El alza sostenida en eventos extremos y la ampliación de la brecha de protección tensionan la solvencia del sistema, impulsando innovación técnica, sostenibilidad y mayor coordinación público-privada como ejes de adaptación estructural
El impacto financiero del cambio climático ya no es una hipótesis de largo plazo. En 2025, las pérdidas aseguradas por desastres naturales superaron los US$127 mil millones a nivel global, consolidando una tendencia que obliga a revisar los fundamentos técnicos del negocio asegurador.
Las pérdidas económicas totales alcanzaron cerca de US$260 mil millones, ampliando la brecha de protección que en varios mercados supera el 60% del daño no asegurado. Esta diferencia traslada una parte significativa del impacto a familias, empresas y al propio Estado, con efectos directos sobre estabilidad fiscal y recuperación económica.
En Chile, el escenario también evoluciona. La mayor frecuencia de incendios forestales, inundaciones y eventos hidrometeorológicos extremos introduce nuevos desafíos en la modelación del riesgo. “Hoy enfrentamos riesgos que ya no son excepcionales, sino recurrentes”, afirma Víctor Ugarte, director general de Reale Seguros en Chile, subrayando que el sector debe anticiparse a escenarios más complejos y exigentes.
Brecha de protección y presión sobre la solvencia
El crecimiento promedio anual de las pérdidas aseguradas por catástrofes se ubica entre 5% y 7% en la última década, según reportes del Swiss Re Institute. Esta tendencia impacta directamente la estructura de primas, reservas técnicas y exigencias de capital.
“Incorporar la sostenibilidad en la gestión del negocio ya no es una opción”, sostiene Ugarte, destacando que la integración de criterios ambientales, sociales y de gobernanza fortalece la resiliencia financiera del sistema. A su juicio, la sostenibilidad dejó de ser reputacional para convertirse en una variable estratégica de solvencia.
El desafío es también regulatorio. Los estándares internacionales avanzan hacia mayor reporte de riesgo climático y evaluación prospectiva de pérdidas, obligando a las aseguradoras a incorporar métricas más sofisticadas en su gestión.
Innovación técnica y control de exposición: el nuevo estándar
Para enfrentar este nuevo mapa de riesgo, la industria ha intensificado la adopción de modelación climática avanzada, análisis predictivo y herramientas de big data. Estas tecnologías permiten simular escenarios extremos y ajustar coberturas con mayor precisión técnica.
Ugarte explica que el mercado ha fortalecido el control de cúmulos en zonas de alta exposición como bordes costeros y riberas de ríos, además de aplicar deducibles catastróficos similares a los utilizados en riesgos sísmicos en Chile. Estas medidas buscan equilibrar protección y estabilidad financiera.
“La prevención por sí sola no basta”, advierte el ejecutivo, enfatizando que la cooperación público-privada será clave para reducir la exposición sistémica al riesgo climático. Infraestructura resiliente, planificación territorial y marcos regulatorios coherentes forman parte de esa ecuación.
📊 Impacto global de catástrofes y pérdidas aseguradas
| Indicador | Cifra estimada 2025 | Fuente sectorial |
|---|---|---|
| Pérdidas aseguradas globales | US$127 mil millones | Aon |
| Pérdidas económicas totales | US$260 mil millones | Aon / Swiss Re |
| Crecimiento promedio anual pérdidas aseguradas | 5% – 7% | Swiss Re Institute |
| Proyección año extremo | Hasta US$300 mil millones | Swiss Re |
| Brecha de protección global | ~60% no asegurado | Zurich / Swiss Re |
Una agenda estratégica para la resiliencia financiera
El debate central ya no es si el riesgo climático aumentará, sino cómo se financiarán sus consecuencias. La industria aseguradora cumple un rol esencial en la amortiguación de impactos económicos y en la recuperación productiva tras desastres naturales.
“Como sector, tenemos la responsabilidad de ser actores activos en la transición hacia una economía más resiliente”, afirma Ugarte, señalando que la gestión del riesgo climático debe abordarse con visión de largo plazo. Para el ejecutivo, la adaptación es condición para garantizar continuidad y protección en el sistema económico.
En esa redefinición se juega no solo la estabilidad del mercado asegurador, sino también la capacidad del país para enfrentar un entorno climático cada vez más incierto.



