Estudio de la Universidad Diego Portales describe relaciones cotidianas atravesadas por la desconfianza y el temor a opinar. También revela fuertes diferencias políticas y una demanda ciudadana por mayor respeto y educación cívica en el país
Callar una opinión para evitar una discusión, sentir desconfianza al entrar a una tienda o no saber si un comentario puede resultar ofensivo son experiencias que aparecen con fuerza en una nueva radiografía de la convivencia en Chile. La investigación de la Universidad Diego Portales (UDP) revela una sociedad donde las relaciones cotidianas están marcadas por la percepción de pérdida de respeto, el temor a ser malinterpretado y una creciente distancia entre quienes piensan distinto.
La tercera entrega de la Encuesta ICSOH-UDP, serie Clima Social 2026, muestra que 73% de los consultados declara haberse sentido discriminado al menos una vez durante el último año, aunque solo 10% señala que esto le ocurre con frecuencia o mucha frecuencia. Entre quienes reconocen estas experiencias, la condición socioeconómica aparece como el principal motivo, con 39%, seguida por la apariencia física (34%) y la edad (24%). El lugar de residencia también influye, con 21% de las menciones.
Las diferencias económicas hacen todavía más visible el problema. Entre las personas de menores ingresos, 65% afirma haber sido ignorado o no atendido cuando le correspondía, frente a 41% del grupo de mayores recursos. La percepción de trato desigual también aparece en las dificultades de integración que enfrenta la población migrante en Chile, aunque se trata de estudios con poblaciones y períodos de referencia diferentes.
El temor a opinar comienza a modificar las relaciones cotidianas
La discriminación no es la única señal de deterioro recogida por la investigación. Un 59% reconoce haber callado una opinión por temor a ser malinterpretado, mientras 63% admite que durante el último año tuvo dudas sobre si una broma podía resultar ofensiva. Otro 49% evitó decir algo por miedo a quedar expuesto públicamente o sufrir una funa.
La sensación de pérdida de respeto también aparece al comparar la convivencia actual con la de hace diez años. Un 69% cree que hoy existe menos respeto hacia la autoridad, 61% percibe menos consideración hacia quienes piensan distinto y 56% considera que aumentó la agresividad en el trato. Se trata de percepciones retrospectivas, pero permiten dimensionar el malestar que expresan los participantes.
Las respuestas muestran cómo las dificultades de convivencia atraviesan experiencias personales, relaciones sociales y expectativas sobre la vida en común. Los principales indicadores permiten observar distintas dimensiones de este fenómeno:
| Indicador de convivencia | Resultado |
|---|---|
| Se ha sentido discriminado en el último año | 73% |
| Percibe menos respeto hacia la autoridad | 69% |
| Percibe menos respeto hacia quienes piensan distinto | 61% |
| Considera que aumentó la agresividad en el trato | 56% |
| Ha callado opiniones por temor a ser malinterpretado | 59% |
| Ha dudado si un comentario podía resultar ofensivo | 63% |
| Considera irrespetuoso el trato entre políticos | 65% |
| Cree que Chile terminará igual o más desunido | 72% |
| Prioriza mayor respeto en la vida cotidiana | 38% |
| Prioriza fortalecer la educación cívica | 37% |
Fuente: Encuesta ICSOH-UDP, octubre de 2026.
Detrás de estos resultados aparece otra contradicción. Aunque 64% cree que las normas de convivencia ayudan a proteger a las personas frente al maltrato, un 47% considera que también pueden utilizarse para perjudicar a otros mediante acusaciones sin pruebas. La ciudadanía reconoce la necesidad de reglas, pero parte de los encuestados manifiesta dudas sobre cómo se aplican y si ofrecen protección de manera equitativa.
La política tampoco escapa al deterioro del respeto
La evaluación del comportamiento de los dirigentes políticos es especialmente desfavorable. Un 65% considera irrespetuoso o muy irrespetuoso el trato entre políticos de distintos sectores, mientras apenas 8% lo califica como respetuoso. A ello se suma la percepción de escasa disposición a alcanzar acuerdos: 54% cree que el Presidente está poco o nada dispuesto a ceder, cifra que aumenta a 58% entre parlamentarios oficialistas y 60% entre los de oposición.
El diagnóstico también alcanza a la conducción del Gobierno de José Antonio Kast. Un 54% de los consultados asocia su forma de gobernar con la generación de tensión, frente a 27% que la vincula con tranquilidad. Al proyectar el futuro, 40% cree que Chile terminará su mandato igual de desunido y otro 32% considera que estará aún más dividido. Estas percepciones presentan diferencias importantes según la identificación política de los participantes.
La demanda por una mejor convivencia contrasta con el respaldo a determinadas medidas de control. Un 81% aceptaría instalar cámaras con reconocimiento facial en espacios públicos y 66% apoyaría que militares patrullen las calles. Sin embargo, 61% rechaza prohibir las manifestaciones callejeras y 75% se opone a facilitar el porte y uso de armas. Las respuestas muestran que el apoyo a mayores controles convive con la defensa de determinadas libertades y con posiciones diferentes respecto del uso de la fuerza.
La ciudadanía busca respuestas en el respeto y la educación
Cuando la encuesta pregunta qué ayudaría a mejorar la convivencia, las prioridades se alejan de las medidas exclusivamente restrictivas. Un 38% propone fortalecer el respeto en la vida cotidiana y 37% considera fundamental mejorar la educación cívica en familias y colegios. La responsabilidad de enseñar a convivir se atribuye principalmente a la familia, mencionada por 97%, y a los establecimientos educacionales, con 75%.
El diagnóstico amplía las preocupaciones sobre el deterioro de la confianza democrática y la percepción de corrupción institucional, incorporando una dimensión que se manifiesta en hogares, escuelas, trabajos y espacios públicos.
La investigación de la UDP muestra que la convivencia no depende únicamente de nuevas reglas o mayores controles, sino también del trato que las personas reciben y del ejemplo que ofrecen quienes ejercen responsabilidades públicas. Una exigencia que alcanza tanto a los dirigentes políticos como a las propias relaciones cotidianas entre ciudadanos.



