[Opinión] Tiempo de agradecer

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Por: Ricardo Lazcano C. Primer Director y Gerente General Casinos River


Hay tiempos especiales, en los cuales quienes lideramos empresas arraigadas en el seno regional, debemos reconocer y agradecer a quienes, en un instante preciso, confiaron en proyectos nacidos en la localidad y que parecían riesgosos. En medio de la contingencia sanitaria, que nos confina y obliga a estar más reconcentrado, uno suele hacer un alto y efectuar balances que permiten vislumbrar las metas alcanzadas y los objetivos cumplidos.

Haciendo un recorrido por la historia, desarrollo y consolidación de nuestra empresa, no podemos dejar de agradecer precisamente a quienes fueron visionarios, tuvieron confianza y supieron visualizar las posibilidades de contribución que significaba apoyar proyectos de negocio como el nuestro, que han estado desde siempre ligados a la comunidad regional.

En ese escenario, la Asociación de Industriales de Antofagasta, AIA, fue una entidad clave en dar el espaldarazo necesario a empresas como la nuestra, confiando desde el primer instante en que podíamos llegar a consolidarnos y convertirnos en una apuesta, quizás atrevida en una época donde no existían desafíos como el nuestro, pero avalada por el entusiasmo, el equipo humano y la capacidad que posibilitó la consolidación de ese sueño que hoy ya alcanza sus treinta años ininterrumpidos.

El agradecimiento se extiende obviamente a los empresarios y organizadores de las licitaciones de entonces, quienes en algún instante tomaron la sabia decisión de apostar por la región, de levantar su voz y decir vamos a trabajar con empresas regionales, con proyectos locales, confiando en el poder que tenían esas empresas para conectar con las necesidades de la gente de la zona, que entendían la idiosincrasia de los hombres y mujeres que se sumaban entusiastas a entregar su potencial y permitir el desarrollo y la consolidación de esas empresas.

Porque no es un hecho menor el que en ese instante los empresarios apostaran por entidades regionales que tuvieran la certeza de que eran capaces de conectar con las necesidades de dicha región, es decir, aportar una cantidad importante de cupos de trabajo y entregar oportunidades de licitar y ganar contratos que, de no existir ese apoyo y esa consideración, hubiese estado vedado para las empresas regionales, porque existía la mala política de considerar solamente las ofertas provenientes desde la capital, concentrando todo en Santiago y sin dar posibilidad alguna a las empresas de nuestra región.

En el actual escenario, y mirando en retrospectiva, ha sido una excelente idea que se haya considerado dar la oportunidad a las empresas locales, si se entienden que entregan ventajas significativas, que van desde ofertas de menores costos en los traslados, el ahorro al no gastar dinero ni perder tiempo transportando personal en aviones y la inexistencia de viáticos, por citar solo algunos ejemplos, contribuyó a realzar el valor por apostar en lo regional ya que de un modo contundente, se podía mejorar los precios finales para ofertar o licitar algún contrato.

Pero creo que lo más relevante de esa confianza, es el grado de confianza y de oportunidad que se nos brindó para plantarnos de igual a igual con empresas provenientes de otras regiones, entendiendo que teníamos las competencias y la capacidad real para entrar en el terreno de los que eran, por entonces, líderes absolutas en la obtención de esas licitaciones y proyectos. Crecimos y nos empoderamos.

Sin duda las empresas locales deberán abastecerse de la capital y es innegable que cometeremos errores. Sin duda las empresas locales debemos cumplir con las mismas normas y reglamentos, no obstante gracias a estas empresas locales tendrán la economía en los presupuestos por servicios, por no tener que viajar en avión, no tener la central en Santiago u otros y, lo más importante, el resultado económico, las utilidades de las empresas regionales quedarán en la zona y la ciudad.

Y todo eso es preciso agradecerlo, porque todas las consecuencias de ese espaldarazo -desarrollo de ideas regionales, obra de mano local, apuesta por las capacidades instaladas en la comunidad- han demostrado que podemos estar aportando en plena pandemia, donde nuestra empresa gastronómica, por citar nuestro caso real, ha permitido la continuidad operacional a las grandes faenas mineras, impidiendo el cese de los trabajos en sectores clave de la economía, respondiendo a desafíos que, en otra época y en otro contexto, eran impensables.

Es tiempo de dar las gracias. Porque nuestro sueño inicial se ha visto recompensado al devolver ese apoyo recibido y poder aportar a nuestra región, precisamente, cuando todo se volvió gris con la pandemia del Covid. Habíamos crecido, nos habíamos fortalecido. Y ahora estábamos entendiendo el valor de la confianza depositada y el tremendo desafío que ello nos significó.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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