Las grandes inversiones que comienzan a transformar Pichilemu abren una nueva etapa para la comuna, marcada por necesidades de conectividad, planificación urbana, actividad económica permanente y protección de los atributos territoriales que sostienen su identidad y proyección
Pichilemu ha dejado de ser solamente el principal balneario de O’Higgins para convertirse en una comuna sometida a presiones cada vez mayores sobre sus servicios, calles, accesos, borde costero y planificación urbana. El aumento de población, la actividad turística y la expansión inmobiliaria están obligando a proyectar una ciudad distinta para los próximos años.
Ese proceso coincide con obras largamente esperadas, entre ellas el nuevo hospital y el proyecto de alcantarillado, mientras permanecen pendientes materias estructurales como la conectividad de la Ruta 90, nuevas vías urbanas y una planificación capaz de ordenar el crecimiento sin deteriorar los atributos naturales que sostienen buena parte de la economía local.
Roberto Córdova Carreño conoce ese proceso desde distintas etapas de la administración comunal. Ingresó al municipio en 1992, fue concejal entre 2000 y 2008, alcalde entre 2009 y 2021 y regresó al cargo para el período 2024–2028.
En conversación con Poderyliderazgo.cl, el jefe comunal aborda las inversiones que están modificando Pichilemu, las brechas que aún persisten y la necesidad de compatibilizar crecimiento, turismo e identidad territorial.
Una ciudad que entra en otra escala
Pichilemu vive un ciclo de inversiones importantes en salud, saneamiento e infraestructura urbana. ¿Qué puede cambiar realmente en la comuna con estas obras y cuál es la inversión estructural que todavía falta?
Sin duda, es la inversión más importante en la historia de la comuna por los montos involucrados. Con respecto a la construcción del nuevo hospital, debemos decir que, si bien no es lo que el grueso de la comunidad esperaba, particularmente en cuanto a contar con prestaciones de mediana complejidad, entendemos que será una tremenda base para entregar un mejor servicio en el futuro.
Obviamente, el alcantarillado marcará un punto de inflexión muy importante cuando analicemos las expectativas que se generan a partir de esta megainversión en mejoramiento sanitario. Creo que se están sentando las nuevas bases para el crecimiento de Pichilemu.
El municipio, en articulación con el resto de las instituciones públicas, debe colocar ahora su mirada en generar nuevas vías estructurales para lograr una mejor conexión al interior del sector urbano y, al mismo tiempo, mejorar el flujo vial dentro de la ciudad.
El alcantarillado es una de las obras más esperadas y también una de las más complejas por la intervención de calles y sectores comerciales. ¿Cuál será el punto más delicado de su ejecución y cómo se puede reducir su impacto sobre la vida cotidiana y la actividad turística?
Efectivamente, genera para nosotros una de las tareas más importantes de la gestión municipal y estamos conscientes de lo que implica. Uno de los aspectos que despierta mayor interés y preocupación es la relación que debemos mantener con la comunidad.
Por eso hemos sostenido reuniones con vecinos, dirigentes y funcionarios municipales, buscando que todos pongamos nuestra mayor voluntad y colaboración para que las obras puedan desarrollarse dentro de un marco de armonía y respeto.
Confiamos en que los equipos profesionales que se están contratando puedan realizar una fiscalización eficiente de la empresa ejecutora y, al mismo tiempo, mantener una muy buena relación con los vecinos. Tenemos claro que esto significará molestias temporales, pero también que son obras destinadas a entregar beneficios permanentes para Pichilemu.
Pichilemu está revisando su planificación urbana mientras continúa creciendo. ¿Qué tipo de ciudad debiera ordenar el nuevo Plan Regulador y qué errores de crecimiento no se deberían repetir?
Hay que perseguir la consolidación de una ciudad armónica. No debemos olvidar que nosotros somos mar, playas y campos, y tenemos que ser capaces de unir esos elementos no solamente desde el punto de vista conceptual, sino también en las vías estructurales, en el comercio y en las oportunidades que pueda generar la comuna.
