Tras una carrera ejecutiva en Microsoft, Carolina Vega creó una aceleradora de lideresas que aborda el “síndrome del impostor” como problema de productividad, toma de decisiones y desarrollo de capital humano en empresas y organizaciones.
Santiago, 10 de febrero de 2026. En un mercado laboral donde el acceso a posiciones de liderazgo sigue mostrando brechas persistentes, el debate ya no es solo de representación, sino de cómo se toman decisiones de carrera, cómo se gestiona el talento y qué costos tiene para las organizaciones la subutilización de capacidades.
Desde ese ángulo, la propuesta de IMPACTA, la aceleradora de liderazgo femenino creada por la ingeniera civil electrónica Carolina Vega Sánchez, instala una pregunta incómoda para empresas y directorios: ¿cuánta productividad y valor se pierde cuando profesionales altamente competentes dudan sistemáticamente de su propio desempeño?
Tras una trayectoria ejecutiva en Microsoft, Vega decidió convertir su experiencia en un emprendimiento con foco en estrategia de carrera, visibilidad e influencia. El punto de partida fue un patrón que se repetía entre mujeres en cargos de responsabilidad: el llamado “síndrome del impostor”, un fenómeno que, según diversos estudios, puede afectar hasta a tres de cada cuatro mujeres en algún momento de su vida profesional. No se trata de falta de capacidades, sino de una brecha de percepción que impacta decisiones, proyección y liderazgo.
El costo invisible del “síndrome del impostor” en las organizaciones
El problema no es solo individual. Cuando ejecutivas y profesionales con alto desempeño subestiman su aporte, las organizaciones enfrentan efectos concretos: menor disposición a asumir desafíos, retraso en promociones, subutilización de talento y decisiones estratégicas tomadas desde la cautela excesiva y no desde la convicción. En términos simples, el “síndrome del impostor” se convierte en un problema de gestión del capital humano.
“Son mujeres brillantes que no se creen suficientes. No confían en lo que saben ni en lo que han logrado”, explica Vega. Desde esa constatación surgió, junto a la enfermera Marcela Donetch, la metodología Acepta T, un enfoque que busca transformar esa inseguridad en una fuerza movilizadora, sin romantizar el miedo ni normalizar la autoexigencia destructiva.
“No necesitaba demostrar más, necesitaba creer más”, resume Vega. Y agrega: “El síndrome del impostor te empuja, pero con dolor. La idea es aprovechar esa energía en positivo, sin autoflagelación”. La propuesta es clara: pasar de una lógica reactiva a una gestión estratégica de la carrera, donde la toma de decisiones, la visibilidad y el posicionamiento profesional se trabajen de forma consciente.
De la mentoría al impacto en productividad y carrera
Hoy, IMPACTA opera como una aceleradora de liderazgo femenino a través de charlas, coaching y mentorías, y ya ha acompañado a más de 60 mujeres en América, Asia y Europa. El foco no está solo en el desarrollo personal, sino en cómo esas profesionales navegan estructuras corporativas complejas, construyen redes, toman decisiones de carrera y convierten desempeño en impacto visible.
En marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, la iniciativa desplegará un ciclo de cuatro conversatorios que apuntan directamente a esas brechas estructurales:
- “La revolución de la impostora, sin síndrome”: un recorrido práctico para reconocer y “hackear” esa voz interna que limita decisiones.
- “Del miedo al salto: el impulso del cambio”: herramientas para pasar de la cautela permanente a la acción estratégica.
- “IMPACTA tu carrera: la fórmula del éxito en las corporaciones”: un plan para visibilidad, redes y movimientos de carrera.
- “Mi marca marca”: construcción de un sello profesional basado en coherencia, confianza y resultados.
Más allá del discurso: liderazgo, productividad y competitividad
En un contexto donde las empresas enfrentan desafíos de productividad, retención de talento y diversidad en la toma de decisiones, iniciativas como IMPACTA ponen el foco en una variable menos visible pero crítica: cómo se gestiona la autopercepción del talento y su traducción en liderazgo efectivo. No se trata solo de empoderamiento individual, sino de mejorar la calidad de las decisiones estratégicas dentro de las organizaciones.
En esa intersección entre desarrollo profesional y competitividad, la metodología de Vega instala una tesis incómoda pero necesaria: las brechas de liderazgo no solo se explican por barreras externas, sino también por modelos de carrera construidos desde el miedo y no desde la estrategia. Cambiar eso no es solo un desafío cultural; es, cada vez más, un imperativo de gestión y productividad.



