El congresista cuestionó el tono del titular de Hacienda frente a la megarreforma y sostuvo que el Gobierno deberá abrirse a un acuerdo amplio en el Senado, con mayor protagonismo de José García Ruminot y Claudio Alvarado
La discusión del Plan de Reconstrucción Nacional entró a una etapa decisiva en el Senado y el senador Matías Walker elevó el tono frente al Gobierno, apuntando directamente al ministro Quiroz y a la forma en que el Ejecutivo ha buscado instalar su reforma económica.
En conversación con la primera edición de Radioanálisis, el parlamentario planteó que La Moneda necesita abandonar una lógica de imposición política si realmente busca construir mayorías legislativas. “El ministro Quiroz tiene que dejar un poco la soberbia de lado”, afirmó Walker, al advertir que una reforma de esta magnitud requiere diálogo técnico y transversalidad política.
El senador por la Región de Coquimbo sostuvo que el debate no puede reducirse a una confrontación entre Gobierno y oposición, porque el paquete legislativo aborda materias sensibles para el crecimiento, la inversión, el empleo y la responsabilidad fiscal. Por eso, insistió en que la viabilidad de la iniciativa dependerá menos del discurso inicial del Ejecutivo y más de su capacidad para abrir espacios reales de negociación.
El precedente de pensiones como camino posible
Walker vinculó la discusión actual con el acuerdo alcanzado en materia de pensiones, señalando que allí existió una metodología que permitió acercar posiciones entre sectores políticos distintos. “Es necesario encontrar un equilibrio”, sostuvo, al recordar que ese entendimiento fue posible porque hubo “una comisión técnica, integrada por cinco expertos y expertas”.
Según el parlamentario, esa instancia reunió a personas “que venían de distintas miradas ideológicas” y que lograron construir bases técnicas para un acuerdo amplio, del que —según dijo— “sólo se restó, paradojalmente, el Partido Republicano”. Para Walker, ese modelo podría servir como referencia para ordenar la discusión del Plan de Reconstrucción Nacional.
La comparación no es menor. A diferencia de una tramitación marcada solo por alineamientos partidarios, el precedente de pensiones muestra que los acuerdos complejos requieren método, tiempos políticos y una validación técnica que permita separar las diferencias ideológicas de los puntos donde sí puede haber convergencia.
La reforma llega al Senado con flancos abiertos
La lectura de Walker apunta a un punto sensible para el Ejecutivo: la reforma llega al Senado después de una aprobación en la Cámara de Diputados, pero con cuestionamientos sobre su costo fiscal y los efectos de medidas como la reintegración tributaria, la invariabilidad para grandes inversiones, el crédito al empleo y la rebaja del impuesto corporativo.
En ese cuadro, el senador advirtió que el Gobierno deberá mostrar una disposición distinta si busca avanzar en la Cámara Alta. La discusión, afirmó, no se resolverá solo con disciplina oficialista ni con presión comunicacional, sino con capacidad de escucha, acuerdos verificables y apertura a cambios.
La señal política es clara: en una reforma de alta carga económica, el Senado aparece como el espacio donde el Ejecutivo deberá pasar de la instalación discursiva a la gestión legislativa fina. Para Walker, aquello exige sumar voces técnicas, habilitar acuerdos transversales y evitar que la discusión quede atrapada entre la urgencia económica del Gobierno y las objeciones de la oposición.
Una prueba para la conducción política de La Moneda
Las declaraciones de Walker muestran que la agenda legislativa del Gobierno enfrentará una prueba política decisiva en el Senado. El Plan de Reconstrucción Nacional obliga al Ejecutivo a combinar convicción política con gestión institucional, especialmente si busca dar viabilidad a una reforma que cruza intereses fiscales, empresariales, laborales y sociales.
El margen será especialmente estrecho. El Gobierno necesita mostrar resultados en crecimiento, empleo e inversión, pero la oposición y sectores de centro exigirán garantías sobre responsabilidad fiscal, equidad territorial y resguardos sociales. Ahí, el emplazamiento de Walker al ministro Quiroz instala una advertencia de fondo: sin humildad política y soporte técnico, la reforma difícilmente logrará consolidarse.



