La Declaración de Sucre formalizó una alianza entre emprendedores, comunidades, universidades e instituciones de varios países. Chile participa en su conducción y el Valle del Limarí recibirá la próxima cumbre, prevista para 2027, para conectar territorios iberoamericanos
En el Valle de Cinti, en Bolivia, todavía hay viñas que crecen apoyadas en árboles vivos. Esa forma de cultivar, heredada por generaciones, resume una idea que empieza a tomar fuerza entre emprendedores, investigadores y autoridades de distintos países: el turismo puede atraer visitantes sin dejar fuera de sus beneficios a las comunidades que mantienen vivo el patrimonio.
Esa apuesta quedó plasmada el 24 de octubre en la Declaración de Sucre, documento que formalizó la Red Iberoamericana de Turismo Ecocultural, Identidad y Desarrollo Territorial durante la segunda cumbre del sector. La alianza reúne a representantes de Chile, Argentina y Bolivia, además de participantes académicos de otros países, con el propósito de vincular patrimonio, emprendimientos y desarrollo económico local.
Para Chile, la iniciativa abre una posibilidad de cooperación entre territorios con vocación turística y productiva. En O’Higgins, por ejemplo, el encuentro CircuitOH! reunió a emprendedores y gestores culturales de más de 20 comunas, mostrando el espacio que existe para conectar cultura, pequeñas empresas y experiencias locales sin depender exclusivamente de los grandes destinos.
Una propuesta que parte desde las comunidades
La Declaración de Sucre sitúa el beneficio comunitario en el centro del modelo. “El patrimonio adquiere pleno sentido social cuando su preservación activa beneficia a las comunidades que lo mantienen vivo”, establece el documento fundacional. La propuesta busca que cocineras, artesanos, viñateros, productores y guías participen no solo en la oferta turística, sino también en las decisiones sobre su desarrollo.
En lugar de promover destinos masivos, la red propone articular clústeres de pequeñas empresas, comunidades, instituciones públicas y universidades. Compartir conocimientos, desarrollar rutas y ofrecer experiencias vinculadas a la gastronomía, los oficios y la historia permitiría distribuir mejor los ingresos entre quienes sostienen esos patrimonios. Es una aspiración declarada, cuyos resultados todavía deberán medirse.
Limarí y Maule entran al directorio
La participación chilena tiene nombres y responsabilidades. Carlos Claussen, presidente del Clúster Limarí, y Christian Paccot, del Clúster Maule, integran el directorio de seis miembros junto con representantes de Bolivia y Argentina. También participa el historiador Pablo Lacoste, identificado en el acta con representación argentino-chilena.
Entre los integrantes chilenos de la red figuran además Esteban Valenzuela, exministro de Agricultura, y Consuelo Poblete, vinculada anteriormente al ministerio. Desde la academia participan Ximena Quiñones y Enrique Mundaca, de la Universidad Católica del Maule, junto a otros investigadores y emprendedores mencionados por ASEGMI O’Higgins. El documento constitutivo no designa a un presidente único: establece una conducción colegiada.
La próxima cumbre será en Chile
El primer gran hito anunciado después de Sucre será la III Cumbre Iberoamericana de Turismo Ecocultural, prevista para 2027 en el Valle del Limarí. Antes, los integrantes deberán concretar la gobernanza de la organización, preparar un Atlas de las Maravillas de Latinoamérica, impulsar un sello de calidad y buscar vías de financiamiento y cooperación internacional. La declaración les entrega tres meses para elaborar propuestas que luego revisará el directorio.
En Bolivia, la agenda ya incluye una comisión que busca impulsar el reconocimiento patrimonial de su paisaje vitivinícola ante la UNESCO. Pero una postulación no equivale a una declaratoria, del mismo modo que la creación de una red no garantiza por sí sola inversiones ni más empleos. La prueba estará en si la colaboración llega a productores y familias fuera de los circuitos tradicionales.
La experiencia chilena ofrece puntos de partida concretos. En el secano costero de O’Higgins, Costa Viva articula gastronomía, naturaleza y emprendimientos de Navidad, Litueche y La Estrella. Para el Limarí, Maule y otras regiones, la prueba será que esta alianza internacional no termine solo en encuentros y declaraciones: que abra mercados y oportunidades sin quitar a las comunidades el control de lo que las hace únicas.



