Por Richard Andrade C. Director de Poderyliderazgo.cl
Para las pymes, el inicio del gobierno de José Antonio Kast no se vive como una promesa, sino como una prueba de resistencia. El pequeño empresario ya aprendió a desconfiar de los discursos grandilocuentes, especialmente cuando vienen acompañados de ajustes, rigideces y una mirada binaria del país.
Las pymes no operan en slogans. Operan en un ecosistema frágil, donde cualquier error de política pública se paga con quiebras silenciosas.
Seguridad: la del discurso y la de la calle no siempre coinciden
La promesa de “mano dura” puede ganar elecciones, pero no garantiza barrios productivos. Para miles de pymes, el problema no es solo el delito, sino la ausencia del Estado inteligente: policías sin coordinación, fiscalizaciones erráticas y territorios donde emprender se volvió una actividad de alto riesgo.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿habrá seguridad para trabajar o solo seguridad para mostrar control?
Porque una pyme asfixiada por controles, toques tácitos de queda y tensión permanente no invierte, no contrata y no crece. La seguridad útil es la que ordena sin paralizar. Todo lo demás es marketing político.
Migración: cuando el orden mal diseñado destruye productividad
El discurso duro contra la migración ignora una realidad básica: gran parte de la economía pyme funciona gracias al trabajo migrante. Endurecer sin ofrecer rutas claras de regularización laboral no combate la informalidad, la multiplica.
La pyme no necesita trabajadores invisibles ni perseguidos. Necesita personas con RUT, contrato y previsión, algo que se logra con política pública, no con consignas.
Un enfoque exclusivamente punitivo empuja a las pymes a un dilema imposible: o incumplir la ley, o cerrar.
Ajuste económico: siempre pagan los mismos
Cuando se habla de recortes, las pymes escuchan una historia conocida. El ajuste rara vez toca privilegios estructurales; suele caer sobre programas de apoyo, capacitación, fomento e innovación, precisamente donde los pequeños negocios encuentran oxígeno.
Reducir el Estado puede sonar eficiente en el papel, pero un Estado más chico y menos estratégico no libera al mercado: lo concentra. Las grandes empresas resisten. Las pymes desaparecen.
Un gobierno que confunde austeridad con abandono no ordena la economía: la empobrece.
Democracia y derechos: el riesgo que nadie quiere nombrar
Para la pyme, la democracia no es una consigna ideológica: es estabilidad operativa. Cada señal de debilitamiento institucional, de confrontación permanente o de retroceso en derechos civiles aumenta el costo de hacer negocios.
El pequeño empresario no tiene margen para navegar incertidumbre política ni conflictos permanentes. Necesita reglas claras, contrapesos y diálogo social. Sin eso, no hay emprendimiento que aguante.
El mensaje incómodo desde las pymes
Si el futuro gobierno de Kast cree que el mundo pyme será un aliado automático por hablar de orden, se equivoca. Las pymes no votan ideología, votan sobrevivencia.
Esperan menos épica y más gestión. Menos confrontación y más inteligencia pública. Menos castigo indiscriminado y más política bien diseñada.
Porque cuando el discurso se impone sobre la realidad, las pymes no protestan: cierran.
Y cuando cierran, el costo no es político. Es social, económico y silencioso.



