La nueva instancia reúne a autoridades, municipios y academia para coordinar una reconstrucción urbana con enfoque preventivo, integrando conectividad, gestión del agua y planificación territorial, en respuesta a los incendios que evidenciaron fragilidades estructurales en el desarrollo urbano regional
El incendio ya no está, pero sus efectos siguen ordenando la agenda pública. En el Biobío, donde el verano dejó zonas completas bajo presión y comunidades enfrentadas a la pérdida, la reconstrucción comienza a tomar forma no solo como respuesta, sino como decisión política.
En ese marco, el Gobierno Regional oficializó la conformación del Consejo Asesor para la Reconstrucción Urbana, una instancia que busca alinear a los distintos niveles del Estado, la academia y los municipios en torno a un objetivo común: reconstruir sin repetir los errores del pasado.
La señal no es menor. En una región donde el crecimiento urbano ha convivido históricamente con el riesgo, la instalación de este espacio apunta a transformar la reconstrucción en una política de largo plazo.
Planificar el territorio antes que reaccionar a la emergencia
Durante la sesión de constitución, el secretario ejecutivo del consejo, Sergio Baeriswyl, presentó los lineamientos del Plan Maestro de Mitigación Urbana, elaborado junto a la Universidad del Biobío. La propuesta busca cambiar el foco desde la reacción hacia la anticipación.
En ese contexto, Baeriswyl planteó que uno de los déficits más críticos es la conectividad, un factor que, en situaciones de emergencia, define la capacidad de respuesta del territorio. “Lo que hemos planteado con mucha fuerza es mejorar la accesibilidad, tanto para evacuar como para atender una emergencia”, explicó, instalando la idea de que la infraestructura urbana también es una herramienta de prevención.
Pero el enfoque va más allá de caminos y rutas. El plan incorpora la gestión del agua como un componente estructural, vinculando el diseño urbano con variables ambientales. En esa línea, el propio Baeriswyl advirtió que “poder infiltrar las aguas en los suelos impacta en un 35% en la disminución de incendios forestales”, una cifra que introduce una mirada distinta sobre cómo se construyen ciudades más resilientes.
Gobernar el riesgo como política pública
Uno de los aprendizajes que dejaron los incendios fue la fragmentación institucional al momento de enfrentar la emergencia. La creación del consejo busca precisamente resolver esa brecha, instalando un espacio de coordinación permanente entre actores que históricamente han operado de manera dispersa.
El gobernador del Biobío, Sergio Giacaman, lo planteó en términos directos, vinculando la gobernanza con la prevención efectiva. Señaló que el objetivo es “generar la gobernanza y concretar medidas de mitigación para evitar que estos incendios en la periferia pasen a ser incendios de viviendas”, una frase que refleja el punto de quiebre entre el riesgo natural y la tragedia urbana.
Desde el nivel central, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, reforzó la urgencia de actuar con anticipación. En medio de un contexto climático cada vez más exigente, advirtió que “hay medidas que van a prevenir futuros desastres y tenemos que tomarlas ahora”, instalando la idea de que el tiempo también es un factor crítico en la gestión del riesgo.
Municipios: donde el riesgo se vuelve concreto
Si la planificación se diseña en las instituciones, sus efectos se viven en el territorio. Para los municipios, la reconstrucción no es una discusión técnica, sino una urgencia cotidiana que se expresa en barrios, conectividad y acceso a servicios.
El alcalde de Tomé, Ítalo Cáceres, proyectó el desafío desde esa escala, señalando que el objetivo es avanzar hacia “una ciudad mucho más amigable y preventiva”, integrando las lecciones que dejó la emergencia.
En Penco, el alcalde Rodrigo Vera puso el acento en una de las debilidades más evidentes: la falta de rutas alternativas. Explicó que la comuna “no puede tener solo una vía de conectividad”, subrayando que la infraestructura no es solo desarrollo, sino también una condición básica para enfrentar crisis.
Reconstruir con memoria, planificar con futuro
El cierre de la jornada estuvo marcado por la firma de un compromiso de colaboración entre los distintos actores, consolidando al Consejo Asesor como una plataforma de trabajo intersectorial. Sin embargo, el desafío real comienza ahora.
Porque en un país expuesto a incendios, sequías y eventos extremos, la reconstrucción deja de ser un proceso puntual y pasa a ser una política estructural. El Biobío enfrenta así una oportunidad compleja: transformar una crisis en un cambio de modelo.
En esa decisión se juega algo más que la recuperación de viviendas. Se define, en el fondo, cómo se construyen ciudades capaces de convivir con el riesgo sin transformarlo en desastre.



