El desempleo llegó a 10,2% y el PIB regional cayó 6,6%, la mayor contracción del país. La pérdida de dinamismo en agro y minería expone una matriz productiva concentrada, brechas laborales y presión por destrabar inversión, agua, tecnología y nuevos mercados
La Región de O’Higgins enfrenta una de sus señales económicas más complejas de los últimos años. No se trata solo de un mal indicador aislado, sino de una coincidencia particularmente dura: el desempleo regional llegó a 10,2% en el trimestre marzo mayo de 2026 y el PIB regional cayó 6,6% durante el primer trimestre, el peor registro entre las 16 regiones del país.
El deterioro regional se cruza ahora con un indicador que enciende las alarmas a nivel país. El IMACEC de mayo retrocedió 0,9% anual, explicado principalmente por una menor producción minera.
Pero la señal de fondo es más incómoda que la cifra. O’Higgins no solo perdió dinamismo: vio retroceder al mismo tiempo dos de sus principales motores productivos. Según el Banco Central, la contracción regional se explicó por el desempeño de la fruticultura, la generación eléctrica y, en menor medida, la minería del cobre. Las exportaciones de bienes también cayeron 25,2%, golpeadas por menores envíos frutícolas y mineros, mientras el consumo de los hogares creció apenas 1,2%.
Para Pablo Peña, economista y docente de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de O’Higgins, la explicación está en la estructura productiva regional.
“Los principales factores están asociados al mal año que han tenido tanto la industria minera como la industria agrícola. En ambos casos, la región de O’Higgins presenta gran parte de su matriz productiva concentrada allí. Cerca de un tercio de la economía regional está explicada por esos dos sectores y, prácticamente, la totalidad de las exportaciones regionales están en el agro y la minería”, señaló.
Una economía demasiado expuesta
El dato laboral confirma que el deterioro productivo llegó rápido al empleo. El boletín regional del INE informó que O’Higgins registró 50.691 personas desocupadas, un aumento de 13,7% en doce meses. La ocupación bajó 0,6%, equivalente a 2.677 personas menos, mientras la informalidad llegó a 29,9% y subió 2,4 puntos porcentuales en un año.
| Indicador clave | Último dato | Lectura regional |
|---|---|---|
| Desempleo regional | 10,2% | Entre los niveles más altos del país |
| Desempleo femenino | 12,5% | Brecha laboral más severa |
| Personas desocupadas | 50.691 | Aumento anual de 13,7% |
| PIB regional | -6,6% | Mayor caída regional del país |
| Exportaciones de bienes | -25,2% | Menores envíos frutícolas y mineros |
| Informalidad laboral | 29,9% | Más empleo de baja protección |
La presión se concentra justamente donde la región tiene más dependencia. De acuerdo con el INE, los sectores que más incidieron en la caída de ocupados fueron minería, con una baja de 24,6%; industria manufacturera, con 7,1%; y agricultura y pesca, con 5,0%. Además, los asalariados formales retrocedieron 5,0%, señal de que el problema no solo está en la falta de trabajo, sino también en la calidad de los puestos que se pierden.
Para la diputada Carolina Cucumides, el deterioro ya no admite una lectura técnica distante: “Los resultados del IMACEC de mayo son una alerta roja que en nuestra Región de O’Higgins se traduce en una crisis laboral sin precedentes. No estamos frente a una cifra más; estamos ante un retroceso que nos sitúa tristemente a la cabeza del desempleo nacional con un 10,2% de desocupación”.
La parlamentaria puso especial énfasis en la brecha de género que atraviesa el deterioro laboral. “Es urgente poner rostro y urgencia a estas cifras: brecha de género profunda. El desempleo femenino en nuestra región ha escalado a un alarmante 12,5%, una cifra que golpea con mayor severidad a las mujeres en comparación con el 8,5% que afecta a los hombres”, sostuvo.
Peña advierte que la radiografía mezcla factores de temporada con problemas más profundos. “Lo coyuntural de este año es que la temporada del agro estuvo marcada por el agotamiento del principal producto exportador regional, y uno de los principales de Chile, que es la cereza, que tuvo un año muy malo. Algunos son procesos de mediano plazo, como el del vino o la uva, que han tenido un menor consumo, y otros más bien son coyunturales como la cereza”, explicó.
