Proyecto Fondecyt liderado por la PUCV desarrolla moléculas activadas por luz visible que apuntan a destruir células tumorales con mayor precisión, abriendo camino a tratamientos más específicos, biocompatibles y con menor impacto sistémico
l tratamiento del cáncer evoluciona hacia terapias cada vez más específicas. En ese escenario, desde Valparaíso un equipo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) trabaja en el desarrollo de moléculas activadas por luz visible capaces de atacar células tumorales con mayor precisión, reduciendo potencialmente el daño sobre tejidos sanos.
La investigación, financiada a través de un proyecto Fondecyt Regular, perfecciona la terapia fotodinámica, una técnica que utiliza compuestos sensibles a la luz para generar especies terapéuticas en zonas determinadas. El desafío es aumentar la selectividad y disminuir la citotoxicidad sistémica.
Tamara Maldonado, académica del Instituto de Química y del Doctorado en Ciencias mención Química de la PUCV, lidera el proyecto. Su equipo desarrolla sistemas moleculares capaces de liberar agentes terapéuticos solo cuando reciben un estímulo lumínico específico.
Precisión dentro de la célula tumoral
El avance no se limita a la activación con luz. El foco está en dirigir las moléculas hacia un blanco estratégico dentro de la célula: las mitocondrias.
“La idea es que nuestros sistemas ingresen de forma selectiva en las mitocondrias de las células, porque las mitocondrias son un buen target para desregularla y que comience el proceso de apoptosis o muerte celular programada. Es decir, buscamos que sean sumamente específicos además de biocompatibles”, explicó Maldonado.
Las mitocondrias cumplen funciones esenciales en la regulación energética celular. Alterarlas de manera controlada permite inducir muerte programada en células tumorales, reforzando el concepto de terapias oncológicas de precisión con menor impacto en tejidos sanos.
Qué ocurre cuando la molécula absorbe luz
Ciertas moléculas, al absorber luz visible, generan especies con valor terapéutico como óxido nítrico, monóxido de carbono en concentraciones controladas y especies reactivas de oxígeno, especialmente oxígeno singlete.
“Diseñamos una molécula que absorba en determinada región del espectro visible —luz verde, naranja o roja— y que tras ese proceso ocurra un cambio que permita liberar estas especies con valor terapéutico”, detalló la investigadora.
La posibilidad de activar el compuesto únicamente donde se aplica la luz abre espacio a tratamientos más localizados y controlados en oncología, un elemento clave para reducir efectos secundarios.
Más allá del cultivo tradicional
El proyecto no se limita a pruebas en cultivos celulares en monocapa. Incorpora modelos tumorales tridimensionales, lo que permite simular condiciones más cercanas a la realidad fisiológica.
“Es fundamental probar estas nuevas moléculas en sistemas tumorales tridimensionales y no sólo en cultivos celulares monocapa, para estudiar la efectividad de los compuestos en un ambiente más realista”, señaló Maldonado.
La base del trabajo es el diseño racional de moléculas, estrategia que combina química sintética, modelamiento y biología celular. “Cuando hablamos de diseño racional es diseñar nuestra molécula para que se vaya específicamente a un lugar de la célula. Aumentamos su efectividad, hacemos que el sistema sea mucho más eficiente y las diseñamos para que sean poco citotóxicas”, complementó la académica.
En el combate al cáncer, la efectividad terapéutica debe equilibrarse con seguridad. El desafío es avanzar hacia tratamientos que destruyan células tumorales sin comprometer innecesariamente tejidos sanos.
Ciencia con proyección estratégica
El cáncer continúa siendo una de las principales causas de muerte en Chile y el mundo. En ese contexto, los avances en precisión terapéutica adquieren relevancia estratégica para los sistemas de salud.
Aunque el proyecto se encuentra en fase experimental, consolida conocimiento aplicado en química biomédica y fortalece el ecosistema científico nacional en investigación oncológica.
Desde Valparaíso, la ciencia chilena aporta una línea de desarrollo que busca perfeccionar el equilibrio entre eficacia y seguridad. En esa intersección entre luz, química y biología celular, se abre una ruta que podría fortalecer futuras terapias contra tumores.



