Conversamos con el experto en inteligencia Artificial sobre las principales tendencias, pero también de su historía de vida marcada por la superación personal y profesional, la autodisciplina, la tecnología y el deseo de compartir herramientas con otros
Desde una infancia marcada por la fobia social y el bajo rendimiento académico, hasta fundar una academia digital de IA para personas sin conocimientos técnicos, Rodrigo Gutiérrez ha construido una trayectoria improbable, intensa y profundamente autodidacta. Hoy lidera desde Sídney estrategias globales en una de las firmas de capital de riesgo más importantes del mundo.
“Soy originalmente de Santiago, de Puente Alto, hijo del medio, así que necesitaba atención porque no me la daban.” Así comienza la historia de Rodrigo Gutiérrez, actual Global CRM & Marketing Automation Manager en Antler, una de las firmas de capital de riesgo más activas del planeta. Su camino, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal.
“En el colegio era desordenado, andaba siempre poniendo bombas de sonido, bombas de humo en todos lados. Me suspendían constantemente. Las notas no me iban muy, muy mal, excepto la educación media, cuarto medio, casi repito. Pero era muy, muy desordenado”.
Más allá de las notas, su paso por la escuela estuvo marcado por la ansiedad. “Yo hace mucho, mucho tiempo, en el colegio… desarrollé fobia social. Entonces, para mí, que es muy heavy, porque ahora tengo que presentar en inglés, en Seúl, en Corea, a cientos de personas, pero en esa época yo tenía fobia social, yo no podía subirme una micro, me daba ataques de pánico. Entonces, mi única forma de escape era ir al cine y ver películas. Hacía la cimarra y me iba al cine y me calmaba viendo películas. Y me obsesioné con eso y estudié cine”, detalla Gutiérrez.
Del cine a la automatización
Después de estudiar cine y hacer videos corporativos, Rodrigo enfrentó un dilema económico. “Hay que ser muy, muy inocente para pensar que voy a ser director de cine y ganar dinero.” Así fue como su inquietud lo llevó a explorar nuevas rutas.
“Me armé un Twitter y me obsesioné con tener muchos seguidores. Mi plan era este: tenía seguidores y podía ir a una agencia a decir, dame pega porque tengo más seguidores que tus marcas. Y lo hice. No paré. Posteaba todos los días y creo que llegué en algún momento a tener setenta mil seguidores hasta que me dieron trabajo de community manager en una agencia.”
Esa obsesión por aprender lo llevó a una rutina autoimpuesta: “Tomaba la micro en Puente Alto, llenísima, hora y media para llegar a las seis y media de la mañana a Providencia, en Santiago, porque me gustaba llegar una hora y media antes para leer, para aprender lo que tenía que hacer, qué es un community manager, no sé qué.”
Después fue director de agencia, se trasladó a Canadá, y allí se acercó al mundo del emprendimiento tecnológico. Finalmente, en Australia, obtuvo la residencia y comenzó a trabajar en Antler.
IA sin código, sin inglés y sin miedo
En 2025 lanzó su propio proyecto educativo: una academia digital de inteligencia artificial pensada para personas que no saben programar ni dominan el inglés. “El curso que yo enseño está basado en eso: en plataformas donde no necesitas saber nada de código. Es toda una interfaz como ChatGPT, pero el resultado no es una respuesta escrita, es un link a un sitio web que creaste, es una fotografía, es una plataforma interactiva.”
Herramientas para todos
Rodrigo defiende el acceso libre a la IA y alerta sobre el contexto actual: “Hay como la fiebre del oro con inteligencia artificial. Yo lo veo mucho. Así como hay un ChatGPT, por cada ChatGPT hay tres millones de versiones baratas donde la gente quiere ganar dinero y o no es realmente inteligencia artificial, o es una mala inteligencia artificial.”
Su propuesta es concreta: “Con esas tres herramientas, si quieres hacer marketing, por ejemplo, no necesitas un equipo. Y lo puedes hacer sin gastar un peso.”
Ni magia ni amenaza
Sobre la mitificación de la IA, es claro: “Una inteligencia artificial es un programa computacional súper poderoso que está entrenado para predecir la palabra que sigue porque ha leído todos los libros de la historia.”
También pone en perspectiva los temores sobre el empleo: “Mira, es un temazo. Por sí solo eso es un podcast. Como yo lo veo, es cíclico. No es la primera vez que la sociedad pasa por una revolución tecnológica.”
Fracasar, insistir y compartir
La motivación de Rodrigo no surge de la inspiración, sino de la necesidad: “Yo en algún momento me vi sin herramientas. Dije, estudié una carrera que no me sirve para mucho, no puedo meterme en publicidad y tengo que hacer algo para tener una carrera más exitosa. Y eso me volvió obsesivo con la tecnología y eso me volvió obsesivo con inteligencia artificial.”
Hoy comparte ese camino con otros, a través de su academia y sus intervenciones públicas, convencido de que el acceso a estas herramientas puede —y debe— ser para todos.
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