El debate sobre las contribuciones abre una discusión más profunda sobre la distribución de recursos entre comunas. Mientras algunos territorios concentran el patrimonio inmobiliario, otros dependen del sistema de redistribución municipal para sostener servicios básicos y funcionamiento institucional
La propuesta del presidente José Antonio Kast de eliminar las contribuciones para adultos mayores en su primera vivienda se instaló rápidamente en el debate político. El argumento tiene una fuerza evidente: aliviar la carga tributaria de jubilados que enfrentan pensiones estrechas mientras el costo de vida continúa aumentando.
La idea resulta políticamente atractiva. Sin embargo, cuando se examinan los datos con mayor detención aparece una pregunta incómoda: quiénes se beneficiarían realmente con esta medida.
En Chile existen cerca de 1,54 millones de adultos mayores propietarios de vivienda, pero alrededor del 74% ya está exento del pago de contribuciones gracias a beneficios tributarios vigentes. En la práctica, solo cerca de 396 mil adultos mayores siguen pagando este impuesto.
La eventual eliminación de las contribuciones no está dirigida a la mayoría de las personas mayores del país, sino a un grupo relativamente reducido que vive en las comunas más ricas de Chile.
El mapa de los beneficiarios
Cuando se observa dónde viven esos contribuyentes el panorama se vuelve aún más claro. El pago de contribuciones se concentra en comunas con alto valor inmobiliario y mayor ingreso promedio. En el sector oriente de Santiago —Las Condes, Vitacura, Providencia o Lo Barnechea— se ubica una parte importante de los adultos mayores que aún paga este impuesto.
Se trata de territorios donde el valor de las viviendas supera ampliamente los promedios nacionales y donde el patrimonio inmobiliario acumulado durante décadas explica la carga tributaria actual. El impuesto territorial en estas comunas refleja principalmente el alto valor del suelo urbano, muy distinto a lo que ocurre en gran parte del país.
El contraste con las comunas más pobres
En muchas comunas rurales o aisladas la realidad es completamente distinta. En lugares como Lumaco, Saavedra, Alto Biobío o Colchane el valor de las viviendas es bajo, los ingresos familiares también lo son y la mayoría de los adultos mayores ya está exenta del pago de contribuciones.
En estos territorios el problema no es el impuesto territorial. El desafío cotidiano pasa por la falta de oportunidades económicas, la precariedad de la infraestructura y el aislamiento geográfico que condiciona la vida de miles de comunidades.
Este contraste territorial explica por qué el debate va mucho más allá de un alivio tributario. Las contribuciones no solo financian a los municipios donde se recaudan. Una parte relevante de esos recursos se redistribuye a través del Fondo Común Municipal, mecanismo que busca equilibrar las profundas diferencias fiscales entre comunas.
Gracias a este sistema muchas municipalidades pueden financiar atención primaria de salud, mantención urbana, programas sociales o infraestructura básica. Sin esta redistribución territorial la distancia entre comunas con alta recaudación y municipios con escasos recursos sería mucho mayor.
Gobernar para todo el país
Reducir impuestos siempre genera apoyo inmediato. Pero cuando esos impuestos cumplen un rol redistributivo entre territorios, la discusión deja de ser meramente tributaria y se convierte en una decisión sobre cohesión territorial.
Chile sigue siendo un país donde la distancia entre comunas ricas y comunas pobres no solo se mide en ingresos, sino también en infraestructura, servicios públicos y oportunidades de desarrollo. Cada decisión fiscal tiene efectos que van mucho más allá de los contribuyentes que aparecen en la primera línea del debate.
El Presidente Kast debe comprender que gobernar implica mirar el país completo, no solo a quienes viven en las comunas más prósperas. Las decisiones fiscales que adopte su gobierno deben considerar también a las comunidades que dependen del Estado local para sostener servicios básicos en los territorios más aislados y vulnerables de Chile.
Porque detrás de cada peso que llega a esos municipios hay realidades muy concretas: consultorios rurales que siguen funcionando, caminos que conectan comunidades apartadas y programas sociales que sostienen la vida cotidiana donde el Estado muchas veces solo está presente a través del municipio.
Y esa es, finalmente, la verdadera dimensión de esta discusión: no solo cuánto se paga en contribuciones, sino qué tan dispuesto está el país a sostener el equilibrio entre sus territorios.




