Una misión técnica uruguaya revisó en Santiago la experiencia chilena en gobernanza, evaluación y vínculo entre conocimiento, Estado y empresas. El trabajo continuará en noviembre, cuando una delegación nacional viaje a Uruguay para profundizar los acuerdos alcanzados
Uruguay comenzó a mirar la experiencia chilena como referencia para avanzar en el diseño de su nueva institucionalidad de ciencia, tecnología e innovación. Durante cuatro días, una misión técnica visitó Santiago para conocer cómo Chile ha articulado gobernanza, planificación estratégica, evaluación y relación entre conocimiento, Estado y sector privado.
La visita se desarrolló entre el 22 y el 25 de septiembre y formó parte de la cooperación sur sur “Colaboración Uruguay Chile para el fortalecimiento del Ecosistema de Ciencia, Tecnología e Innovación”, iniciativa vigente entre 2025 y 2027. El proceso es coordinado por el Consejo Nacional de CTCI, por Chile, y Uruguay Innova, por parte del gobierno uruguayo.
El intercambio ocurre en momentos en que Chile también intenta llevar su propia institucionalidad desde la planificación hacia resultados concretos. Durante este año, el país comenzó a implementar una nueva estrategia de ciencia e innovación, con participación de organismos públicos, universidades, empresas, gobiernos regionales y organizaciones sociales.
Cristian Grignolo, ejecutivo de Proyectos de la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento de Uruguay, explicó que su país se encuentra iniciando una nueva etapa institucional y que la experiencia acumulada por Chile resulta especialmente relevante para ese proceso.
“En este momento en Uruguay estamos iniciando un proceso de una nueva institucionalidad en ciencia, tecnología e innovación y por lo tanto, el intercambio que podamos tener a partir de la experiencia de Chile, país que tiene una trayectoria importante tanto a nivel de institucionalidad como de planificación estratégica, es fundamental para la elaboración de nuestro propio plan estratégico”, sostuvo.
Chile revisa su propia experiencia
La misión no solo permitió a Uruguay observar el funcionamiento del ecosistema chileno. También abrió una instancia para que las instituciones nacionales revisaran su propia trayectoria y los mecanismos desarrollados durante los últimos años.
Silvia Díaz, presidenta del Consejo CTCI, explicó que el interés uruguayo se concentró en la articulación entre investigación e innovación, gobernanza colaborativa y sistemas de evaluación. La visita permitió, al mismo tiempo, revisar el trabajo desarrollado por Chile junto a distintos organismos y actores del ecosistema.
Ese ejercicio coincide con una discusión que el país viene profundizando sobre cómo vincular ciencia e innovación con productividad y desarrollo. Un informe estratégico sobre el sistema de ciencia, tecnología e innovación en Chile ya había identificado brechas en inversión, articulación territorial y conexión entre conocimiento y economía real.
Durante la semana se elaboró además el documento “Marco fundamento de la institucionalidad CTCI en Chile”, concebido como una hoja de ruta que reúne los contenidos abordados durante la misión y los acuerdos alcanzados entre ambas delegaciones.
Las jornadas permitieron también establecer vínculos directos entre los equipos uruguayos y representantes chilenos del sector público, privado, académico y de la sociedad civil, abriendo espacio para colaboraciones posteriores.
Ciencia, empresas y Estado
La agenda incluyó ocho actividades realizadas en ocho instituciones. El recorrido comenzó en el Consejo CTCI con una revisión de las estrategias nacionales impulsadas desde 2006 y continuó en el ex Congreso Nacional, INAPI, Universidad de Chile, BID, Centro de Innovación UC, ICARE y Universidad de los Andes.
Uno de los ejes centrales estuvo en la relación entre ciencia, innovación, empresas y políticas públicas. Katherine Villarroel, directora ejecutiva del Consejo CTCI, sostuvo que la cooperación regional permite compartir aprendizajes sobre institucionalidad, evaluación y vinculación del conocimiento con el aparato productivo.
“Estamos convencidos de que nuestro quehacer será más potente en la medida en que estas alianzas regionales se sigan fortaleciendo”, afirmó.
La discusión conecta con una de las principales brechas que enfrenta hoy el ecosistema chileno: no solo generar conocimiento, sino lograr que universidades, centros de investigación, empresas y Estado trabajen sobre necesidades concretas. Esa articulación ha sido planteada también como una de las condiciones necesarias para escalar la innovación y convertir capacidades existentes en impacto productivo.
Próxima parada: Uruguay
El proceso tendrá continuidad durante la primera semana de noviembre, cuando una misión chilena viaje a Uruguay como parte del mismo programa de cooperación. La visita permitirá profundizar los acuerdos alcanzados en Santiago y conocer desde terreno el proceso institucional que ese país está comenzando a desarrollar.
Para Chile, el interés uruguayo funciona también como una señal sobre el valor regional de la experiencia acumulada durante casi dos décadas. El punto siguiente será demostrar que esa institucionalidad puede traducirse internamente en más innovación, mayor productividad y una relación más estrecha entre conocimiento, empresas y desarrollo territorial.
El intercambio entre ambos países abre así una etapa que va más allá de la cooperación técnica. Chile aporta experiencia institucional y Uruguay inicia su propio proceso de diseño, mientras ambos buscan convertir ciencia, tecnología e innovación en una herramienta más directa para sus estrategias de desarrollo.