Agua, tecnología y nuevos mercados
El diagnóstico del académico no se queda en la explicación de la caída. También apunta a una agenda de salida. Si el agro regional depende de pocos productos y mercados concentrados, una mala temporada deja de ser solo un problema comercial y se convierte en una amenaza para el empleo, las exportaciones y la recaudación local.
“El agro en Chile y en la región enfrenta varias dificultades que son de mediano plazo, y muchas tienen que ver con el cambio en los cultivos, con el problema hídrico y con la necesidad de cambios mayores en materia de infraestructura hídrica o en materia de competitividad de la industria, incorporación de tecnología y diversificación de mercados”, planteó Peña.
Esa mirada calza con una discusión que ya se abrió en la región: cómo pasar de una agricultura dependiente de ciclos, precios y concentración exportadora a una industria con mayor adaptación climática, eficiencia hídrica e innovación.
No es casual que la Región de O’Higgins comience a empujar iniciativas vinculadas al agro inteligente y a la gestión rural del agua con apoyo tecnológico, dos ejes directamente conectados con las soluciones que menciona el académico.
El punto de fondo es que la diversificación no se resuelve solo con nuevos cultivos. Requiere infraestructura hídrica, tecnología, mercados menos concentrados, mayor valor agregado, capacidades laborales y una estrategia regional que reduzca la exposición a ciclos externos. Cuando China, Estados Unidos o una mala temporada agrícola golpean la demanda, la región y sus habitantes siente el impacto en toda su cadena productiva.
Minería madura, empleo debilitado
La minería agrega otra capa al problema. El senador Juan Luis Castro vinculó directamente el deterioro regional con la pérdida de dinamismo del sector y con una tasa de desempleo que ya se ubica sobre el promedio nacional.
“Los malos indicadores económicos de la zona tienen mucho que ver con un grado de decaimiento de la actividad minera, más desempleo por sobre el alto promedio nacional”, sostuvo.
El parlamentario añadió que la agenda de crecimiento hoy está asociada a la llamada megarreforma en segundo trámite, aunque con posiciones divergentes en el Congreso. “Esto solo para mediano y largo plazo. En lo inmediato todas las herramientas están en manos del Gobierno”, afirmó.
La iniciativa de Reconstrucción Nacional, fue aprobada en general por el Senado por 26 votos a favor, 23 en contra y una abstención, pero su discusión particular quedó marcada por reparos fiscales, ambientales y laborales, y una aprobación incierta.
Para el economista de la Universidad de O’Higgins, existe un problema estructural en la minería regional, especialmente por la madurez de El Teniente. “Es un yacimiento que ya tiene cerca de un siglo de operación continuada y, por lo mismo, presenta mucho menor rendimiento, mucha menor ley y mucha menor rentabilidad que antaño”, señaló.
Su salida no pasa solo por recuperar producción, sino por una transformación tecnológica y productiva más profunda. “La minería también necesita nuevos yacimientos o nuevas tecnologías de explotación. Entonces, vemos que hay, por un lado, una mala temporada tanto en la minería como en el agro, pero también hay efectos que son un poco más estructurales. Ambas industrias necesitan reformas, pero también la economía regional tiene que avanzar en la diversificación de su matriz productiva”, planteó.
Inversión pública, permisos y empleo formal
Desde la construcción, el diagnóstico apunta a otro flanco: la falta de inversión capaz de absorber empleo cuando el agro y la minería bajan su ritmo. Francisco Donoso Tagle, presidente de la CChC O’Higgins, sostuvo que la generación de empleo formal está frenada por una combinación de crisis agrícola, menor inversión pública y permisología.
“Existe una caída exponencial de la inversión pública, tanto del Gobierno Regional como del Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Vivienda. Esta disminución presupuestaria impacta directamente la mano de obra: históricamente, la construcción ha actuado como amortiguador del desempleo ante este tipo de crisis, pero hoy no hay inversión en el sector”, afirmó.
Donoso también apuntó a los retrasos que enfrentan proyectos de energía, minería y agua, pese a los esfuerzos de distintos gobiernos por destrabar permisos. A su juicio, si esas inversiones no se concretan, la región seguirá perdiendo capacidad para crear empleo de calidad justo cuando sus principales sectores productivos requieren reconversión.
