El Presupuesto 2027 mantiene recursos para enfrentar el fuego y reforzar la capacidad operativa. El asunto de fondo es otro: convertir prevención, tecnología y coordinación territorial en una política permanente antes de la próxima emergencia del país
Por Richard Andrade C. Director de Poderyliderazgo.cl
Hay fechas que importan no por aquello que se conmemora, sino por lo que todavía está pendiente. Este 3 de octubre se cumplen tres años desde que ingresó al Congreso el proyecto destinado a regular la prevención y mitigación de incendios forestales y rurales. Desde entonces, Chile atravesó tres temporadas marcadas por grandes emergencias, comunidades devastadas y territorios que aún intentan recuperarse.
La iniciativa fue presentada durante el gobierno de Gabriel Boric, avanzó por la Cámara y el Senado y terminó en Comisión Mixta. Tres años después, la administración cambió y el proyecto sigue pendiente bajo el gobierno de José Antonio Kast. El dato importa porque muestra que la prevención ya no puede mirarse como una tarea de una sola administración.
Al mismo tiempo, Chile no llega a la próxima temporada sin recursos. El Presupuesto 2027 mantiene financiamiento para enfrentar incendios forestales y reforzar la preparación operativa. Brigadas, aeronaves, coordinación institucional y capacidades de respuesta seguirán siendo parte del despliegue estatal.
Ahí aparece la contradicción central: el Estado es capaz de asegurar recursos para combatir el fuego, pero todavía no termina de consolidar el marco legal que busca fortalecer su prevención.
Tres años que dejaron huella
Mientras el proyecto avanzaba por el Congreso, entre octubre de 2023 y septiembre de 2026 se registraron 17.464 incendios forestales y de interfaz, con 244.227 hectáreas afectadas. Los principales siniestros de esas tres temporadas dejaron, además, al menos 165 personas fallecidas, cerca de ocho mil viviendas destruidas y casi 35 mil damnificados.
Valparaíso, Ñuble, Biobío y La Araucanía conocen bien lo que esas cifras significan cuando dejan de ser una estadística y se convierten en barrios destruidos, empleos perdidos y familias obligadas a comenzar nuevamente.
La experiencia demuestra también que prevenir sí puede generar resultados. En cinco comunas del Maule, un modelo de coordinación público privada redujo en 35% la ocurrencia de incendios durante una temporada, fortaleciendo además capacidades locales para enfrentar el riesgo.
La futura Ley de Incendios no impedirá por sí sola que el fuego vuelva. Sería un error presentarla como una solución automática. Pero también resulta difícil explicar que un país que conoce los territorios más expuestos y sabe cuándo aumenta el riesgo todavía llegue a octubre sin completar su principal marco legal preventivo.
Recursos para combatir, prevención aún fragmentada
El problema no se limita a la ley. Chile ha mejorado su capacidad de reacción y durante los últimos años ha debido reforzar la prevención y la gestión del riesgo frente a altas temperaturas e incendios activos. La pregunta es cuánto de ese esfuerzo logra transformarse en una política que funcione durante los doce meses del año.
Prevenir requiere planificación urbana y rural, manejo permanente de vegetación, coordinación entre propietarios y organismos públicos, capacidades municipales, educación comunitaria y tecnología de detección temprana. No son tareas que deban comenzar en diciembre.
El Gran Valparaíso ofrece una señal clara. Después de los incendios de 2024, la región debió iniciar un prolongado proceso de reconstrucción de los territorios afectados. Recuperar viviendas, infraestructura y actividad económica requiere años. Prevenir siempre será menos costoso que reconstruir.
Ese es el punto que debería unir a ambos gobiernos, al Congreso, los municipios, propietarios, empresas y comunidades. La Ley de Incendios nació bajo una administración y sigue pendiente bajo la siguiente. Los incendios, en cambio, no esperan cambios de mando ni calendarios legislativos.
El verano todavía no comienza. Quedan semanas para que el proyecto avance y para reforzar las capacidades territoriales antes del periodo de mayor riesgo. Precisamente por eso este es el momento para actuar y no cuando las primeras llamas vuelvan a ocupar los titulares.
Summer is coming. Chile lo sabe, dispone de recursos para prepararse y acumula demasiada experiencia sobre las consecuencias de llegar tarde. Tres años y dos gobiernos después, convertir la prevención en una política permanente sigue siendo una tarea pendiente.



