El Monitor de Educación 2026 de Ipsos revela una paradoja incómoda: mientras 64% confía en que los jóvenes vivirán mejor que sus padres, 69% también cree que encontrarían mayores oportunidades si construyeran su futuro fuera de Chile
El Monitor de Educación 2026 de Ipsos deja una señal que va más allá de la evaluación del sistema escolar y se instala directamente en la forma en que los chilenos proyectan el futuro de las nuevas generaciones, porque mientras una mayoría mantiene expectativas positivas sobre su capacidad de progreso, 69% de los encuestados considera que los jóvenes tendrían mejores oportunidades si emigraran al extranjero, una cifra siete puntos superior al promedio de los 31 países incluidos en la medición.
La paradoja se vuelve más evidente cuando esa percepción se cruza con la confianza depositada en los propios jóvenes, ya que 64% cree que vivirán mejor que sus padres, lo que sugiere que no existe una visión generalizada de estancamiento o fracaso generacional, aunque ese optimismo disminuye de manera importante cuando la pregunta se traslada a las condiciones que ofrece Chile, donde solo 46% considera que las nuevas generaciones tienen un futuro prometedor.
Más que una falta de confianza en sus capacidades, los resultados dibujan una brecha entre las expectativas que existen sobre los jóvenes y la evaluación del entorno en que deberán desarrollarse, una diferencia que convierte a la emigración no necesariamente en una expresión de renuncia, sino en una alternativa para acceder a oportunidades que una parte importante de los encuestados percibe como más limitadas dentro del país.
Un futuro posible, pero no necesariamente en Chile
Esa lectura es recogida por Alejandra Ojeda, directora de Estudios Públicos de Ipsos Chile, quien sostiene que “hay optimismo respecto de su futuro, pero menos confianza en el entorno que Chile le ofrece para desarrollarlo”, y agrega que “la emigración aparece, entonces, no como una renuncia a ese futuro, sino como una posible vía para concretar oportunidades que se perciben insuficientes a nivel local”.
La percepción recogida por el estudio se produce además en un mercado laboral que durante los últimos meses ha mostrado señales de mayor fragilidad, con una tasa nacional de desempleo que llegó a 9,5% durante el trimestre mayo-julio y ocho regiones con registros de dos dígitos, mientras una radiografía reciente del empleo regional mostró que la informalidad alcanzó 26,5%, profundizando las diferencias territoriales en acceso y calidad del trabajo.
El informe de Ipsos no establece que esas condiciones expliquen directamente la percepción sobre emigrar, pero ambas señales convergen en una misma preocupación, relacionada con la capacidad del país para transformar formación, talento y expectativas en trayectorias laborales estables, especialmente entre quienes están comenzando a proyectar su vida profesional.
La educación aparece atravesada por una contradicción similar, porque mientras apenas 16% evalúa positivamente el sistema educacional chileno, ubicando al país entre las cinco valoraciones más bajas de la medición, un 70% continúa considerando que contar con un título universitario ayuda a avanzar profesionalmente y 57% cree que obtener una formación técnica o profesional sigue siendo importante para alcanzar mejores condiciones de vida.
Más que perder valor, la educación parece enfrentar así una pregunta distinta, vinculada no solo con el acceso o la calidad de la formación, sino con lo que ocurre después, cuando los jóvenes deben convertir esos estudios en empleo, estabilidad, desarrollo profesional y posibilidades concretas de movilidad social dentro del país.
Salud mental y seguridad también pesan en la proyección de futuro
La mirada sobre las oportunidades tampoco se limita al empleo o la educación, porque el estudio muestra una preocupación particularmente fuerte por el bienestar de las nuevas generaciones, con 68% de los encuestados en Chile calificando como malo el estado de la salud mental de los jóvenes, veinte puntos por sobre el promedio global, mientras apenas 9% realiza una evaluación positiva.
La salud mental es mencionada además por 42% como uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente la juventud chilena, una de las cifras más altas entre los países considerados, percepción que coincide con otras alertas sobre ansiedad, depresión y riesgo suicida entre adolescentes chilenos, un fenómeno que ha ganado espacio entre las preocupaciones de especialistas, familias y comunidades educativas.
A ello se suma la percepción de seguridad, ya que solo 34% considera que Chile ofrece un entorno seguro para los jóvenes, mientras 37% identifica a las pandillas y la violencia juvenil entre los principales problemas que deben enfrentar, reforzando la idea de que las expectativas sobre el futuro no dependen únicamente de las capacidades individuales, sino también de las condiciones sociales que rodean su desarrollo.
Ipsos realizó el Monitor de Educación 2026 entre el 19 de junio y el 3 de julio, con la participación de 23.537 adultos de 31 países y cerca de 500 personas en Chile, donde la consultora advierte que la muestra representa principalmente a un segmento más urbano, conectado, educado y de mayores ingresos que el conjunto de la población, una precisión relevante para interpretar sus resultados.
La brecha está entre las expectativas y el país
Tomadas en conjunto, las cifras muestran una realidad menos pesimista de lo que podría sugerir una lectura aislada, porque los jóvenes no aparecen como una generación sobre la que se haya perdido la confianza, sino como un grupo al que se le atribuyen capacidades para progresar, estudiar y alcanzar mejores condiciones de vida, aunque persisten dudas sobre si Chile podrá ofrecerles el entorno necesario para transformar esas expectativas en oportunidades concretas.
Por eso, el 69% que considera que las posibilidades podrían ser mejores fuera del país termina sintetizando una tensión más profunda que una simple intención de emigrar, algo que el estudio no mide, ya que lo que revela es una percepción sobre las condiciones disponibles dentro de Chile y sobre la capacidad del país para retener talento, proyectos y expectativas en una generación que todavía mira su futuro con optimismo, pero que no necesariamente imagina que ese futuro deba construirse dentro de sus fronteras.



