Las obras, ejecutadas con apoyo de INDAP y el GORE, buscan mejorar la conducción de agua y mitigar sedimentos, impactando a cerca de 60 usuarios, en una zona donde la continuidad de la agricultura depende de infraestructura resiliente y de coordinación entre Estado y comunidades.
La agricultura en zonas desérticas enfrenta un desafío doble: asegurar el acceso al agua y proteger la infraestructura frente a eventos climáticos más intensos. En ese marco, el Gobierno Regional y INDAP inauguraron en Lasana un paquete de siete proyectos de riego —tres de Riego Asociativo y cuatro de Obras Menores de Riego— orientados a mejorar la conducción del recurso hídrico y mitigar el arrastre de sedimentos que afecta a los canales del valle.
Las intervenciones beneficiarán a seis canales matrices —Pona, Los Ramírez, San Antonio, Los Perales, Buen Retiro y Quilchire— con un promedio de 10 usuarios por canal, lo que sitúa el impacto directo en torno a 60 agricultores. El foco operativo es reducir pérdidas, asegurar continuidad productiva y aumentar la resiliencia de una infraestructura que, en los últimos años, ha sido tensionada por lluvias más frecuentes e intensas.
Durante la inauguración, el gobernador regional Ricardo Díaz Cortés subrayó la necesidad de adaptar la infraestructura a un escenario climático cambiante. “Se han incrementado las lluvias en nuestra región y eso genera cambios que dañan espacios de agricultura. Por lo mismo, necesitamos estas obras”, señaló, agregando que la coordinación con INDAP permitirá activar otros sistemas de regadío y sostener la identidad productiva y cultural del territorio.
Qué cambian las obras en la operación diaria
Desde el punto de vista técnico, el director regional de INDAP, Jaime Pinto, explicó que las obras apuntan a mejorar la conducción del agua y a reducir el arrastre de material, un problema recurrente tras crecidas y precipitaciones. “Con estas obras logramos mitigar el arrastre de arena y mejorar la conducción del recurso… hoy tenemos la posibilidad de hacer agricultura en el desierto”, afirmó.
Para la comunidad, el efecto es inmediato. Benita Bautista, presidenta de la comunidad indígena del Valle de Lasana, destacó que el arreglo de canales es clave para enfrentar crecidas y lluvias, y para mantener la producción en condiciones complejas. “Es un gran aporte para nuestra comunidad”, dijo, valorando además el trabajo conjunto con GORE, Conadi e INDAP.
Inversión, cofinanciamiento y gobernanza
La iniciativa consideró una inversión total de $330.877.258, de los cuales $300 millones fueron aportados por el Gobierno Regional y $30.877.258 correspondieron al aporte de usuarios. El esquema de cofinanciamiento busca asegurar corresponsabilidad en el uso y mantenimiento de la infraestructura, un factor crítico para la sostenibilidad de los sistemas de riego en zonas de alta fragilidad hídrica.
Más allá del corte de cinta, el paquete de obras reordena prioridades en la gestión del agua local: pasa de una lógica reactiva frente a daños a una estrategia preventiva, donde la infraestructura se prepara para absorber eventos climáticos y sostener la actividad agrícola. En un valle donde cada interrupción impacta empleo, ingresos y abastecimiento, la apuesta es ganar continuidad operativa y reducir riesgos productivos.



