Matanza de la Escuela Santa María: 100 + 10

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Por: Julio Cámara C. Consejero Regional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Tarapacá


Entreverado en medio de los ajetreos electorales y los afanes de campaña de los diversos candidatos a algún cargo, en medio de los discursos, propuestas y promesas que nos anuncian tiempos mejores, se inició esta semana, en la  sala de actos del colegio de la Universidad Arturo Prat, el proyecto denominado “100 + 10”.

Así, sin mayores aspavientos ni fanfarrias, se realizó la primera actividad de una iniciativa creada por el Instituto del Patrimonio de la UNAP,  y que tiene por objetivo contribuir a relevar la próxima conmemoración de los 110 años de la matanza de la escuela Santa María de Iquique, una fecha que sin duda, como es recurrente, no concitará mucha atención de la ciudadanía, incluida las diversas  organizaciones sociales de la comuna.

El proyecto, que se origina en una idea debatida al interior del Colectivo por la Memoria Histórica, entidad de hecho, tiene el loable y necesario propósito de instalar dicho relevante tema en el lugar donde siempre debió estar presente: las aulas de los colegios de la región.  Es allí, en el espacio formativo, en el que las nuevas generaciones adquieren los conocimientos para su transitar por la vida, donde la memoria debe robustecerse y preservarse en el tiempo, como testimonio insoslayable de nuestra identidad.

Para quienes estuvimos presentes en el primer paso del proyecto, fue una experiencia reconfortante observar a alumnos de enseñanza media, escenificar algunas de las demandas esgrimidas por los obreros de 1907, pero, trasladadas a los tiempos actuales, reafirmando con esta representación que las aspiraciones de alcanzar más y mejores condiciones vida a nivel de sociedad, siguen siendo una constante, aún cuando los contextos y demandas no sean las mismas que impulsaron el movimiento huelguístico de los hombres y mujeres de la pampa.

Los contenidos del proyecto incluye variadas acciones,  algunas en terreno, tendientes a que los jóvenes amplíen su percepción respecto de las condiciones no solo económico sociales de la época, sino también como ésta se expresaba con dinamismo a través del arte y la cultura. Los hombres y mujeres de la pampa, pese a las duras condiciones laborales siempre dedicaron tiempo y esfuerzo al desarrollo de diversas manifestaciones artísticas, las que muchas veces perseguían fines pedagógicos respecto a la toma de conciencia de su propia situación laboral.

Asimismo, no deja de ser reconfortante  que tal iniciativa surja desde la universidad pública local, evidenciando así un compromiso con nuestra memoria histórica que dicha casa de estudios superiores asume y que,  a mi juicio, debiera potenciar  y desarrollar con mayor énfasis a futuro, sobre todo respecto del valioso legado artístico cultural que con dificultades perdura hasta nuestros días y que, reitero, es un componente vital de lo que denominamos identidad regional.

Confío que el próximo año y en esta fecha, otros establecimientos educativos, especialmente los municipalizados,  se sumen a la tarea que hoy ha emprendido el Instituto del Patrimonio en conjunto con el colegio universitario UNAP, e incorporen la memoria histórica local como parte de los contenidos curriculares, y si esto no fuera posible al menos desplegar acciones en tal dirección insertas como actividades extra programáticas.

Y reconocer, además, el aporte al desarrollo del proyecto de los académicos Bernardo Dinamarca, director del Instituto del Patrimonio, y los historiadores Patricio Rivera y Rigoberto Sánchez, así como el aporte financiero para concretar la iniciativa del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

 

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