[Opinión] Chile: las tres transiciones

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Por: Manuel Baquedano M. Presidente del Instituto de Ecología Política


En octubre de 2019 con el estallido social, en Chile se inició un nuevo período de crisis política, social y ecológica. Desde ese entonces podríamos pensar que estamos viviendo un verdadero tsunami. Hoy, como si se tratara de un tren de olas, podemos distinguir tres grandes transiciones que en simultáneo afectan a nuestro país en un contexto de crisis ambiental global: la transición generacional, la constitucional y la climática.

Desde la perspectiva antropocéntrica (que es la dominante) sólo es posible visualizar las dos primeras transiciones, las que pertenecen a nuestro tiempo histórico, el cambio generacional y la Nueva Constitución. Sin embargo, es necesario vincularlas con la transición principal que nos aqueja que es la climática y ecológica; sin la cual las dos primeras sólo podrían tener una efímera existencia.

El triunfo de Gabriel Boric con una gran presencia del voto femenino y de los jóvenes señala el inicio de un cambio generacional en el Gobierno de nuestro país. Pero, el Gobierno representa tan sólo una parte del aparato del Estado y por la oposición de los otros poderes, el legislativo y el judicial, será poco lo que pueda hacer sin una Nueva Constitución.

En espera de la Nueva Constitución (la que deberá ser refrendada nuevamente por la ciudadanía) el gobierno de Boric podrá tener dos etapas bien marcadas. La primera etapa podría ser “administrativa” en donde las decisiones las tome el Presidente sin nuevas leyes y aprovechando el excesivo poder que tiene la figura del Ejecutivo en Chile.

Y una segunda etapa podría iniciarse con la Nueva Constitución y las nuevas autoridades legislativas y judiciales. En esta instancia podrían implementarse las reformas necesarias que permitan corregir el carácter exclusivo, concentrador de riquezas, injusto y depredador de la naturaleza que tiene el Estado.

La Nueva Constitución es, sin lugar a dudas, la segunda gran transición en la que estamos inmersos. Será el marco institucional que nos permita encarar las reformas estructurales que el país necesita. Además de satisfacer las demandas ciudadanas tradicionales de justicia, equidad y dignidad deberá también establecer el inicio de un nuevo trato con la naturaleza al reconocerla como sujeto de derecho.

La Nueva Constitución podrá también asegurar la producción local de alimentos, los derechos de los animales y considerar ciertos bienes naturales imprescindibles para sostener la vida como el agua y la energía. Los votos de los constituyentes ya están y seguramente la Nueva Constitución será en este aspecto una de las más modernas y progresistas del mundo.

Igualmente, no creo que pueda hablarse de una Constitución Ecológica pues seguirá primando el carácter extractivo de la economía y la búsqueda de un crecimiento infinito. Sin embargo, ahora será más equilibrado ya que se tratará de una Constitución que establecerá una relación más respetuosa con el medio ambiente.

La tercera gran transición en la que estamos inmersos y que afecta a todo el mundo está dada por la crisis climática y ecológica. El planeta Tierra es nuestra casa grande y su salud es fundamental para todas las formas de vida.  Los límites de la naturaleza han sido sobrepasados por la actividad de los seres humanos y ella misma ha comenzado la búsqueda de un nuevo equilibrio sin pedirnos permiso lo que se demuestra en la creciente ocurrencia de eventos catastróficos. Tanto es así que ya son muchos los científicos y estudiosos de temas climáticos que sostienen que nuestra civilización ha iniciado el camino de su inexorable colapso.

Es muy probable que el despliegue de la crisis climática con toda su magnitud se manifieste en esta década y seguramente Chile necesitará acordar un nuevo pacto social y ecológico, uno que no esté centrado en resolver los problemas de bienestar humano, sino que permita enfrentar un período extraordinario en el que la supervivencia será la prioridad.

El tiempo de la mitigación de la crisis climática se terminó. No conseguimos solucionarla (ni siquiera disminuirla). No nos queda otro camino que el de la adaptación profunda: cambiar radicalmente nuestros modos de vivir y terminar con la sociedad de consumo superflua.

Devolverle el futuro perdido a la humanidad será la misión de una nueva generación de jóvenes y parece que en este rincón del planeta ya se han puesto en marcha.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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