Por María José Urrutia, Directora CINCO Chile
Durante décadas Chile ha mirado el océano principalmente como paisaje, fuente de alimento o vía de transporte. Sin embargo, en pleno siglo XXI esta mirada resulta insuficiente. El mar representa una plataforma de desarrollo económico, innovación tecnológica y crecimiento productivo, que el país aún no aprovecha plenamente. Chile posee una de las zonas económicas exclusivas más extensas del planeta, lo que abre oportunidades estratégicas.
El océano es hoy un espacio donde convergen ciencia, tecnología e inversión. Desde tecnología oceánica hasta soluciones basadas en naturaleza y producción sostenible, el mar ofrece oportunidades concretas para diversificar la matriz productiva. Las economías que integren conocimiento científico e inversión estratégica liderarán los nuevos mercados, en un entorno global que exige innovación.
En ese contexto surge el Clúster para la Innovación Oceánica (CINCO): una plataforma que busca articular a empresas, centros de investigación y comunidades para impulsar proyectos piloto. CINCO busca probar tecnologías en condiciones reales y escalar soluciones productivas, generando evidencia para su desarrollo. La articulación entre ciencia, empresa y territorio es clave para la innovación oceánica, como base de crecimiento.
Pero este esfuerzo sólo tendrá impacto si el mundo empresarial decide involucrarse activamente. Chile cuenta con condiciones únicas: una industria marítima consolidada, capacidades científicas reconocidas y un ecosistema emprendedor en expansión. El desafío es transformar el potencial en nuevas industrias, mediante inversión y colaboración. El desarrollo de una economía oceánica depende de decisiones estratégicas del sector privado.
El desarrollo de soluciones oceánicas no es un ejercicio teórico. Requiere infraestructura, financiamiento, marcos regulatorios adecuados y empresas capaces de apostar por innovación de largo plazo. La investigación aplicada genera valor económico, conocimiento y empleos especializados, fortaleciendo los territorios costeros. La innovación oceánica impacta directamente en el desarrollo regional, ampliando oportunidades.
Por eso el llamado hoy es claro: el océano debe dejar de ser visto únicamente como un recurso y comenzar a entenderse como una plataforma estratégica de desarrollo. Chile tiene más de 5.000 kilómetros de costa como ventaja competitiva, lo que posiciona al mar como eje productivo. El futuro económico también se construye desde el océano, integrando territorio y desarrollo.
Chile tiene las condiciones para transformarse en un referente global en innovación oceánica. Lo que falta ahora es decisión. El país puede liderar en desarrollo oceánico a nivel global, aprovechando sus capacidades. El océano representa una de las mayores oportunidades productivas para las próximas décadas, con impacto económico y territorial.
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