Por Carolina Pérez Echeverría. CEO Foresight Consulting
Las mujeres tenemos la gran oportunidad de ser protagonistas en la transformación que abre la inteligencia artificial en el mundo del trabajo gracias a nuestra formación, experiencia, conocimiento y capacidad de identificar rápidamente desafíos y oportunidades. Pero antes, y para aprovechar mejor este momento, es clave analizar el panorama, participar activamente en las conversaciones y en las mesas donde se toman las decisiones.
La Organización Internacional del Trabajo advierte que las mujeres contamos con una mayor presencia en ocupaciones expuestas a la inteligencia artificial generativa. Al mismo tiempo, datos recientes de LinkedIn muestran que la representación femenina de las contrataciones vinculadas a la IA en Estados Unidos es de apenas un 26%.
Más que mirar estas cifras como una señal de alerta, creo que debemos tomarlas como una invitación a actuar, considerando el potencial de ser parte de la reconfiguración de los trabajos que ya existen y de la creación de los que vienen.
Para lograrlo, lo primero que debemos internalizar es que la inteligencia artificial no es asunto exclusivo de ingenieros, programadores o empresas tecnológicas. Su impacto atraviesa prácticamente todas las industrias y áreas profesionales. Finanzas, marketing, recursos humanos, comunicaciones, derecho, administración y salud, entre muchas otras, están llamadas a repensar la manera en que trabajan.
No nos marginemos de estas instancias, porque quienes conocen esos negocios, entienden sus desafíos y saben dónde están las oportunidades de mejora, tienen, sin duda, mucho más que aportar.
Por eso necesitamos ampliar nuestra mirada sobre las capacidades que serán relevantes. Saber hacer buenas preguntas, evaluar la calidad de una respuesta, detectar errores, supervisar decisiones automatizadas y reconocer qué procesos conviene delegar a una máquina serán habilidades cada vez más valiosas.
A ellas se suma algo fundamental en lo que las mujeres tenemos un plus: el conocimiento genuino de las personas, los clientes, las organizaciones y sus necesidades. La tecnología puede procesar información a una velocidad extraordinaria, pero su aporte depende también de las preguntas que hacemos y de las decisiones que tomamos con ella.
Aquí, además de la iniciativa femenina, las empresas tienen una responsabilidad y una oportunidad. Capacitar a sus equipos, abrir espacios para experimentar con nuevas herramientas e incorporar distintas perspectivas en los proyectos de inteligencia artificial les permitirá aprovechar mejor el talento que ya tienen.
El paso adicional es asegurar que las mujeres participemos en las mesas donde se definen las estrategias, se seleccionan las tecnologías y se rediseñan los procesos. Una cosa es aprender a utilizar las herramientas, y otra aún más relevante es contar con la posibilidad de influir en cómo y para qué se implementan.
La participación en esas decisiones importa porque la inteligencia artificial no solo transformará las tareas; también puede redefinir las trayectorias profesionales, las responsabilidades y las oportunidades de crecimiento dentro de las organizaciones. Como mujeres, estar presentes desde el inicio nos permite contribuir con nuestra experiencia, aportar distintas perspectivas y ayudar a construir soluciones que respondan mejor a los desafíos de cada industria.
No necesitamos esperar a que la transformación esté terminada para preguntarnos cuál será nuestro lugar en ella. Ese espacio comienza a definirse ahora, en las conversaciones que tenemos, en las capacidades que desarrollamos, en los proyectos en los que participamos y en las decisiones que ayudamos a tomar.
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