Activistas demandan un acuerdo que limite la producción global de plásticos desde su origen e instan a gobiernos a priorizar salud, ambiente y derechos humanos
Con la consigna “Un tratado fuerte ya”, organizaciones de la sociedad civil, ambientalistas y comunidades se movilizaron este lunes en Ginebra, Suiza, para exigir a los gobiernos un acuerdo internacional jurídicamente vinculante que aborde desde su origen la crisis de la contaminación plástica. La acción marcó el inicio de la última fase de negociaciones del Comité Intergubernamental de Negociación (INC-5.2) para lograr un Tratado Global de Plásticos, cuyas sesiones se extenderán hasta el 14 de agosto.
La movilización fue organizada por Greenpeace, Break Free From Plastic, la Fundación Gallifrey y una coalición internacional de organizaciones ambientales y comunitarias. Estas agrupaciones hicieron un llamado a los Estados para que antepongan los derechos humanos, la salud pública y el medio ambiente frente a los intereses económicos de la industria de combustibles fósiles.
Más de 400 millones de toneladas de plástico se producen cada año, en un proceso dominado por derivados fósiles, lo que agrava la crisis climática global. El 99% del plástico proviene de combustibles fósiles, y su producción podría triplicarse hacia 2060 si no se aplican medidas concretas.
Plásticos, crisis climática y salud: la urgencia de una acción global
De aprobarse, el tratado sería el primer instrumento legal internacional que regule todo el ciclo de vida del plástico, desde la extracción de materias primas hasta su descarte. Actualmente, la tasa global de reciclaje del plástico apenas alcanza un 9%, mientras que el resto termina en vertederos, incineradoras o ecosistemas naturales.
La producción y descarte de plástico genera más emisiones de gases de efecto invernadero que las industrias de aviación y navegación combinadas. De hecho, si la industria del plástico fuera un país, sería el quinto mayor emisor de gases contaminantes del planeta.
Desde Ginebra, Laura Caicedo, coordinadora de campañas de Greenpeace Colombia, enfatizó que: “Necesitamos un tratado fuerte y eso significa la inclusión de un objetivo de reducción de la producción de plásticos en un 75% a 2040. Países biodiversos y vulnerables como Colombia deben liderar con ambición y urgencia”.
La ciudadanía exige una regulación que limite la producción de plásticos, prohíba los de un solo uso, elimine químicos tóxicos y fomente modelos de reutilización. Además, el acuerdo debe contemplar una transición justa, financiamiento adecuado, reconocimiento de comunidades afectadas y recicladores de base.
Negociaciones y presión internacional
Durante las sesiones del INC-5.2, los delegados de los países miembros deberán definir el alcance legal del tratado, así como sus objetivos de reducción, mecanismos de implementación y compromisos nacionales vinculantes.
La presión de la sociedad civil será constante tanto dentro como fuera del Palacio de las Naciones. Las organizaciones movilizadas advirtieron que el mundo no necesita compromisos voluntarios, sino acciones reales y verificables que frenen la crisis del plástico desde su origen.
De no alcanzarse un acuerdo ambicioso, los impactos proyectados para las próximas décadas podrían ser irreversibles en términos de salud pública, biodiversidad, clima y equidad social.



