La candidatura será formalizada en Nueva York y se inscribe en el proceso de sucesión del secretario general de la ONU para 2026, abriendo un escenario de negociaciones diplomáticas donde el respaldo regional buscará incidir en los equilibrios multilaterales.
El Gobierno de Chile formalizará en Nueva York la candidatura de la ex Presidenta Michelle Bachelet al cargo de Secretaria General de las Naciones Unidas, en una postulación respaldada por Chile, Brasil y México que se enmarca en el proceso de sucesión del actual secretario general António Guterres, cuyo mandato concluye a fines de 2026.
El anuncio fue realizado desde el Palacio de La Moneda por el Presidente Gabriel Boric, quien estuvo acompañado por la ex Mandataria, el ministro de Relaciones Exteriores Alberto van Klaveren, y representantes diplomáticos de Brasil y México.
“Tengo el honor y el orgullo de anunciar que hoy oficializaremos en la ciudad de Nueva York la candidatura de la ex Presidenta de Chile, Michelle Bachelet Jeria, a la Secretaría General de las Naciones Unidas”, señaló el Presidente Boric.
Respaldo regional y coordinación diplomática
Desde La Moneda, el Ejecutivo destacó el apoyo de los gobiernos de Brasil y México, en lo que calificaron como una iniciativa conjunta para fortalecer la voz latinoamericana en la gobernanza global.
“Agradezco el apoyo, la convicción y el coraje del presidente Lula y de la presidenta Claudia Sheinbaum por el respaldo que hoy le brindan a nuestra querida ex Presidenta Michelle Bachelet”, afirmó Boric, subrayando que“nuestras naciones manifiestan su voluntad común de contribuir a la gobernanza global y al fortalecimiento del multilateralismo”.
Reacciones del presidente electo y la oposición
La nominación también generó distintas reacciones en el espectro político chileno. Desde la oposición, el diputado Johannes Kaiser cuestionó la postulación, poniendo en duda los méritos de la ex Mandataria para un cargo de liderazgo global. “No tiene muchas cosas que presentar que sean positivas en su hoja de vida”, afirmó Kaiser, aludiendo tanto a su gestión presidencial como a su desempeño previo en el sistema de Naciones Unidas.
Otra voz de la oposición tradicional, el senador Rojo Edwards (UDI), sostuvo que, si bien la postulación es un ejercicio legítimo de política exterior, “es clave que Chile tenga claridad sobre las prioridades nacionales antes de comprometer recursos diplomáticos en candidaturas que no reflejen consensos amplios”.
El presidente electo José Antonio Kast ha adoptado una postura institucional. Kast ha señalado que corresponde analizar la posición de Chile respecto a este tipo de postulaciones una vez que asuma el gobierno, enfatizando la importancia de resguardar la coherencia de la política exterior del Estado por sobre decisiones de coyuntura.
Posición de la candidata
Michelle Bachelet agradeció el respaldo de los tres países y puso énfasis en el carácter regional de la nominación. “Me siento honrada de ser candidata a la Secretaría General no solo de Chile, sino también de Brasil y de México. Agradezco el respaldo a esta candidatura de Estado y asumo la tremenda responsabilidad que significa”, señaló.
La exmandataria agregó que “el hecho de que esta candidatura sea presentada por tres países refleja un compromiso compartido y la convicción de que podemos trabajar juntos por objetivos comunes”.
Bachelet cuenta con experiencia previa en el sistema de Naciones Unidas, donde se desempeñó como Alta Comisionada para los Derechos Humanos, además de haber ejercido dos períodos como Presidenta de Chile.
Proceso de sucesión en Naciones Unidas
El mandato de António Guterres concluye el 31 de diciembre de 2026, dando inicio a un proceso diplomático gradual en el que los Estados miembros comienzan a formalizar respaldos y posicionar candidaturas. La definición del próximo secretario o secretaria general considera negociaciones multilaterales complejas y el rol de los principales órganos del sistema de Naciones Unidas.
En ese marco, la formalización de la candidatura de Michelle Bachelet se inserta en una etapa inicial del proceso, en la que los apoyos regionales comienzan a perfilar los equilibrios políticos de la sucesión.



