[Opinión] Y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero

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Por: Anna Ivanova. Académica Institutos de Ciencias de la Educación y Ciencias Sociales, Universidad de O’Higgins y Jorge Jocelin, Doctorando en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires) con foco en discurso sobre migraciones


Las declaraciones de Juan Sutil, presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), uno de los grupos de interés de mayor ascendencia en el debate público chileno, no pasan desapercibidas, por ende, no pueden ser comprendidas como simples opiniones personales. Señal de aquello es que cuatro de seis gremios de los que componen la mesa de la CPC, se hayan desmarcado de tales dichos, tratando en parte de morigerar las críticas en las que se han visto inmersos a partir de la entrevista del fin de semana recién pasado en donde se refirió en un tono más que cuestionable sobre el impacto de la migración en el crecimiento y en el desarrollo del país.

Según información del INE (2019) en Chile residen 1.492.522 migrantes habituales, lo que equivale al 7,8% del total de la población que habita el territorio. Así, a pesar de que estos números son relativamente bajos en comparación con otros países como Estados Unidos, Francia, Canadá, etc., es persistente escuchar alocuciones como las de Juan Sutil.

No obstante, la amplificación que pueden tener nuestras opiniones son diferentes según las determinadas posiciones que ocupemos, por ello, lo señalado por el presidente de la CPC es delicado, puesto que la reproducción de este tipo de mensajes por parte de los representantes de los principales grupos de interés del país, sin considerar los beneficios que produce la llegada de los migrantes en la sociedad chilena, podrían crear imágenes hostiles en la sociedad civil.

Un consumidor promedio de medios de comunicación y redes sociales en Chile podría interpretar que ahora el gobierno divide sus recursos entre los ciudadanos nacionales y el nuevo grupo social, que no pertenece y no comparte su identidad. Esto, a su vez, podría traducirse en que, a partir de ahora un ciudadano chileno tiene menos oportunidades de usar los servicios públicos que antes o como lo señala Juan Sutil, que el país experimentaría estancamientos o retrocesos en su desarrollo a causa de la inmigración.

Las declaraciones del presidente de la CPC son desafortunadas y llegan en un momento en donde el gobierno marca menos de un 10% de aprobación en las encuestas, en gran parte por la nula conexión con las demandas sociales, pero también por no sacudirse nunca del peso que le significan sus estrechos lazos con el empresariado. Por ello las declaraciones del Sr. Sutil traspasan su ámbito personal, ya que uno de los desafíos presentes y de mediano plazo de Sebastián Piñera son reactivar la economía, la que viene resentida desde antes del contexto pandemia.

Otro punto importante y que debe ser señalado de manera directa, es que empresariado chileno deja mucho que desear en términos de inclusión y multiculturalidad. De la misma forma que el señor Sutil advierte en el otro migrante un factor de retraso, a partir de sus propias declaraciones, que no dejaron mucho espacio para la interpretación, se podría inferir que su visión de empresa tiene mucho más que ver con la pulpería decimonónica que con el concepto moderno del siglo XXI que sugiere representar. El riesgo tras las declaraciones nada sutiles del presidente de la CPC, es dar lugar a la reproducción de actitudes xenófobas en la sociedad si la migración se considera una amenaza.

Creemos que el rol del empresariado debería ser otro, el de un grupo intermedio integrador, que proyecte futuro.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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