[Opinión] La “bendición bacheletista”, sus implicancias y la centroderecha

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Por: Alberto Torres B. Sociólogo. Magíster en Ciencias Sociales. Académico de la Universidad de Antofagasta


En la izquierda chilena generó un disimulado cisma político la adhesión de la ex Presidenta Michelle Bachelet a la precandidatura presidencial de su ex Vocera de Gobierno y actual asesora de ONU Mujeres, Paula Narváez; lo anterior, en medio de complejas divisiones en el sector, provocadas por distintas maneras de enfrentarse al complejo panorama político que vive nuestro país desde el estallido social de 2019, y en el presente, con el advenimiento de la elección de convencionales.

El gesto de Bachelet parece emular el adoptado por el Ex Presidente Lagos en 2005, cuando explícitamente ungió a la otrora Ministra de Defensa como continuadora de su legado, en medio de la campaña a primarias con su contendora, la Canciller Soledad Alvear, política de vasta trayectoria y abanderada de los sectores conservadores de la antigua Concertación.

Otra de las causas que podría explicar la decisión de la Ex Presidenta es la necesidad de perpetuar su legado y fijarlo como hoja de ruta programática en su sector para la próxima elección presidencial, sobre todo si consideramos que en la izquierda existe una completa disgregación y afán de distintos sectores por dominar el ajedrez político. Si revisamos las principales pre candidaturas presidenciales de la izquierda, nos damos cuenta que existen personajes políticos de la antigua Concertación; y otros de posturas más radicales que la adoptada por la antigua Nueva Mayoría.

En este último caso, parece verse arrinconada la Democracia Cristiana. Por ello, podríamos explicar la decisión de la Ex Presidenta como un intento de ordenar su coalición haciendo prevalecer más bien posturas reformistas, alejando la tentativa de retornar la nostálgica Concertación o instalar posturas radicales similares a la de la década de los 70.

Por otra parte, la estrategia bacheletista operaría como una forma de contrarrestar la emergencia de líderes políticos contestarios con el legado de la ex Presidenta y sus antecesores y que para pesar de los antiguos políticos de izquierda, son quienes, al menos en su sector ideológico, lideran las menciones espontáneas de adhesión de la ciudadanía.

Lo cierto es que sólo en las urnas podrá verificarse la efectividad de la estrategia desplegada por la ex Mandataria. La elección presidencial de 2021 constituye aún una verdadera incógnita no sólo para la izquierda, sino para todos los sectores políticos. La oposición no ha logrado capitalizar mayor adhesión de la ciudadanía pese a las difíciles circunstancias que enfrenta el país y su Gobierno, ya que los chilenos perciben que la causa de los problemas lo representa la clase política, devenida en “casta”.

Retomando la discusión de las divisiones en los sectores políticos, la centroderecha no está exenta de aquello, aunque con menor intensidad. No obstante, es legítimo preguntarse si en la centroderecha existirá una “bendición piñerista” que permita ordenar las cosas en el sector y delimitar el ideario político que genere mayor consenso, respondiendo a los principios ideológicos y a las exigencias de la sociedad chilena; o si ésta posible “bendición” operará de forma distinta, al momento de ungir simbólicamente al candidato presidencial del sector, en donde también se aprecian aspirantes con distintos idearios, algunos en comunión con la derecha clásica y otros con la derecha social.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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