La Región del Biobío terminó 2025 con una tasa de desocupación de 9,4%, por sobre el promedio nacional, en un año donde el empleo creció solo 0,2%, aumentó la presión laboral y persistieron brechas por sexo, informalidad y sectores productivos
En Biobío, el mercado laboral cerró 2025 con una señal incómoda: hubo más personas trabajando, pero no las suficientes para absorber el aumento de la fuerza de trabajo. El resultado fue un deterioro visible en desempleo, presión laboral y calidad de inserción, en una región que sigue tensionada entre recuperación sectorial y fragilidad estructural.
Los números del INE muestran que la tasa de desocupación anual llegó a 9,4%, subiendo 0,9 puntos porcentuales respecto de 2024 y superando el promedio nacional de 8,6%. En paralelo, la tasa de ocupación bajó a 51,4% y la participación laboral se ubicó en 56,8%, confirmando que el empleo no avanzó con la fuerza suficiente.
Detrás de ese cuadro aparece una historia más compleja. Biobío anotó un alza marginal de 0,2% en personas ocupadas, pero al mismo tiempo la población desocupada creció 11,3% y la presión laboral llegó a 16,0%.
Un mercado laboral que crece menos de lo necesario
El INE estimó que la fuerza de trabajo regional llegó a 789.458 personas, con 715.308 ocupadas y 74.150 desocupadas. Mientras la fuerza laboral creció 1,1%, los ocupados solo aumentaron 0,2%, generando una brecha que explica el aumento del desempleo.
Este desajuste instala una señal clave: no basta con crear empleo si el ritmo es inferior al crecimiento de la población activa, lo que termina presionando el sistema laboral.
Más allá del desempleo abierto, los indicadores ampliados refuerzan esta lectura. La tasa SU3 alcanzó 20,0% y la tasa de presión laboral llegó a 16,0%, evidenciando que una parte importante de la fuerza de trabajo no logra insertarse plenamente.
Sectores que empujan y sectores que frenan el empleo
El comportamiento sectorial expone un escenario desigual. Los principales impulsos al alza de la ocupación provinieron de construcción (6,9%), minería (15,8%) y salud (3,3%).
En contraste, los mayores retrocesos se registraron en enseñanza (-6,6%), industria manufacturera (-3,9%) y administración pública (-5,1%), afectando áreas clave para la estabilidad laboral regional.
Esta combinación refleja un crecimiento fragmentado, donde los sectores dinámicos no logran compensar completamente las caídas en actividades estructurales, especialmente en una región con fuerte tradición industrial.
Brechas estructurales: género, informalidad y calidad del empleo
Las diferencias por sexo siguen marcando el mercado laboral. La tasa de desocupación femenina alcanzó 10,0%, mientras la masculina llegó a 8,9%, aunque en los hombres el deterioro anual fue mayor.
Las mujeres mostraron un leve avance en ocupación (+1,4%), impulsadas por el sector salud, pero mantienen menores niveles de participación (47,3%) y ocupación (42,6%) frente a los hombres.
En paralelo, la informalidad sigue siendo un componente relevante. La tasa de ocupación informal llegó a 25,9%, con más de 185 mil personas en esta condición, pese a una leve caída anual.
A esto se suma una señal estructural: aunque crecen los asalariados formales, el mercado laboral regional sigue mostrando altos niveles de precariedad y subutilización, lo que limita el impacto de las mejoras.
Biobío 2025: principales indicadores del mercado laboral
| Indicador | Resultado 2025 | Clave interpretativa |
|---|---|---|
| Tasa de desocupación | 9,4% | Sobre promedio nacional |
| Variación desempleo | +0,9 pp | Deterioro anual |
| Tasa de ocupación | 51,4% | Baja absorción laboral |
| Participación | 56,8% | Más personas buscando empleo |
| Ocupados | 715.308 | Crecimiento marginal |
| Desocupados | 74.150 | Aumento significativo |
| Presión laboral | 16,0% | Alta tensión del mercado |
| Informalidad | 25,9% | 1 de cada 4 empleos |
Datos que dejan más preguntas que certezas
Biobío cerró 2025 sin una crisis de empleo, pero tampoco con una recuperación consolidada. El crecimiento fue insuficiente para absorber la mayor participación laboral, mientras las brechas estructurales siguen condicionando el desempeño del mercado.
El desafío no es solo generar empleo, sino mejorar su calidad, estabilidad y capacidad de absorción. Porque en Biobío, el empleo avanzó, pero no lo suficiente como para cambiar el rumbo.



