Por María Carolina Vargas Viancos. Abogada, Directora Estudio Jurídico Vargas Alvear
En el contexto del Mes del Trabajo, resulta indispensable reflexionar sobre uno de los desafíos más relevantes para el mundo laboral chileno: avanzar hacia un sistema moderno, coherente y efectivo de seguridad y salud en el trabajo.
La entrada en vigencia del Decreto Supremo 44 representa, sin duda, uno de los avances más importantes en gestión de riesgos de las últimas décadas. Su principal mérito es ordenar y unificar la gestión preventiva al interior de las empresas, dejando atrás una lógica fragmentada y excesivamente documental.
La incorporación obligatoria de metodologías estandarizadas para identificar peligros y evaluar riesgos, junto con un enfoque preventivo que incorpora variables como género, emergencias y catástrofes, constituye un paso significativo para fortalecer la protección de los trabajadores.
Sin embargo, el desafío de fondo sigue pendiente. Hoy convivimos con un entramado normativo disperso, donde protocolos, guías técnicas, dictámenes y reglamentos emanados de distintos organismos muchas veces se superponen, se contradicen o generan vacíos regulatorios.
Esta falta de coordinación no solo dificulta el cumplimiento por parte de las empresas, sino que también debilita la capacidad fiscalizadora del Estado y afecta directamente la prevención efectiva de accidentes y enfermedades laborales.
Chile necesita avanzar hacia una verdadera Ley Marco de Seguridad y Salud en el Trabajo que entregue coherencia al sistema, establezca procesos regulatorios integrados, garantice participación técnica y transparencia, y permita contar con un repositorio normativo actualizado y accesible para empleadores, trabajadores y expertos.
Asimismo, resulta urgente clarificar competencias fiscalizadoras y fortalecer institucionalmente a los organismos encargados de supervisar el cumplimiento normativo, evitando descoordinaciones que históricamente han tenido consecuencias graves.
La seguridad laboral no puede seguir dependiendo de respuestas fragmentadas o reacciones frente a crisis. Proteger la vida y salud de quienes trabajan exige un sistema moderno, coordinado y predecible, acorde a los desafíos del trabajo del siglo XXI.
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