La obra busca asegurar agua para riego, consumo humano y control de crecidas, con impacto en empleo, inversión y planificación productiva, tras décadas de espera. El proyecto redefine la gestión hídrica regional y abre un nuevo ciclo para pequeños productores, municipios y economías locales
La región de Ñuble dio un paso clave en su agenda de seguridad hídrica y desarrollo productivo. El Gobierno inició la construcción del Embalse Zapallar, una infraestructura largamente esperada que permitirá regar 10 mil hectáreas en las comunas de El Carmen y San Ignacio y beneficiar directamente a más de 2.000 productores agrícolas, en su mayoría pequeños agricultores.
El proyecto considera una inversión cercana a los US$158 millones en su fase de construcción y será ejecutado por el consorcio China International Water & Electric Corporation (CWE) – Agencia en Chile, con un plazo de 1.620 días corridos, lo que proyecta su entrada en operación en 2030.
En el marco del Plan Nacional de Grandes Embalses del MOP, la inversión total —incluyendo obras asociadas como canales— se acerca a US$300 millones, configurando uno de los proyectos hídricos más relevantes de la última década en la zona centro-sur, reafirmando que más que una obra, se trata de una decisión de política pública que reordena la gestión del agua como soporte del crecimiento regional.
Seguridad hídrica y desarrollo productivo
Durante la ceremonia de inicio de obras, la ministra de Obras Públicas, Jessica López, destacó el alcance territorial de la iniciativa: “Hoy es un día histórico para los habitantes de la región de Ñuble, porque cumpliendo con el compromiso del gobierno, damos inicio a la construcción de un nuevo embalse que va a beneficiar directamente a más de 2.000 agricultores de la región”.
La autoridad subrayó además que la inversión, además de asegurar agua para el riego y otras actividades, tendrá un efecto directo en dinamizar la economía y el empleo, potenciando el desarrollo regional.

Desde Agricultura, la ministra Ignacia Fernández situó el proyecto en un contexto más amplio: “La puesta en marcha del Embalse Zapallar representa el compromiso del gobierno del presidente Gabriel Boric con la seguridad hídrica”.
Añadió que, frente a la emergencia climática, la respuesta pasa por más inversión y soluciones estructurales, especialmente en una zona donde amplias superficies productivas se mantienen hoy en condición de secano.
Del secano a la planificación de largo plazo
El Embalse Zapallar tendrá una capacidad de 80 millones de metros cúbicos y un carácter multipropósito. Además del riego, aportará agua para consumo humano, control de crecidas y apoyo al combate de incendios forestales, ampliando su impacto más allá del sector agrícola. En términos prácticos, introduce una infraestructura que reduce la vulnerabilidad climática y ordena la gestión de riesgos hídricos en la cuenca.
El perfil de los beneficiarios explica por qué la obra es estructural: más del 84% de los agricultores de la zona cultiva menos de cinco hectáreas. Sus principales actividades —trigo, avena, cultivos de temporada, hortalizas y ganadería— dependen de una disponibilidad de agua más estable para aumentar productividad, diversificar cultivos y planificar inversiones. Aquí, el embalse no solo entrega agua: entrega horizonte de planificación.
Inversión, coordinación y gobernanza
El proyecto es impulsado por la Dirección de Obras Hidráulicas y recoge un anhelo de casi siete décadas de agricultores y canalistas del sector.
En la ceremonia participaron, además de las ministras, la directora nacional de Obras Hidráulicas, Loreto Mery, el director ejecutivo de la CNR, Wilson Ureta, el presidente de la SNA, Antonio Walker, autoridades locales y representantes de organizaciones de usuarios del agua.

La presencia de todos estos actroes en el hito plantea desde ya que la ejecución y posterior operación del embalse exigirá coordinación entre nivel central, municipios y actores productivos.
Desde el Ministerio de Agricultura se subrayó que se trata de una señal concreta de compromiso con la agricultura familiar y el crecimiento regional, en un contexto donde la infraestructura hídrica vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia de desarrollo. La política de embalses deja de ser solo una respuesta a la escasez y pasa a ser una herramienta de planificación económica territorial.
De la construcción al impacto económico
Con una entrada en operación proyectada para 2030, el desafío ahora es convertir esta inversión en un cambio estructural de la matriz productiva regional. En el corto plazo, la construcción inyectará empleo y actividad económica; en el mediano y largo plazo, el embalse debería habilitar nuevas inversiones agrícolas, mayor valor agregado y una gestión del agua menos expuesta a la incertidumbre climática.
El Embalse Zapallar marca así un punto de inflexión en la relación entre infraestructura, agricultura y desarrollo territorial en Ñuble. La obra ya está en marcha; lo que sigue será medir si esta decisión logra traducirse en más productividad, más resiliencia y mejores oportunidades para los territorios que dependen del agua.



