[Opinión] Oportunidades y desafíos de la Inteligencia Artificial para la Administración Pública en Chile

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Por: Maximiliano Andrade R. Estudiante de Administración Pública. Universidad de O’Higgins


La inteligencia artificial, como una tecnología de vanguardia, promete generar un avance sin precedentes en variadas esferas del desarrollo humano, incluida la gestión y la administración del Estado. Al ser un fenómeno relativamente reciente este comprende desafíos y oportunidades, por lo que se vuelve necesario comprender todas las implicancias que puede tener este para los ciudadanos.

Por lo mismo, en las próximas líneas abordamos la implementación de la inteligencia artificial en la administración pública, al alero de una gran pregunta: ¿Cuáles son las oportunidades y los desafíos que plantea la Inteligencia Artificial para el ejercicio de la Administración Pública en Chile?

La trascendencia y relevancia de este asunto se basa en la existencia reciente de estas tecnologías como elementos funcionales y útiles para el ser humano. No podemos hacer caso omiso a las externalidades negativas que puedan surgir de aplicar esta nueva tecnología dentro del sistema de la gestión pública. Al ser la administración pública tan importante para la ciudadanía, es imperativo ahondar en la aplicación de esta nueva tecnología, que el día de hoy, parece inminente.

Para comenzar, se debe dar cuenta de qué se entiende por inteligencia artificial (IA), considerando que este corresponde a un concepto en debate y permanente construcción (Comisión Desafíos del Futuro, Ciencia, Tecnología e Innovación, 2019). A pesar de las variadas definiciones existentes, la entenderemos como “una rama de las ciencias computacionales que se dedica a investigar y desarrollar sistemas autónomos e inteligentes, que pueden razonar y resolver tareas de la misma manera que un ser humano” (Gómez, 2020, p. 5).  Es decir, nos encontramos con una forma de desarrollo científico que se dedica a brindar capacidades humanas a máquinas, las cuales pueden, por defecto, trascender las limitaciones humanas y llegar a puertos que el ser humano tardaría más en descubrir o simplemente no podría concebir debido a sus limitaciones.

Dentro de la gestión pública se llevan a cabo tareas de diversa complejidad, en estas se utiliza una gran cantidad de funcionarios, recursos y datos, muchos de estos históricamente disponibles, sin contar las reglas que deben seguirse e interpretarse, además considerando la constante innovación que existe en la gestión pública, este campo se ha vuelto efectivo para aplicación de la inteligencia artificial. Esto debido a que “las administraciones públicas tienen una increíble capacidad de digestión sin inmutarse ante los cambios de paradigma, sean estos tecnológicos, económicos o políticos” (Ramió, 2019, p.6). Esto se ha demostrado a lo largo de la teoría general de la administración en donde se ve el avance que han tenido en conjunto la administración y la tecnología.

La Inteligencia artificial ya está desempeñando funciones que antes estaban en manos de funcionarios. La extensión de la IA en la AP con maquinarias que desempeñan labores para reducir los tiempos, retrasos y reducir los costos, hasta maximizar el desempeño de un funcionario público en una parte de su labor o en su labor enteramente, ejemplo de ello es la implementación de “totems de autoatención” utilizados dentro del Registro Civil e Identificación.

La tecnología basada en la inteligencia artificial puede transformar de manera considerable la forma en que los empleados del sector público realizan su trabajo. La suma entre administración y tecnología ha demostrado tener una mayor efectividad en la gestión pública, autores como Olavarría (2010) han dado cuenta que la incorporación de tecnologías y el uso de estas se han transformado en un factor clave de la gestión de los servicios públicos.

Teniendo en cuenta los beneficios que puede generar la IA en la AP, se pueden identificar tres áreas donde la inteligencia artificial puede aportar de manera sustancial al desarrollo de la administración pública, y al desempeño del administrador público, en función de generar una mayor satisfacción ciudadana:

  1. Natural Language Processing: La IA puede resumir en cuestión de minutos miles de páginas de documentos que deben considerarse para tomar una decisión en particular. Esta tarea, que le llevaría días a un ser humano, una máquina podría realizarla en horas, lo que elevaría la productividad y eficacia de la gestión pública. (Aznar, del Hoyo, Montañés y Peña 2018). Ejemplo de ello es el posible uso de este lenguaje dentro de la gestión de la salud pública, la cual ayuda en la toma de decisiones de la gerencia y del personal médico en cuestión de salud. Este tipo de tecnología toman aún más relevancia en tiempos de crisis como lo es la actual pandemia (Baclic, Doan, Swerdfeger, Schonfeld, Tunis & Young, 2020)
  2. Legal Assistants: Ayudar a los equipos pertinentes a revisar y considerar toda la jurisprudencia relevante para nuevos casos y proyectos. Revisar los cuerpos legislativos puede ser tedioso y complicado en ciertas situaciones que el administrador público debe afrontar, la IA puede servir como un asesor legal a las decisiones modeladas por los administradores, reduciendo costos de tiempos y maximizando la productividad. En Chile, autores como Gómez (2020) han analizado la situación actual y el provecho de la inteligencia artificial en la jurisprudencia chilena. Ejemplo de ello sería la implementación de la Ley 20.886 de tramitación electrónica, en donde se ha visto una cooperación efectiva en la implementación de nuevas normativas entre la IA y el Estado.
  3. ChatBots: Los bots son puertos de respuesta, en callcenter o presenciales, dedicados a resolver las necesidades y dudas ciudadanas. Dotados con IA, la capacidad de aprender sumada a la alta productividad de una máquina, derivarían en una mayor eficacia en la respuesta de dudas ciudadanas dentro de la gestión pública, y por lo tanto generar valor público. Lo anterior, puede ejemplificarse con dos casos específicos: el primero de estos es la implementación de Chatbots en la municipalidad de Surco, Perú, lo que generó un aumento en el tipo de consultas disponible a través de este medio (Estela y Huerta, 2018), agilizando la gestión municipal; un caso más cercano corresponde al chatbot presente en la página web de la Universidad de O’Higgins, el cual resuelve dudas del estudiantado sin la necesidad de mediar directamente con funcionarios públicos.

