Por Carolina Pérez Echeverría, CEO Foresight Consulting y Directora de empresas
En los últimos años, he visto cómo muchas empresas hablan de transformación digital, Inteligencia Artificial o nuevas tecnologías como si fueran algo que ocurre “afuera”, pero la verdad es que ninguna transformación importa si no cambiamos algo mucho más fundamental, es decir, las habilidades de las personas que mueven la organización. Es ahí donde entran dos conceptos claves que muchas veces se sienten lejanos o sofisticados, pero que en realidad son simples: upskilling y reskilling.
Upskilling es profundizar nuestros conocimientos en nuestro rol actual. Reskilling es aprender algo distinto para poder movernos hacia un nuevo rol. Dicho así, parece fácil pero tener esta visión de rediseñar los roles de una organización en estos tiempos de cambios rápidos no se ve frecuentemente. Y justamente por eso es tan poderoso, porque en un entorno donde la tecnología avanza velozmente, lo único que asegura la competitividad es la capacidad de aprender constantemente.
Cuando las empresas entienden esto, dejan de ver la formación como un “beneficio” y la convierten en lo que realmente es: una inversión estratégica. Porque el talento no se gestiona desde la escasez, sino desde la construcción: cómo desarrollamos esas habilidades en quienes ya están con nosotros.
He observado un patrón claro en los directorios y equipos ejecutivos que lideran bien estos procesos y he visto que ellos cambian la pregunta. En vez de “¿qué puesto necesitamos?”, se preguntan “¿qué capacidad necesitamos para el futuro?”. Y desde ahí diseñan programas que permitan a las personas crecer, moverse y reinventarse.
El upskilling y el reskilling son, en esencia, un acto de confianza. Confiar en que el talento puede seguir aprendiendo, en que una persona que hoy domina un proceso operativo puede, con apoyo, convertirse en analista digital, y en que un líder que viene de un mundo más tradicional puede aprender a gestionar equipos híbridos apoyados en IA.
La evidencia muestra que cuando las organizaciones invierten en aprendizaje continuo, no sólo mejoran los resultados, sino que también fortalecen la confianza, la cultura, retienen talento y crean lugares de trabajo donde las personas sienten que tienen futuro.
Pero para que esto funcione, hay que hacerlo estratégicamente. No se trata de llenar a los equipos de cursos, sino de conectar el aprendizaje con la estrategia y pensar: ¿Hacia dónde va el negocio? ¿Qué habilidades serán críticas en tres años? ¿Qué procesos cambiarán cuando adoptemos IA o automatización? Y desde esas respuestas aparece un plan formativo con sentido, impacto y propósito.
Las empresas que no invierten en sus personas terminan pagando un costo más alto producto de la rotación, pérdida de conocimiento, baja adaptabilidad y, finalmente, menor competitividad. En cambio, las que adoptan el aprendizaje continuo como un pilar del negocio logran tener talento preparado para lo que viene y no sólo para lo que ya fue.
Siempre digo que no hay transformación organizacional sin confianza, que no parte por la tecnología; parte por las personas y por la decisión de acompañarlas en ese camino. Así, el upskilling y el reskilling no son modas, son la forma más clara de demostrar que entendemos el futuro y que queremos que nuestra gente sea parte de él.
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