Por Carolina Morgado, Directora ejecutiva en Clanwork
La participación femenina en directorios no depende solo de preparación técnica. También requiere confianza, visibilidad y la decisión de ocupar el espacio.
En los últimos años se ha hablado mucho de la necesidad de aumentar la presencia femenina en directorios empresariales. Las cifras muestran avances, pero aún estamos lejos de una representación equilibrada. Sin embargo, más allá de los números, vale la pena preguntarse si estamos mirando el problema completo.
Con frecuencia, la conversación se centra en la preparación técnica de las mujeres para acceder a estos espacios. Y es cierto: la aptitud es fundamental. Formación, experiencia, conocimiento del negocio y capacidad estratégica son elementos indispensables para ejercer un buen rol en un directorio.
Pero hay otra dimensión que muchas veces pasa más desapercibida: la actitud.
A lo largo de mi experiencia profesional en entornos altamente técnicos y exigentes, como la industria minera, he visto a muchas mujeres con trayectorias extraordinarias. Sin embargo, dudan en dar el paso hacia posiciones de mayor visibilidad o influencia si sienten que aún “les falta algo más” para estar completamente listas. Y eso es cultural: nos enseñaron a buscar la perfección y a no exponernos demasiado.
Recuerdo mis propios inicios en este sector. No conocía a nadie y no tenía casi nada de conocimiento de la industria, pero sí unas enormes ganas de aprender, construir y básicamente “comerme el mundo”.
Fueron años de mucho esfuerzo personal: muchas horas de trabajo, aprender algo completamente nuevo y recorrer barrios industriales de una ciudad que no conocía bien, muchas veces con la mezcla de entusiasmo y culpa que tantas mujeres sienten cuando intentan hacer crecer su carrera mientras crían a sus hijos pequeños.
Mirando hacia atrás, entiendo que en ese momento no tenía todas las respuestas. Pero sí tenía algo que resultó igual de importante: la actitud de atreverme a entrar a un espacio desconocido y aprender en el camino, incomodando en ocasiones con esa actitud a algunos.
No siempre quienes ocupan esos roles tienen todas las respuestas desde el primer día, pero sí cuentan con la confianza para asumir el desafío y tomar decisiones.
Aquí aparece una brecha menos visible, pero igualmente relevante: la distancia entre la aptitud y la actitud para ejercer liderazgo.
Los directorios empresariales no solo requieren conocimiento técnico. También necesitan mirada estratégica, criterio y diversidad de perspectivas, además de personas dispuestas a participar activamente en la toma de decisiones.
El desafío, entonces, no es únicamente preparar a más mujeres para ocupar estos espacios, algo que sin duda sigue siendo necesario. También implica promover culturas organizacionales que valoren la diversidad de estilos de liderazgo y ampliar las redes de confianza donde se construyen muchos de estos nombramientos.
Muchas mujeres ya cuentan con todo lo necesario para aportar en instancias de dirección. El paso siguiente tiene que ver con algo más profundo: reconocer el valor de esa experiencia y confiar en la propia voz.
El liderazgo se construye con conocimiento, pero también con convicción.
Quizás uno de los cambios más significativos que podemos impulsar hoy es entender que el liderazgo femenino en los directorios no es solo una cuestión de aptitud. Es también una cuestión de actitud.
Y cuando ambas se encuentran, no solo ganan las mujeres. Ganan también las organizaciones y las decisiones que se toman en ellas.
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