[Opinión] Covid-19: Reflexiones sobre una prioridad para la vacunación

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Por: Dr. Fernando Soto P. Especialista Broncopulmonar


Se ha señalado por la autoridad sanitaria que la vacunación para Covid-19 se podría iniciar el primer trimestre del 2021. Dado el enorme esfuerzo logístico que esto implica, se ha planteado que como ha ocurrido en otras campañas de vacunación, deberán priorizarse los grupos de personas a vacunar.

Al respecto, el MINSAL ha definido ya los grupos prioritarios, comenzando en primer lugar por los funcionarios de la salud, agregando a los trabajadores del Trasporte, Fuerzas Armadas y de Orden, profesores, bomberos, etc., y luego los grupos definidos como de riesgo (hipertensos, diabéticos, obesos, adultos mayores y otros).

La pregunta que cabe formularse sobre esta definición de prioridades es si guarda relación con el objetivo a lograr con la vacunación. Se ha expresado que el objetivo es reducir los contagios, porque al reducir los contagios se reducen y eventualmente eliminan las consecuencias más serias, incluyendo fallecer por la enfermedad.

Si ese es el objetivo, comenzar la vacunación por el personal de salud debe ser analizado de acuerdo al riesgo de contagio en primer lugar, y en segundo lugar de acuerdo al riesgo de fallecer en caso de contagiar. Aquí vale la pena revisar los datos disponibles, que nos dicen que el personal de salud, que se expone diariamente a personas portadoras de diversas enfermedades, en relación al riesgo de contagio por Covid tiene un comportamiento diverso.

El mayor riesgo de contagio del personal de salud de acuerdo a los datos acumulados cae sobre el personal de Enfermería, luego en el grupo médico, y luego en las profesiones auxiliares. En el caso de los médicos es mucho mayor en aquellos que trabajan en Servicios de Urgencia y luego en Servicios de Hospitalización de Medicina Interna.

Sin embargo, la letalidad por Covid-19 en el personal de salud, es decir, la cantidad de personas contagiadas que fallecen por la enfermedad es comparativamente baja. Al 30 de septiembre de 2020 se contaban 72 personas fallecidas dentro de todo el personal de salud contagiado del país    (37.150 personas). Eso representa un 0,2% de letalidad, 15 veces menos que el promedio nacional y casi 100 veces menos que el grupo de personas de 80 años y más. En el caso de los médicos, por ejemplo, al 30 de noviembre de 2020 se contaban 18 profesionales fallecidos sobre un total de 4.485 contagiados, es decir, una letalidad de 0,4%, 8 veces menos que el promedio nacional y unas 50 veces inferior a la de las personas de 80 años y más.

Por lo tanto, mirado del punto de vista de quienes son los más frágiles, de quienes tienen mayor riesgo de de fallecer si se enferman, claramente los adultos mayores de 80 años y mas son sin duda el grupo que con prioridad debiesen ser protegidos del contagio. Ergo, la prioridad de la vacunación debiera considerarlos en primer lugar a ellos por sobre otros grupos.

¿Quiénes vienen luego como los mas riesgosos de fallecer si enferman de acuerdo a los datos disponibles en el país? Los adultos mayores de 70 a 79 años, luego los adultos mayores de 60 a 69 años, luego los inmunodeprimidos (tanto por enfermedades de base como por uso de tratamientos inmunosupresores), incluyendo a los diabéticos descompensados, hipertensos con elementos de daño cardiovascular incluídos los pacientes coronarios, obesos mórbidos en especial si asocian además diabetes o hipertensión, etc.

Recordar que de las sobre 20.000 personas fallecidas en Chile hasta la fecha por la pandemia, poco mas de 16.000 tienen 60 años y más. Esto refuerza el argumento que el gran grupo de riesgo está en los adultos mayores. ¿No debieran entonces ser priorizados?

Sin duda que el personal de salud es relevante y debe ser considerado, pero vale la reflexión planteada para buscar la estrategia más efectiva, entendiendo que el objetivo es bajar la tasa de contagios para prevenir las consecuencias, sobre todo los fallecimientos.

Hoy contamos con abundante información que permite establecer los grupos prioritarios para la vacunación incluso con detalle dentro de cada uno de ellos. No es lo mismo en términos de riesgo un diabético bien controlado que uno descompensado y con daño de órganos vitales por su enfermedad, o un hipertenso controlado en relación a otro con enfermedad coronaria e insuficiencia cardíaca. Dentro del personal de salud no es igual el riesgo para enfermeras, médicos, profesionales auxiliares, etc., ni es igual tampoco según el área donde desempeñan su trabajo.

Hoy me interesa llamar la atención de la comunidad regional para meditar sobre las altísimas tasas de mortalidad de nuestros adultos mayores, que en mi opinión, en la lógica de vacunar para prevenir contagios y sus consecuencias, lleva necesariamente a considerarlos como grupo prioritario para el diseño e implementación de la estrategia de vacunación. Ya lo hizo Reino Unido vacunando en primer lugar a una mujer de 90 años, y lo propio acaba de definir Ecuador. Después venimos los demás, priorizados de acuerdo al riesgo de cada grupo en particular.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


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