El Gobierno presentó el primer modelo de lenguaje abierto de la región como una señal estratégica para reducir dependencia tecnológica, fortalecer capacidades propias y proyectar a América Latina como actor relevante en la economía digital, con una plataforma construida desde lenguas, datos y contextos locales
Con el lanzamiento de Latam-GPT, Chile dio un paso que trasciende el ámbito tecnológico y se instala en el terreno de las decisiones estratégicas de desarrollo, soberanía digital y posicionamiento geopolítico.
El proyecto, presentado por el Presidente Gabriel Boric, busca convertir a América Latina en actor y no solo usuario de inteligencia artificial, en un escenario dominado por plataformas desarrolladas fuera de la región.
Se trata del primer gran modelo de lenguaje abierto de América Latina y el Caribe, entrenado para comprender lenguas, contextos y realidades locales, y construido bajo un modelo de colaboración sin precedentes entre el Estado, la academia (CENIA), organismos internacionales (CAF) y líderes tecnológicos como AWS. La apuesta es explícita: desarrollar capacidades propias y reducir la dependencia estructural en tecnologías críticas.
La ceremonia se realizó en el estudio 4 de Televisión Nacional de Chile y contó con la presencia del ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Aldo Valle; el ministro (s) del Trabajo, Claudio Reyes; el director del Centro Nacional de Inteligencia Artificial, Álvaro Soto; el Ejecutivo Especialista en Ciudades Inteligentes y Desarrollo Digital de CAF, Marcelo Faccina; el jefe de Tecnología de Amazon Web Services, Rafael Mattje; y el director ejecutivo de Data Observatory, Rodrigo Roa.
Lenguaje, identidad y poder tecnológico
En su intervención, el Presidente Boric puso el acento en una dimensión cultural y política del proyecto: “El lenguaje de hoy está muy determinado por la inteligencia artificial. No tenemos que temerle, tenemos que verla como oportunidad”. Luego fue más directo: “No es una cuestión de nerds. Acá estamos defendiendo nuestra identidad y nuestro derecho a existir”.

El Mandatario subrayó además que Latam-GPT permitirá ampliar la comprensión de la IA en la región, fortalecer la especialización científica y crear redes de colaboración que antes no existían, posicionando a América Latina “como un actor activo y soberano en la economía del futuro”. El mensaje es claro: quién controla la tecnología y desde qué culturas se entrena también es una disputa de poder.
Política pública e infraestructura estratégica
Desde el Gobierno, el ministro Aldo Valle vinculó la iniciativa con una definición de largo plazo: “Este proyecto nace desde la convicción de que la integración regional es la única vía realista para alcanzar soberanía tecnológica con sentido democrático”.
Enmarcó Latam-GPT dentro de una política pública más amplia, que incluye una Política Nacional de Inteligencia Artificial e inversiones en supercómputo, data centers, formación docente y modernización del Estado.
La señal es que no se trata de un experimento aislado, sino de construir infraestructura crítica para el desarrollo, orientada a poner la tecnología al servicio de la pertinencia cultural, las lenguas y los valores de la región.
De consumidores a productores de inteligencia artificial
El director del CENIA, Álvaro Soto, fue explícito sobre el cambio de rol que busca el proyecto: “Latam-GPT permite que América Latina se suba a la revolución de la IA como actor, desarrollando tecnología propia”. Y agregó un punto clave: “No es un fin en sí mismo, sino una base tecnológica abierta que permite desarrollar modelos derivados y aplicaciones adaptadas a distintos contextos regionales”.

Ese diseño abierto apunta a habilitar un ecosistema regional de innovación, donde universidades, centros de investigación, sector público y empresas puedan construir soluciones sobre una infraestructura común, reduciendo barreras de entrada y compartiendo capacidades que hoy están concentradas en pocos actores globales.
Lo que está en juego
Latam-GPT instala una discusión de fondo sobre soberanía digital, autonomía productiva y el lugar de América Latina en la economía del conocimiento. En un contexto de competencia global por el control de la inteligencia artificial, contar con un modelo regional abierto no es solo un avance tecnológico, sino una definición política y estratégica.
El desafío ahora será transformar esta base en aplicaciones concretas, formación de talento y adopción en sectores estratégicos, para que el proyecto no quede en un hito simbólico. Si lo logra, Chile no solo habrá lanzado un modelo de lenguaje: habrá abierto una vía para que la región empiece a disputar poder tecnológico con identidad propia.