“Revertir esta situación es posible. Se requiere que las inversiones se concreten y que se generen proyectos y empleos de calidad. Muchas de las medidas contempladas en el proyecto de ley de reconstrucción nacional apuntan en esa dirección. Es necesario avanzar en su tramitación legislativa para lograr una implementación eficiente de las iniciativas, que permita a Chile crecer y generar nuevas oportunidades de trabajo”, agregó.
Cucumides también llevó la discusión hacia obras concretas. “Chile no puede permitirse el lujo de la inacción mientras el empleo y la inversión se desploman. En O’Higgins, esto significa que debemos destrabar de inmediato la inversión en infraestructura clave como la Carretera de la Fruta y la Doble Vía San Fernando-Pichilemu. Estas obras no son opcionales; son el motor que necesitamos para frenar la destrucción de puestos de trabajo y dar un respiro a nuestros sectores productivos”, enfatizó.
La diputada cerró con un emplazamiento directo al Ejecutivo: “El Gobierno debe rectificar el rumbo ahora: menos dogmatismo y más reactivación. Necesitamos medidas concretas que devuelvan la seguridad laboral a las mujeres y hombres de nuestra región, antes de que el daño al tejido social y económico sea irreversible”.
El esfuerzo regional no alcanza solo
Desde el Gobierno Regional de O’Higgins, el gobernador Pablo Silva Amaya defendió el despliegue de recursos en las 33 comunas mediante obras, programas de emprendimiento, turismo, investigación científica, apoyo productivo y fondos municipales. Su punto es que la región sí está intentando activar empleo desde sus herramientas propias, pero la magnitud del deterioro exige mayor coordinación con el nivel central.
“El Gobierno Regional junto al Consejo Regional han desarrollado una serie inversiones asociadas a la distribución de recursos en las 33 comunas de la región mediante proyectos que contribuyen al desarrollo de empleos en áreas como la construcción, por ejemplo: escuelas, Teletón, pavimentación; en programas de emprendimiento donde potenciamos a FOSIS, SERCOTEC y CORFO, aumentando la cantidad de beneficiarios”, afirmó.
Silva Amaya también destaca inversiones en turismo, apoyo al CEAF en fruticultura, respaldo a pescadores, ganaderos del secano costero y agricultores, además de proyectos FRIL y más de 600 iniciativas del 8% Comunitario en cultura, seguridad, deporte, medio ambiente e inclusión.
“Es importante entender que el Gobierno Regional invierte cerca de 100 mil millones de pesos anuales para activar la economía y potenciar el empleo en O’Higgins. Claramente no es suficiente y en ese sentido el llamado es a desarrollar un trabajo colaborativo con las autoridades del gobierno central, gestionar mayor inversión de recursos desde el nivel central a través de las diferentes carteras ministeriales y contribuir a un trabajo transversal que beneficie toda la región”, recalcó el gobernador regional.
Diversificar antes de la próxima caída
El punto crítico es que la Región de O’Higgins ya no puede mirar estos datos como una mala temporada agrícola, un ajuste minero o un problema puntual de inversión. La simultaneidad del golpe revela una fragilidad mayor: cuando el agro pierde fuerza, la minería reduce dinamismo y la construcción no logra absorber empleo, la economía regional queda con muy poco margen de respuesta.
La región tiene activos relevantes para revertir ese cuadro: agroindustria, minería, universidades, centros de investigación, capacidades logísticas, turismo, construcción y una red comunal capaz de sostener proyectos de desarrollo territorial.
Pero esos activos requieren una estrategia más articulada, con infraestructura hídrica, tecnología, formación laboral, nuevos mercados, inversión pública efectiva y proyectos privados que puedan materializarse sin años de espera.
El desafío inmediato es contener el deterioro del empleo, especialmente entre mujeres, trabajadores formales y familias que ya están cayendo hacia la informalidad. Pero el desafío de fondo es más profundo: construir una economía regional menos expuesta a los ciclos de la cereza, la uva, el cobre o la inversión pública de turno.
La Región de O’Higgins no solo enfrenta una crisis económica profundizada por la caída del agro y la minería. Enfrenta la advertencia más clara de que su matriz productiva necesita cambiar antes de que la próxima crisis vuelva a encontrarla con las mismas debilidades.




