y control de permisos. La pregunta ya no es únicamente qué tan precisa puede ser una respuesta automatizada, sino qué consecuencias puede tener una acción ejecutada por un agente dentro de un sistema empresarial.
En conversación con Poderyliderazgo.cl, Fernando Moya, CEO de Ocular, analiza los principales riesgos operacionales de la IA agéntica, los sectores productivos con mayor potencial de adopción en Chile y las condiciones que deberían considerar las organizaciones antes de delegar decisiones críticas en sistemas autónomos.
¿Por qué la IA agéntica cambia la conversación de riesgo dentro de una empresa?
Cuando una empresa incorpora un chatbot tradicional, el peor escenario es una respuesta equivocada. Cuando incorpora un agente autónomo de IA, el peor escenario es que ejecute una acción que no debía: aprobar un cargo, modificar un registro, transferir información sensible.
La diferencia ya no es de calidad de respuesta, es de superficie de impacto. Eso cambia la conversación de riesgo.
¿Cuáles son los riesgos operacionales y de ciberseguridad más relevantes al incorporar agentes autónomos en procesos críticos?
El primer riesgo, y el más subestimado, es el de identidad y gobernanza. Saber quién es el agente que actúa dentro de un sistema crítico, con qué permisos, con qué intención y dejar trazabilidad auditable de cada decisión. Sin eso, la empresa pierde la capacidad de defenderse ante incidentes y ante reguladores.
El segundo es la escalación silenciosa de permisos. Los agentes se conectan a múltiples sistemas y cada conexión es una superficie de ataque. El principio de mínimo privilegio debería aplicarse con el mismo rigor que se aplica al equipo humano.
El tercero es la manipulación adversarial. Un agente puede recibir, dentro de una conversación legítima, instrucciones diseñadas para subvertir su lógica. Las defensas existen, pero requieren diseño explícito desde el inicio.
Y, un cuarto, menos discutido: la erosión del criterio organizacional. Cuando un agente toma miles de decisiones al mes, ese conocimiento ya no vive en personas. Las empresas que no piensen cómo capturan y revisan ese criterio, pierden capacidad de razonar sobre su propia operación.
Ninguno de estos riesgos es ineludible, pero requieren decisiones arquitectónicas desde el día uno, no como remediación posterior.
¿Todos los sectores que pueden adoptar IA agéntica están preparados para capturar una ventaja competitiva real?
Hay una distinción importante: los sectores que pueden adoptar IA agéntica no son necesariamente los que pueden obtener ventaja competitiva real con ella. Muchos pueden lo primero. Pocos están preparados para lo segundo.
En Chile veo cuatro sectores donde la combinación de volumen, presión competitiva y madurez digital está alineada para producir impacto medible en los próximos 18 meses.
¿Qué sectores productivos en Chile tienen hoy mejores condiciones para acelerar esta adopción?
El primero es retail y comercio electrónico. El volumen de interacciones y la presión sobre márgenes hacen que cada punto de eficiencia importe, y la infraestructura digital ya existe para que la implementación rinda rápido.
El segundo es servicios financieros, banca, fintech y seguros. El costo de atención humana es alto, la regulación es exigente pero clara, y los clientes ya están entrenados a esperar respuestas inmediatas. Las empresas tradicionales que se muevan ahora pueden competir en experiencia con neobancos sin tener su estructura de costos.
El tercero, y donde veo el potencial más infravalorado, es turismo y hospitalidad. Una industria intensiva en atención humana, multilingüe y 24/7, donde los agentes que ejecutan reservas y resuelven disputas en tiempo real cambian la unidad económica del negocio.
El cuarto es telecomunicaciones. Es el sector con el mayor volumen de contactos por cliente y el mayor costo unitario de atención humana en Chile. La adopción acá no es innovación, es urgencia operativa.
¿Qué tipo de empresas capturarán realmente la ventaja competitiva de la IA agéntica?
La ventaja competitiva con IA agéntica no la van a capturar las empresas más grandes ni las más tecnológicas. La van a capturar las que tengan claridad estratégica sobre dónde aplicarla primero y voluntad política para cambiar procesos, no solo agregar tecnología encima de procesos viejos.
La mirada de Fernando Moya instala una advertencia relevante para las empresas que avanzan hacia modelos de automatización más autónomos: la adopción de IA agéntica no puede entenderse solo como una decisión tecnológica. Requiere gobernanza, control de permisos, trazabilidad y una definición clara sobre qué decisiones pueden delegarse y cuáles deben mantenerse bajo supervisión humana.
Al mismo tiempo, su análisis muestra que las oportunidades no estarán necesariamente en las compañías con mayor tamaño o presupuesto, sino en aquellas capaces de identificar procesos críticos, rediseñar operaciones y aplicar estos sistemas con foco estratégico. En esa diferencia podría definirse buena parte de la competitividad empresarial en los próximos años.