Si bien, el futuro parece prometedor el desarrollo de la inteligencia artificial, al ser esta una tecnología en pleno desarrollo, no podemos estar seguros de sus posibles consecuencias nocivas. Entre los desafíos y riesgos de la implementación de la IA en la AP encontramos:

  • Toma de decisiones éticas: Los robots programados con complejidad cognitiva pueden tomar decisiones complejas, pero no necesariamente captan los aspectos sustantivos del proceso de toma de decisiones éticas humanas. Existen quienes preguntan ¿se puede generar una conducta moral sin entender los aspectos sociales que conlleva? Programar a una máquina para seguir los roles y responsabilidades de un administrador público puede ser problemático ya que no existe la seguridad de que la máquina pueda convertirse en un agente de moral pleno, ergo, no podemos estar seguros de que actuará de manera ética y/o moral en función de satisfacer a los ciudadanos (Ramio,2019).
  • La privacidad ciudadana: Para implementar esta tecnología, debemos primero asegurarnos de que los ciudadanos estén de acuerdo en compartir su información personal con una computadora, en reemplazo de un sistema de funcionarios públicos. La inteligencia artificial, por inercia, aprende en función a una recopilación de información, por lo que las máquinas dotadas con estas habilidades cognitivas podrían recopilar información infinitamente, y de manera más eficiente. El grado de privacidad de la ciudadanía podría verse sustantivamente reducido, y el manejo de esa información quedará en la máquina, por lo que debe haber un consentimiento de la ciudadanía para la aplicación de esta modernización (Aragawal, 2018).
  • El desempleo del funcionario público: La IA es una tecnología diseñada para relevar labores de muchos trabajadores. En este sentido, las labores de muchos funcionarios públicos serán adoptadas por máquinas. Se requerirá además una especialización de los funcionarios para que puedan trabajar en conjunto con las nuevas tecnologías. Desde la base de estas afirmaciones es fácil prever un impacto negativo para los funcionarios públicos, ya que muchos de los empleos que ejercen pueden ser realizados de manera más eficiente por máquinas, y además de esto, la necesidad de especialización de los funcionarios públicos que si trabajan en conjunto con estas nuevas tecnologías, va a significar una búsqueda de trabajadores con competencias más específica.
  • Cobertura desigual de la IA: Como cualquier tecnología de punta, la inteligencia artificial es desarrollada por ciertos países más que por otros. Esta relación es directa con el poder adquisitivo de los países y son aquellos con más poder adquisitivo los que investigan y desarrollan de manera más avanzada la inteligencia artificial. Otro de los desafíos para la administración pública, a nivel internacional, es el de reflexionar sobre la desigualdad que surgirá al haber ciertos países que pueden implementar la inteligencia artificial en sus sistemas públicos, y otros países que, por barreras de poder adquisitivo, no podrán. La inteligencia artificial podría perfectamente elevar los niveles de desigualdad a lo largo del globo, incluso en su pretensión de facilitar las cosas para el ser humano, esto suena contraproducente. (Argawall, 2018).

Por lo mismo, las implicancias que tiene la implementación de la inteligencia artificial en la administración pública chilena puede entenderse con la metáfora del arma de doble filo. Por un lado puede superar la efectividad y eficacia de los trámites en el servicio público y disminuir además el gasto en mano de obra, como lo podemos ver reflejado en el Registro Civil e Identificación. De la misma manera, la implementación de la IA en la AP entiende muchos costos asociados, desde la falta de una ética clara en el funcionamiento de una máquina, hasta factores de desempleo.

Las políticas públicas pueden ser altamente beneficiadas por la implementación de las IA pero deben primero contemplar todos los escenarios en los que puedan generarse externalidades negativas para la Administración Pública y el sistema de gestión pública.

Sumado a lo anterior, se vuelve fundamental reflexionar sobre el futuro de la inteligencia artificial en un mundo cada vez más complejo, el cual está lleno de conflictos y desigualdades. Lo anterior, genera que la aplicación y los usos que se le den a una tecnología como la inteligencia artificial parecen no ser uniformes a futuro.

Por lo que resulta elemental comprender los beneficios y costos que este tipo de tecnologías presenta, considerando que está se encuentra cada vez más cercana. Si bien genera un sinfín de oportunidades, los desafíos que implica la implementación de este tipo de innovaciones dentro de la gestión pública son relevantes entendiendo el contexto actual del país: crisis social, económica y política. En este sentido, los desafíos que enfrenta la administración pública en Chile no pueden ser únicamente acarreadas por empresas privadas, siendo una obligación del Estado promover y crear este tipo de tecnologías para acercar y facilitar la gestión pública a los ciudadanos.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


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