El fenómeno refleja un mercado laboral con brechas estructurales donde el crecimiento del empleo convive con menor acceso a seguridad social, desafíos en eficiencia operativa y presión sobre la sostenibilidad empresarial en sectores clave de la economía nacional
El mercado laboral chileno muestra una paradoja que comienza a impactar directamente en la estrategia de las empresas. Mientras la tasa de desocupación se mantiene en torno al 8%, cerca del 27% de los ocupados trabaja en condiciones de informalidad, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
El dato no solo refleja una realidad social, sino un desafío productivo. Una parte relevante del empleo se genera fuera de marcos formales, lo que limita el acceso a seguridad social y reduce la capacidad de las organizaciones para consolidar equipos estables y capacitados.
Productividad en riesgo: el impacto que preocupa al mundo empresarial
La informalidad no es neutra para el desempeño económico. Afecta la eficiencia, reduce la inversión en capital humano y limita el crecimiento de las empresas, especialmente en sectores intensivos en mano de obra como comercio, servicios y construcción.
En este escenario, el CEO de Grafton Latam, Javier Galaz, advierte que “cuando casi el 27% del empleo es informal, el problema ya no es cuántos trabajos se crean, sino qué tipo de trabajos estamos generando. Chile está creciendo en empleo, pero no necesariamente en empleo de calidad”, poniendo el foco en la estructura del mercado laboral.
El análisis instala una señal clara: la informalidad deja de ser un problema periférico para transformarse en un factor que condiciona la competitividad.
Crecimiento sin formalización: una brecha persistente
Parte importante de los empleos creados en el último período corresponde a trabajo por cuenta propia o esquemas sin acceso a beneficios, lo que explica por qué la informalidad se mantiene en niveles elevados.
Este fenómeno genera un círculo complejo. Menor formalidad implica menor productividad, lo que a su vez reduce la capacidad de las empresas para invertir y crecer de manera sostenida.
En palabras de Galaz, “la informalidad no es solo un problema laboral, es un freno a la productividad. A mayor informalidad, menor eficiencia, menos capacitación y menos inversión”, vinculando directamente este fenómeno con el desempeño económico.
Claves empresariales para avanzar hacia la formalidad
El desafío para las empresas no se limita al cumplimiento normativo. El foco comienza a desplazarse hacia cómo transitar hacia esquemas formales sin perder flexibilidad ni viabilidad económica.
Una de las claves es separar la operación del negocio de la gestión laboral, permitiendo a las organizaciones optimizar procesos sin sobrecargar su estructura. A esto se suma la necesidad de ordenar la operación antes de formalizar, evitando que los costos se transformen en una barrera.
También emerge una nueva comprensión de la flexibilidad laboral. Hoy existen esquemas formales que permiten adaptarse a la demanda sin caer en la informalidad, lo que resulta clave para sostener el crecimiento.
Formalización como estrategia de negocio
Más allá de la regulación, la formalización comienza a ser vista como una decisión estratégica dentro de las empresas.
Galaz plantea que “la formalización no es solo cumplimiento legal, es una decisión estratégica. Las empresas que avanzan en esta línea acceden a mejor talento, aumentan su productividad y construyen negocios más sostenibles”, posicionando el tema en el centro de la gestión empresarial.
El 27% de informalidad laboral deja de ser solo un indicador social para transformarse en una alerta empresarial. La calidad del empleo pasa a ser un factor clave para la productividad, en un escenario donde competir exige más que generar puestos de trabajo.



