La entrega de 120 viviendas en la capital de O’Higgins reactivó el debate sobre el acceso a la vivienda en Chile, en medio del alza de costos y el impulso a modelos industrializados que buscan acelerar soluciones habitacionales
Las llaves cambiaron de manos en Rancagua en medio de aplausos, fotografías y una escena que, para muchas familias, marca el cierre de años de espera. En el condominio El Sol II y III, 120 hogares accedieron a su vivienda definitiva, en una actividad encabezada por el Presidente José Antonio Kast que, más allá del gesto simbólico, volvió a instalar una pregunta incómoda: cuán lejos está hoy la casa propia.
Lo concreto es que el Mandatario apuntó directamente al problema de fondo. “Tenemos que volver a la tradición de que uno puede alcanzar la vivienda propia, que hoy día se ha alejado, porque las viviendas son más caras, los terrenos son más caros y los materiales se han encarecido”, afirmó, reconociendo que el acceso a la vivienda en Chile enfrenta una presión creciente por el alza de costos.
El acto no solo estuvo marcado por cifras o anuncios. Hubo también una apelación directa a lo que viene después de la entrega. Kast pidió mirar más allá de las viviendas y pensar en comunidad. “Vengamos en dos años más y veamos cuán frondoso está el árbol (…) eso implica cuidarnos entre todos, vivir en comunidad, no es fácil”, señaló, instalando la idea de que el desafío habitacional no termina con la llave, sino con la convivencia.
Reconstrucción urbana y presión por déficit habitacional
Detrás de esa escena hay una historia más larga. El proyecto se levanta sobre los terrenos de la ex población Vicuña Mackenna, donde viviendas dañadas por el terremoto debieron ser demolidas por su mala calidad.
El ministro de Vivienda, Iván Poduje, lo describió como un caso que se repite en distintas ciudades. “Este caso es muy emblemático, porque esto mismo tenemos que hacerlo en muchos barrios del país”, afirmó, vinculando la intervención con el déficit habitacional en Chile que sigue presionando al sistema.
Las cifras refuerzan ese diagnóstico. En la Región de O’Higgins, el Plan de Emergencia Habitacional registra 4.386 viviendas entregadas entre marzo de 2025 y febrero de 2026, con más de 7.500 en ejecución y cerca de 2.500 por iniciar. El volumen habla de avance, pero también de la magnitud de una demanda que sigue creciendo.
Plan de Emergencia Habitacional en O’Higgins
| Indicador | Cifra | Implicancia |
|---|---|---|
| Viviendas entregadas | 4.386 | Avance en reducción del déficit |
| Viviendas en ejecución | 7.553 | Alta actividad en desarrollo |
| Viviendas por iniciar | 2.489 | Cartera futura de proyectos |
Industrialización acelera respuesta habitacional
En paralelo, el proyecto introduce un cambio relevante en la forma de construir. Se trata del primer desarrollo de vivienda social industrializada en altura en la región, con edificios de hasta cinco pisos, un formato que busca acelerar los tiempos en un sistema presionado por la urgencia.
Cada unidad considera 58 metros cuadrados y estándares constructivos que superan lo habitual en este tipo de soluciones, incorporando aislación térmica avanzada y ventanas de termopanel. Más allá de lo técnico, el punto es otro: la industrialización aparece como respuesta a la lentitud histórica de la política habitacional.
El propio Poduje lo planteó en terreno, al destacar que este modelo permite reducir los tiempos de construcción hasta en un 40%. No se trata solo de eficiencia, sino de capacidad de respuesta frente a una demanda que supera con creces la oferta disponible.
La apuesta, además, es replicable. Desde el Ministerio de Vivienda proyectan este tipo de soluciones en otras regiones, lo que posiciona a la Región de O’Higgins como un caso piloto en materia de innovación constructiva.
Sin embargo, el problema de fondo sigue abierto. El aumento del precio del suelo, el encarecimiento de los materiales y la presión sobre los subsidios siguen alejando la casa propia para amplios sectores. La entrega de viviendas, en ese sentido, funciona como un avance concreto, pero también como recordatorio de una brecha que no se ha cerrado.
Porque si algo dejó en evidencia la jornada en Rancagua es que el acceso a la vivienda sigue siendo una aspiración vigente, pero cada vez más difícil de alcanzar, incluso en un sistema que intenta acelerar sus respuestas.



