Más de 200 representantes del Estado, universidades, empresas, gobiernos regionales, municipios y organizaciones sociales comenzaron a coordinar iniciativas para convertir la hoja de ruta CTCI 2026 en proyectos con impacto productivo, social y territorial
Chile comenzó a trasladar su nueva estrategia de ciencia e innovación desde el diseño hacia la ejecución. Más de 200 representantes de instituciones públicas, universidades, empresas y organizaciones territoriales se reunieron para identificar iniciativas en marcha, conectar capacidades y definir las brechas que pueden dificultar su implementación.
El encuentro “Chile se apropia de la Estrategia Nacional CTCI 2026”, realizado el miércoles 8 de julio en formato presencial y remoto, reunió a ministerios, agencias estatales, gobiernos regionales, centros de investigación, instituciones de educación superior, gremios, fundaciones, municipios, comunidades y organismos internacionales.
La reunión marca una nueva etapa para una hoja de ruta que fue entregada al Presidente José Antonio Kast en mayo y que plantea seis objetivos para fortalecer la contribución de la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación al bienestar, el crecimiento sostenible y la resiliencia del país.
Una estrategia que busca pasar a la ejecución
Durante la jornada, los participantes revisaron proyectos y programas que ya contribuyen a los objetivos nacionales. Las mesas de trabajo también buscaron detectar conexiones entre instituciones, compartir aprendizajes e identificar materias donde se requieren nuevas agendas, coordinación o mecanismos que aseguren continuidad.
La Estrategia Nacional CTCI 2026 fue construida como una orientación de largo plazo para conectar capacidades científicas con decisiones públicas, desarrollo productivo y necesidades sociales. El documento contempla seis objetivos estratégicos y ocho proyectos transformadores vinculados con inteligencia artificial, inversión en investigación, articulación territorial y fortalecimiento del ecosistema de innovación.
Silvia Díaz, presidenta del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo, sostuvo que el desafío ahora es convertir el documento en una herramienta utilizada por las instituciones. “Hoy nos reunimos para abrir una nueva etapa donde la Estrategia debe comenzar a vivir en el ecosistema y el documento que construimos colectivamente debe transformarse en vínculos, agendas, iniciativas, aprendizajes, compromisos y mecanismos de colaboración”, afirmó.
La convocatoria representa la continuidad de un proceso que durante 2025 incluyó diálogos regionales, consultas y encuentros con actores del ecosistema científico. En regiones como Biobío y La Araucanía se recogieron propuestas de universidades, emprendedores, instituciones públicas y organizaciones locales para incorporar necesidades territoriales dentro de la hoja de ruta nacional.
Regiones, universidades y municipios buscan mayor incidencia
Uno de los énfasis del encuentro estuvo en visibilizar iniciativas que ya están siendo desarrolladas en regiones, universidades, centros tecnológicos, gobiernos regionales y municipios. La intención es evitar que la implementación dependa exclusivamente de decisiones adoptadas desde la administración central.
Las universidades regionales cumplen un papel decisivo en la generación de conocimiento fuera de Santiago, especialmente en áreas como minería, energía, agricultura, biodiversidad, océanos, salud y adaptación climática. Sin embargo, su contribución convive con brechas de financiamiento, infraestructura e incidencia en las políticas nacionales.
James McPhee, vicerrector de Investigación de la Universidad de Chile, advirtió que la coordinación será especialmente importante ante las restricciones presupuestarias. “Es muy importante que las instituciones que desarrollamos ciencia, conocimiento, innovación y creación artística podamos conocer la Estrategia y alinear nuestros esfuerzos de la mejor forma para que nuestra actividad pueda tener el mayor impacto posible”, señaló.
El mundo municipal también busca ocupar un espacio dentro de la implementación. Jaime Álvarez, líder de Innovación Pública de la Municipalidad de Renca, destacó que la articulación entre datos, universidades y organizaciones puede mejorar los servicios públicos y las condiciones de vida en las comunas.
“Nosotros hemos hecho eso justamente: articular datos, universidades y distintas iniciativas u organizaciones que, cuando entrelazan la CTCI, permiten mejorar las trayectorias vitales de los vecinos y vecinas de Renca. Eso podría ocurrir en muchas otras comunas de Chile”, afirmó.
Los actores convocados a la implementación
| Actor | Contribución esperada | Tarea pendiente |
|---|---|---|
| Ministerios y agencias | Incorporar la estrategia en programas y políticas públicas | Coordinar instrumentos, responsables y presupuestos |
| Gobiernos regionales | Vincular ciencia e innovación con las necesidades productivas locales | Aumentar capacidad técnica e incidencia territorial |
| Universidades y centros | Generar conocimiento, investigación y transferencia tecnológica | Conectar resultados con problemas públicos y empresariales |
| Empresas y gremios | Invertir, adoptar tecnología y escalar soluciones | Incrementar la participación privada en investigación |
| Municipios y comunidades | Identificar problemas locales y facilitar soluciones aplicadas | Acceder a datos, capacidades científicas y asistencia técnica |
Recursos y seguimiento definirán los resultados
La articulación de instituciones puede reducir la fragmentación del sistema, pero no sustituye la necesidad de financiamiento, responsables y metas verificables. El sistema científico chileno mantiene dificultades para conectar investigación, innovación y economía productiva, pese al crecimiento de las capacidades disponibles en universidades y centros especializados.
El documento difundido sobre el encuentro no informa nuevos fondos, cronogramas de ejecución ni compromisos específicos adoptados por las instituciones participantes. Su resultado inmediato fue ordenar iniciativas existentes, reconocer posibles alianzas y detectar brechas que deberán abordarse durante las siguientes etapas.
La estrategia también busca vincular el desarrollo científico con discusiones sobre inteligencia artificial, empleo, energía, productividad y decisiones públicas. Esa dimensión ya comenzó a incorporarse en una agenda ética de innovación y transformación tecnológica, orientada a anticipar los efectos sociales y productivos de los cambios en curso.
El inicio de la implementación abre una oportunidad para coordinar capacidades que hoy funcionan de manera dispersa. Su impacto dependerá de que los acuerdos del ecosistema CTCI se conviertan en programas financiados, proyectos territoriales y soluciones capaces de mejorar las decisiones públicas, la productividad y la calidad de vida de las personas.



