Chile superó el millón de personas desocupadas, pero la cifra nacional oculta dos heridas: menos empleo para menores de 35 años y mayores barreras para las mujeres. El mapa regional revela profundas diferencias de oportunidades laborales persistentes
La primera oportunidad laboral puede definir los años siguientes de una vida. Conseguirla permite acumular experiencia y proyectar un futuro; no encontrarla posterga decisiones importantes. En Chile, las cifras de empleo comienzan a mostrar una realidad inquietante: los puestos de trabajo disminuyen con especial intensidad entre los jóvenes, mientras las mujeres continúan enfrentando barreras mayores para ingresar y permanecer en el mercado laboral.
La Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), correspondiente a julio-septiembre de 2026, registró 1.007.976 personas desocupadas y una tasa nacional de 9,8%, frente al 8,5% de un año antes y al 9,6% del trimestre móvil anterior. Pero la señal más profunda está en los puestos disponibles: Chile tiene 102.875 personas ocupadas menos que hace doce meses. La ocupación cayó 1,1%, en un país de realidades productivas desiguales.
Los grupos que intentan abrirse camino enfrentan dificultades adicionales. Entre los 15 y 24 años, la ocupación retrocedió 6,2% en doce meses y entre los 25 y 34 cayó 5,2%. La dificultad para transformar formación en trabajo de calidad ya motivaba iniciativas como el programa Despega Tu Pega, que busca conectar talento joven con empresas y enfrentar el subempleo. La necesidad se ha vuelto más urgente.
Mujeres: el desempleo es solo una parte de la brecha
La desocupación femenina llegó a 10,5%, por encima del 9,3% masculino. La diferencia no termina ahí: solo el 53,1% de las mujeres participa de la fuerza de trabajo, frente al 70,4% de los hombres. El desempleo no refleja a quienes permanecen fuera del mercado laboral, aunque podrían incorporarse si encontraran condiciones favorables.
El mapa también modifica la gravedad de esa brecha. Ñuble registra 12,8% de desempleo femenino, O’Higgins 12,2%, Valparaíso 11,7% y Maule 11,6%. En Los Lagos, donde el desempleo general llega a un relativamente bajo 7,7%, el número de mujeres ocupadas cayó 4,2% en doce meses. El contraste importa: una región puede tener menor tasa de desocupación y, al mismo tiempo, estar perdiendo empleos.
La trayectoria nacional ayuda a dimensionar el fenómeno. Entre enero-marzo y julio-septiembre, el desempleo pasó de 8,9% a 9,8%, mientras la informalidad avanzó hasta 27,0% a mitad de año antes de bajar a 26,4%. La informalidad no marcó su máximo de 2026, aunque permanece 0,2 puntos sobre el año anterior. Entre las mujeres alcanza 28,2%, frente al 25,1% de los hombres.
Entre los jóvenes, el trabajo retrocede más rápido
Las edades en las que habitualmente se busca el primer empleo o se consolida una trayectoria concentran algunas de las mayores pérdidas. La ocupación de personas entre 15 y 24 años cayó 6,2% y la de quienes tienen entre 25 y 34, 5,2%. Ninguna de esas cifras es una tasa de desempleo juvenil: representan la disminución anual en la cantidad de jóvenes que efectivamente estaban trabajando.
El INE también registró un aumento de 24,7% en quienes buscan empleo por primera vez, categoría que comprende personas de distintas edades. Al mismo tiempo, los asalariados formales disminuyeron 2,5% y la cantidad de personas que trabaja por cuenta propia aumentó 2,0%. Estos datos plantean preguntas sobre el acceso a puestos estables, sin demostrar que el trabajo independiente aumente necesariamente por falta de contratos.
La industria manufacturera perdió 8,1% de sus ocupados, información y comunicaciones 20,8%, y las actividades financieras y de seguros 14,1%. No todos estos retrocesos afectan exclusivamente a jóvenes o mujeres, pero muestran una reducción de oportunidades en sectores que reúnen ocupaciones de distintos niveles de calificación. La historia del empleo también depende de cuántos puestos puede sostener una economía.
Dieciséis regiones y oportunidades que no se reparten igual
La cifra nacional se fragmenta al recorrer el territorio. Ñuble lidera la desocupación con 11,8%, seguida por O’Higgins (10,9%), Biobío (10,5%) y la Región Metropolitana (10,4%). En el otro extremo aparecen Aysén (4,0%), Magallanes (6,4%) y Antofagasta (6,7%). Estas diferencias no son un ranking de bienestar: para comprenderlas también hay que observar participación laboral y variación de personas ocupadas.
Las mayores alzas interanuales de la desocupación se registraron en Maule y Los Lagos, ambas con 2,2 puntos porcentuales, y O’Higgins con 2,1 puntos. Los Lagos perdió 3,2% de sus ocupados y Maule 2,3%. Antofagasta, en cambio, registró un aumento de 1,0% de la ocupación y una tasa de desempleo menor que un año antes. Una tasa de desempleo estable no equivale necesariamente a una recuperación del empleo.
Radiografía territorial del empleo | Julio-septiembre de 2026
| Región o grupo | Desempleo total | Desempleo mujeres | Ocupados, variación anual |
|---|---|---|---|
| Arica y Parinacota | 7,8% | 7,4% | +0,1% |
| Tarapacá | 8,5% | 10,2% | +3,3% |
| Antofagasta | 6,7% | 7,6% | +1,0% |
| Atacama | 8,8% | 8,8% | +1,5% |
| Coquimbo | 9,0% | 8,9% | −0,9% |
| Valparaíso | 9,9% | 11,7% | +0,1% |
| Metropolitana | 10,4% | 10,6% | −1,3% |
| O’Higgins | 10,9% | 12,2% | −2,4% |
| Maule | 9,7% | 11,6% | −2,3% |
| Ñuble | 11,8% | 12,8% | −2,2% |
| Biobío | 10,5% | 11,0% | −1,5% |
| La Araucanía | 9,4% | 10,0% | −0,7% |
| Los Ríos | 9,8% | 10,0% | −2,2% |
| Los Lagos | 7,7% | 8,1% | −3,2% |
| Aysén | 4,0% | 4,9% | −2,2% |
| Magallanes | 6,4% | 6,4% | +0,2% |
| Chile | 9,8% | 10,5% | −1,1% |
| Chile, 15–24 años | — | — | −6,2% |
| Chile, 25–34 años | — | — | −5,2% |
Fuente: INE, ENE N.º 336 y Nota Estadística N.º 54.
La encuesta permite medir las tasas generales y femeninas en las 16 regiones, pero no ofrece en sus tablas regionales publicadas una tasa juvenil comparable para cada territorio. Por eso la radiografía distingue el desempleo regional de las caídas nacionales por edad. Tampoco corresponde atribuir a mujeres o jóvenes la totalidad de las pérdidas en industrias específicas sin desagregaciones adicionales.
La pregunta final es quiénes pueden construir una vida a partir de su trabajo y dónde. Para los habitantes de comunas aisladas, la disponibilidad de empleos convive con dificultades de conectividad, servicios y costo de vida, problemas documentados en la investigación sobre el costo de vivir lejos.
En un país con mercados laborales tan diferentes, recuperar puestos de trabajo sin reducir las desigualdades de acceso dejaría abierta la misma fractura territorial.




