Por Mario Yáñez, gerente general de GPS Chile
El sostenido aumento en el precio de los combustibles, en un escenario marcado por la prolongación del conflicto en Medio Oriente y la presión inflacionaria, sigue golpeando con fuerza el transporte, uno de los pilares de la cadena de suministro del país. El efecto ya no es una proyección, se ha traspasado de lleno a los costos operacionales y tensiona toda la cadena productiva.
Las cifras del INE de los últimos días no dejan espacio a la duda. El Índice de Costos del Transporte (ICT) de abril registró una variación mensual de 11,3%, acumulando 13,5% en lo que va del año, su mayor salto en años. El impulso casi total vino del grupo combustibles, que subió 45,7% en el mes.
En la misma línea, el IPC de abril marcó 1,3%, el alza mensual más alta desde julio de 2022, y la división transporte explicó por sí sola la mayor parte de esa variación. Para un sector donde el combustible representa cerca del 84% de los costos variables, una alza de esta magnitud, en tan poco tiempo, es imposible de absorber sin tensionar toda la operación.
El impacto ya se ve en la calle. Un análisis reciente de City Lab Biobío, basado en datos de Waze en las 16 capitales regionales, detectó una caída promedio de 5% en la congestión vehicular tras el alza, con regiones como Copiapó (-10,4%), Valdivia (-9,5%) y Temuco (-9,3%) liderando el ajuste.
Cuando el costo de operar se vuelve prohibitivo, las empresas ajustan sus patrones, reorganizan flotas y replantean rutas. La presión sobre la continuidad logística, la distribución de productos y, en definitiva, el funcionamiento de la economía es real.
La pregunta ya no es si va a impactar, sino cómo se administra. Y existen tecnologías disponibles para hacerlo.
En GPS Chile integramos soluciones IoT para la gestión de flotas y entregamos a nuestros clientes información de valor para tomar las mejores decisiones en eficiencia y seguridad. Aplicado al combustible, esto se traduce en cosas concretas. La telemetría identifica aceleraciones bruscas, frenadas innecesarias y tiempos de ralentí prolongado, hábitos que se traducen en litros perdidos y que se corrigen con capacitación dirigida por conductor.
El análisis de los recorridos permite eliminar kilómetros innecesarios, evitar zonas de congestión y planificar mejor las cargas. La anticipación de fallas a partir de los datos del vehículo evita que una unidad en mal estado consuma más y se detenga más. Y para las pérdidas directas, los sensores de estanque y el cruce de datos de carga versus consumo permiten detectar desvíos a tiempo.
El alza de los combustibles no la podemos controlar. Lo que sí está en manos de cada operación es decidir cuánto de ese costo termina absorbiendo y cuánto se puede evitar con la información que ya tiene a disposición.
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