En todo eso la planificación urbana es fundamental. Junto con ello, debemos resguardar a través del Plan Regulador Comunal todo lo que tiene relación con nuestro borde costero y entender que constituye un soporte fundamental para el crecimiento económico local.
Ruta 90, turismo y crecimiento
La conectividad sigue apareciendo entre los problemas estructurales de Pichilemu. ¿Qué debería resolverse prioritariamente en la Ruta 90 y en los accesos a la comuna para que la conectividad deje de limitar su desarrollo?
Creo que el Gobierno, ahora que ha levantado una agenda de empleo, tiene una doble oportunidad en la Ruta 90. Por una parte, podría hacerse cargo de una necesidad muy sentida por todos nosotros, que es el mejoramiento de esta vía.
No debemos olvidar que el actual diseño y las condiciones de la ruta lamentablemente han significado una gran cantidad de pérdidas de vidas humanas en el tramo que une el cruce de La Rosa con Pichilemu, la última de ellas durante esta semana.
Por otra parte, una intervención de esa magnitud significaría la creación de una importante cantidad de empleos. Además, ya existe un diseño desarrollado durante los últimos años que deja en evidencia la urgente necesidad de mejorar esta ruta, cuestión que le hicimos ver al actual ministro de Obras Públicas durante su reciente visita a nuestra comuna.
Pichilemu depende fuertemente del turismo y todavía enfrenta una marcada estacionalidad. ¿Cómo puede avanzar hacia una actividad económica más permanente durante todo el año?
Sí, todavía se puede apreciar claramente la estacionalidad desde el punto de vista turístico, aunque también es cierto que eso ha ido mejorando, quizás no a la velocidad que quisiéramos, pero está mejorando.
Hay que seguir potenciando el desarrollo de actividades costumbristas, ferias y emprendimientos, junto con fortalecer la capacitación de los emprendedores. También es importante mejorar aspectos normativos que no dependen de los municipios, pero que en algunas oportunidades obstaculizan la instalación de nuevos emprendimientos que podrían enriquecer la oferta de servicios a nivel local.
Si pudiera mirar Pichilemu diez años hacia adelante, ¿qué comuna le gustaría encontrar y qué tendría que haber cambiado para sentir que ese proyecto de ciudad se hizo realidad?
Una comuna que fue capaz de conservar su identidad. Creo que eso es fundamental para seguir siendo un punto turístico de interés.
También una comuna que se hizo cargo del cuidado y regulación del borde costero y de todo lo que ello significa, colocando atención en la protección de sus olas, que son un elemento fundamental para conservar el desarrollo de los deportes náuticos.
Tenemos que preocuparnos del cuidado de nuestras playas, lagunas y humedales, de la sal de Cáhuil, Barrancas y sus alrededores, además de generar normativas locales que permitan protegerlos y profundizar nuestra preocupación por los temas ambientales.
Todo eso, en su conjunto, forma parte de la riqueza turística que hoy podemos disfrutar.
Pichilemu a diez años: crecer sin perder lo propio
Las grandes obras que comienzan a modificar Pichilemu resolverán déficits históricos, pero también obligarán a la comuna a tomar decisiones sobre su crecimiento. El hospital, el saneamiento, la conectividad vial y la planificación urbana pueden ampliar las posibilidades de desarrollo, aunque su impacto dependerá de cómo se articulen entre sí y con una ciudad que recibe cada vez mayores presiones.
La mirada de Córdova proyecta así una segunda dimensión del crecimiento: que Pichilemu pueda aumentar su infraestructura y actividad económica sin perder el borde costero, sus humedales, las salinas, las olas y la identidad que lo convirtió en uno de los principales destinos turísticos de O’Higgins. La próxima década mostrará si ambas trayectorias pueden avanzar juntas.



