Tocopilla concentró los daños más severos, con aluviones, evacuaciones y cortes de rutas. La emergencia alcanzó también a Antofagasta e Iquique, mientras el Gobierno decretó estado de catástrofe y Senapred mantuvo activas las alertas durante la noche
El agua comenzó a bajar por las quebradas y en pocas horas cambió completamente la jornada en el Norte Grande. Tocopilla recibió el impacto más violento, con corrientes de barro que atravesaron sectores poblados, arrastraron vehículos y obligaron a evacuar sucesivamente distintos puntos de la ciudad. Más al norte y al sur, Antofagasta e Iquique enfrentaron activaciones de quebradas, anegamientos, cortes de rutas y nuevas órdenes de evacuación.
La magnitud de las afectaciones llevó al Presidente José Antonio Kast a decretar Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe para la provincia de Tocopilla, con el objetivo de movilizar recursos y reforzar la respuesta estatal. El Mandatario anunció además que viajará este miércoles a la zona para evaluar los daños. La decisión se produjo mientras Senapred advertía que el episodio todavía no podía darse por terminado.
El último balance disponible de Senapred registraba 64 damnificados, 521 personas albergadas y tres lesionadas, junto con 30 viviendas con daño mayor, 23 con daño menor y otras 63 todavía bajo evaluación. A esa hora, más de 10 mil clientes permanecían sin suministro eléctrico entre Tarapacá y Antofagasta.
Tocopilla entre el barro y el aislamiento
En Tocopilla, más de 2.000 personas fueron evacuadas preventivamente desde sectores como Pacífico Norte, Tres Marías, población Colón y Huella Tres Puntas. La emergencia obligó también a trasladar 540 personas privadas de libertad desde el Centro de Detención Preventiva hacia Antofagasta, mientras las interrupciones en las rutas dificultaron durante varias horas la llegada terrestre de ayuda y equipos de emergencia.
La alcaldesa Ljubica Kurtovic habló de una “verdadera tragedia” al describir lo ocurrido en la comuna. Durante la tarde confirmó caminos anegados, deslizamientos y personas que habían quedado aisladas, además de la activación de varias quebradas. La autoridad valoró posteriormente el estado de catástrofe, pero también volvió a poner el foco sobre las obras de mitigación pendientes en una ciudad atravesada por vías naturales de escurrimiento.
Durante las primeras horas también surgieron versiones sobre tres personas desaparecidas. El antecedente fue posteriormente aclarado por Carabineros: se trataba de personas con quienes sus familiares habían perdido comunicación y que finalmente fueron ubicadas. Hasta el balance nocturno no existían denuncias formalizadas por presunta desgracia vinculadas al aluvión.
Horas antes de la decisión presidencial, el gobernador de Antofagasta, Ricardo Díaz, había solicitado extender el Estado de Catástrofe a toda la región o, subsidiariamente, a las provincias de Antofagasta y Tocopilla. El jefe regional sostuvo que la medida permitiría acelerar el uso de recursos, contratar maquinaria y apoyar a municipios cuyas capacidades estaban siendo presionadas por la emergencia. “Con esta declaratoria se pueden evitar ciertos trámites administrativos”, señaló.
El problema más inmediato era recuperar la conectividad. La Ruta 1 presentó interrupciones por deslizamientos y desprendimientos, mientras otros caminos debieron cerrar preventivamente. Carabineros informó durante la tarde que el tramo costero entre Antofagasta y Tocopilla permanecía interrumpido en distintos puntos, aunque vehículos de emergencia lograron posteriormente ingresar a la ciudad desde María Elena por la Ruta 24.
Antofagasta vuelve a mirar sus quebradas
En la capital regional, la preocupación se desplazó hacia las 18 quebradas que atraviesan Antofagasta, de las cuales 11 cuentan con obras aluvionales. Senapred ordenó durante la jornada evacuar el sector de Coloso y las autoridades mantuvieron vigilancia sobre asentamientos ubicados en áreas expuestas. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, cifró en 56 los campamentos que generan especial preocupación, principalmente por su cercanía con quebradas.
El alcalde Sacha Razmilic fue más allá de la contingencia inmediata y reconoció una fragilidad urbana que vuelve a aparecer cada vez que las precipitaciones aumentan. “La ciudad no está preparada”, afirmó al explicar que Antofagasta carece prácticamente de sumideros para evacuar aguas lluvias y mantiene sectores expuestos donde todavía no existen obras aluvionales.
La advertencia conecta con una discusión que ya venía instalándose a nivel nacional: cómo preparar ciudades y servicios esenciales para fenómenos capaces de interrumpir agua, electricidad, transporte y comunicaciones.
Iquique enfrenta evacuaciones y daños viales
La emergencia avanzó también hacia Tarapacá. Senapred declaró Alerta Roja para la provincia de Iquique y la comuna de Huara, mientras el sistema SAE ordenó evacuar sectores como Zofri Barrio Industrial y Marinero Desconocido por peligro de aluvión. Bomberos debió movilizarse además hacia puntos donde personas habían quedado atrapadas producto de las precipitaciones.
La conectividad entre Iquique y Alto Hospicio sufrió igualmente daños. Socavones y acumulaciones de agua obligaron a bloquear tramos y desplegar maquinaria para recuperar al menos una de las vías afectadas. Desde el Gobierno Regional, José Miguel Carvajal describió lo ocurrido como “momentos bastante delicados y preocupantes”, mientras los equipos regionales y municipales reforzaban la atención de los puntos críticos.
En Iquique, el municipio desplegó equipos sociales hacia el borde costero rural y priorizó una veintena de puntos críticos para atender viviendas afectadas y problemas derivados de las precipitaciones. La emergencia obligó a trabajar simultáneamente sobre evacuaciones, conectividad y apoyo directo a familias en una ciudad donde los sistemas urbanos tampoco fueron concebidos para lluvias frecuentes.
Mientras la intensidad de las precipitaciones comenzaba a disminuir durante la noche, la directora nacional de Senapred, Alicia Cebrián, advirtió que el evento seguía activo y que nuevas quebradas podían reaccionar por la saturación de los suelos. El despliegue continuó con mensajes SAE en Tocopilla, Taltal, Antofagasta e Iquique y con la suspensión de clases dispuesta para este miércoles en las regiones de Tarapacá y Antofagasta.
Cuando retrocedan el agua y el barro comenzará otra etapa: recuperar rutas, viviendas y servicios, pero también revisar cuánto falta por invertir en drenaje, obras aluvionales y planificación territorial. Los aluviones de Tocopilla y las evacuaciones en Antofagasta e Iquique dejaron una emergencia todavía abierta, pero también una pregunta que permanecerá después de que deje de llover: cuánto están preparadas las ciudades del Norte Grande para enfrentar fenómenos que vuelven a poner a prueba su infraestructura y su forma de crecer.



