Por: Rodrigo Espinoza. Gerente general de AUTER
Hablar de ciudades inteligentes o smart cities es hablar de entornos que han puesto la tecnología al servicio de las personas. Es pensar en espacios urbanos donde la eficiencia y la conectividad contribuyen a una mejor calidad de vida. Y en ese contexto, el tránsito y la movilidad son aspectos clave, porque definen la manera en que nos desplazamos y cómo habitamos.
Las ciudades a nivel global han cambiado, lo mismo hemos observado en nuestro país. Desde la instalación de la primera red de semáforos coordinados en Santiago en los años 70 hasta hoy, con sistemas de control adaptativo en tiempo real que utilizan sensores, cámaras y algoritmos, hemos sido testigos de una evolución constante.
Pero la pregunta sigue siendo si estamos preparados para los desafíos de la ciudad del futuro. En la actualidad, la congestión, el crecimiento del parque automotriz y la urgencia por reducir emisiones nos exigen seguir innovando.
No se trata solo de tecnología, sino también de buenas políticas públicas y una institucionalidad sólida que permita una mirada integral de la ciudad. Aquí radica la importancia de los Gobiernos Regionales y su rol de unificar criterios y construir una visión común.
Un dato relevante es que cerca del 33% de los semáforos del Gran Santiago están desconectados del sistema por problemas de enlaces, lo que ha enfrentado barreras para acceder a financiamiento estatal pese a ser transversal a todas las comunas.
Ser una ciudad inteligente no significa únicamente incorporar sensores o inteligencia artificial. Implica usar estas herramientas para mejorar la vida de quienes la habitan, priorizando la seguridad de peatones, ciclistas y personas con discapacidad y tomando decisiones sostenibles y equitativas desde la Unidad Operativa de Control de Tránsito.
En el ranking mundial de ciudades inteligentes 2025 del IMD, Zúrich, Oslo, Ginebra, Dubái y Abu Dabi lideraron por combinar innovación tecnológica con planificación urbana centrada en el bienestar ciudadano. En ese índice, Chile ocupa el puesto 120 de 146, lo que plantea un gran reto.
Las tecnologías que se implementen en nuestras ciudades deben adaptarse y evolucionar frente a los desafíos actuales. Para lograrlo, necesitamos alianzas público-privadas que permitan abordarlos de manera conjunta, mejorando la calidad de vida y construyendo una mejor ciudad.
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