Con más compras y viajes, febrero eleva la exposición al fraude. Las tarjetas concentran cerca del 50% de los montos denunciados y la Ley 20.009 endureció restituciones. La IA predictiva pasa de complemento a estándar para detectar anomalías en milisegundos, antes de autorizar pagos.
Febrero no es solo vacaciones. Con viajes, turismo y comercio electrónico en alza, se dispara la transaccionalidad digital y, con ella, la superficie de ataque para el fraude. Menos controles, más distracciones y equipos reducidos en empresas convierten este período en una zona crítica para la seguridad.
En ese escenario, la Inteligencia Artificial (IA) dejó de ser un complemento para transformarse en la primera línea de defensa: detectar anomalías en milisegundos, antes de que el pago se autorice.
Los datos explican el cambio. El Banco Central de Chile, en su Informe de Sistemas de Pago (agosto de 2025), mostró que cerca del 50% de los montos defraudados se concentran en tarjetas de crédito, mientras el fraude en cajeros automáticos ronda el 3%.
La señal es estructural: el riesgo migró a operaciones sin presencia física y a flujos digitales donde la velocidad manda. En paralelo, el Ministerio Público informó en 2025 un mayor ingreso de causas por uso malicioso de tarjetas y estafas, elevando la presión por detección temprana y contención automática.
Del “card not present” a la prevención en tiempo real
Con más compras online y reservas de último minuto, modalidades como card not present y la ingeniería social escalan porque pueden automatizarse y mutar rápido. Los modelos basados en reglas fijas quedan cortos. La respuesta es IA predictiva que aprende patrones de comportamiento, cruza señales de riesgo y marca anomalías en tiempo real, antes de que el sistema apruebe la transacción.
“La clave está en anticiparse sin interrumpir la experiencia. La IA bien implementada puede identificar una transacción anómala antes de que el usuario perciba cualquier riesgo, protegiendo su liquidez sin frenar el pago ni generar falsas alertas”, explica Lucas Souza, de Kuvasz Solutions, especialistas en servicios de pagos digitales. En la práctica, la industria pasa del “reclamo y restitución” al bloqueo preventivo inteligente, con menor fricción para el usuario y menos costos operativos para comercios y emisores.
La ley empuja a la IA: menos post-proceso, más prevención
El marco legal también movió el eje. Las modificaciones a la Ley 20.009 durante 2024 endurecieron los requisitos de restitución (declaración jurada y denuncia, entre otros) y elevaron la carga operativa cuando hay sospecha fundada, incluyendo judicialización para frenar devoluciones indebidas. El fraude dejó de ser solo un problema tecnológico y pasó a ser legal y operativo.
Cada falso positivo tiene costo: bloqueo de medios de pago, reposición de tarjetas, cambios de claves y semanas de gestión para personas y pymes. Por eso, detectar antes es más valioso que corregir después. La IA reduce ese “costo de fricción” al bajar errores y priorizar precisión en escenarios de alto volumen como el verano.
Vacaciones bajo amenaza digital: hábitos que multiplican el riesgo
El problema no es solo tecnológico, también es de hábitos. De acuerdo con el Verizon Data Breach Investigations Report, cerca del 74% de los incidentes de seguridad tiene un componente humano (errores, uso indebido de credenciales o ingeniería social). En vacaciones, esa exposición aumenta: delegaciones informales, menos supervisión y uso de dispositivos personales fuera del entorno habitual.
En el plano corporativo, Patricio Campos, CEO de Resility, advierte que uno de los principales riesgos está en la gestión de accesos y credenciales cuando parte del equipo se ausenta. “El traspaso informal de contraseñas o privilegios puede terminar entregando accesos a personas no autorizadas”, señala.
El experto recomienda mecanismos formales de delegación con permisos acotados y temporales, y una práctica clave antes del receso: desactivar preventivamente accesos que no se usarán (correos, VPN, directorios y sistemas críticos). “Siempre debe existir un equipo de respuesta —interno o externo— que mantenga las operaciones funcionando”.
En casa también: Wi-Fi público, pagos móviles y el rol de la IA
El riesgo no se queda en la empresa. En vacaciones aumenta el uso de Wi-Fi públicas, las reservas online y los pagos desde el móvil. Estudios internacionales muestran que más del 40% de los viajeros se conecta a redes abiertas sin protección; en la región, un informe de Kaspersky (2024) indicó que 18% de los usuarios en América Latina se conecta a redes públicas sin verificar si son seguras. Es un terreno fértil para phishing, interceptación de datos y suplantación de identidad.
“Así como cerramos la puerta de la casa antes de viajar, también deberíamos cerrar las puertas digitales”, resume Campos. Mantener dispositivos actualizados, reforzar contraseñas, activar autenticación multifactor, desconfiar de enlaces de ofertas y evitar operaciones sensibles en conexiones desconocidas reduce el riesgo. En este frente, la IA aporta detección de patrones anómalos en apps de pago y comercios, incluso cuando el usuario está en tránsito.
“Shift-left”: diseñar pagos que previenen
La tendencia es mover la seguridad al origen del flujo (shift-left): la prevención se integra desde el diseño del pago. La IA analiza comportamiento transaccional, contexto y, cuando existe, biometría, para construir un puntaje de riesgo en tiempo real. Si el patrón se sale de lo normal, el sistema interrumpe o pide verificación; si no, deja pasar sin ruido.
Para las personas, el beneficio es simple: pagar sin interrupciones y evitar quedar sin liquidez por un evento de fraude. Para comercios, significa menos contracargos y mejor tasa de aprobación. Con tarjetas concentrando los montos defraudados y un marco legal más exigente, la prevención en milisegundos pasó de promesa a estándar operativo del ecosistema de pagos en Chile.
Cuando prevenir es parte del viaje
La temporada de vacaciones confirma que la ciberseguridad ya no es un apéndice del negocio digital, sino una condición de continuidad. Con hábitos que elevan la exposición y un entorno legal más exigente, la IA emerge como el punto de equilibrio entre seguridad, experiencia de usuario y cumplimiento, desplazando el foco desde la corrección posterior hacia la prevención temprana.
El desafío, de aquí en adelante, es sostener esa promesa con gobernanza, procesos y cultura: menos fricción, más precisión y decisiones en tiempo real. Si el ecosistema logra alinear tecnología y hábitos, el verano puede seguir siendo temporada alta para el turismo y el comercio, sin convertirse en temporada alta para el fraude.



