El gobernador de Atacama advierte que la descentralización en Chile enfrenta límites estructurales, donde la falta de autonomía fiscal mantiene a las regiones subordinadas al nivel central, restringiendo su capacidad de decisión y ejecución frente a demandas urgentes
En el salón de conferencias de la Sofofa, en Santiago, el ambiente mezcla conversaciones cruzadas, presentaciones estratégicas y encuentros entre autoridades, embajadores y empresarios. Es el lanzamiento de FOREDE 2026, un espacio donde el mundo público y privado se articula para proyectar inversión y desarrollo regional.
Pero bajo esa escena de coordinación y expectativas, se instala una tensión que no siempre se dice en voz alta: el desarrollo territorial sigue dependiendo del nivel central, incluso cuando los gobiernos regionales han fortalecido su capacidad de gestión.
La conversación avanza entre cifras, proyectos y alianzas, pero también deja en evidencia una señal más profunda: el futuro de las regiones se sigue definiendo en Santiago, reforzando una lógica de centralismo que limita la autonomía territorial.
El caso de Atacama refleja con claridad esa tensión. La región ha liderado el crecimiento económico del país, con expansiones del PIB regional que han superado el 13% impulsadas por la minería del cobre, oro y hierro.
Sin embargo, ese dinamismo convive con un mercado laboral más frágil, donde la desocupación bordea el 9,0% y el empleo no crece al mismo ritmo que la actividad. A ello se suma una alta dependencia de la exportación de recursos naturales y brechas persistentes en educación y servicios.
No es una mirada teórica. Miguel Vargas Correa, profesor de Historia y Geografía, exintendente de Atacama y hoy gobernador regional reelecto, habla desde la experiencia acumulada en distintos niveles del Estado y desde un territorio que ha debido gestionar históricamente sus propias brechas.
Su trayectoria cruza distintas etapas del proceso institucional, y hoy se expresa en la gestión directa de las limitaciones del modelo vigente.
“La descentralización no se decreta, se construye con trabajo, esfuerzo y compromiso”. Con esa definición, Vargas fija el eje de una conversación que trasciende lo técnico y se instala en el plano político, poniendo en cuestión la distribución real del poder en Chile.
Poderyliderazgo.cl conversó en exclusiva con el gobernador en este encuentro, donde el debate sobre autonomía, recursos y capacidad de decisión adquiere un nuevo nivel de urgencia desde la mirada de quienes enfrentan diariamente las limitaciones del modelo.
Usted plantea que la descentralización no se decreta. ¿Cómo se construye en la práctica desde los territorios?
Nosotros estamos convencidos de que la descentralización avanza en la medida en que quienes vivimos en el territorio asumimos que es el camino correcto. No se decreta, se construye con trabajo, con esfuerzo y con compromiso, porque es la forma de hacernos cargo de las dificultades que aún persisten en las regiones.
En ese proceso, ¿qué rol cumplen las alianzas y la ejecución de proyectos?
Las articulaciones público-privadas son fundamentales, pero también lo es la capacidad de sacar adelante los proyectos. No basta con la intención o las ideas, es necesario avanzar en su materialización. Contar con una cartera robusta permite enfrentar el desafío de mejorar la calidad de vida en el territorio.
Hoy los gobiernos regionales cuentan con recursos, pero con restricciones. ¿Dónde están los principales límites?
Hoy existe un marco presupuestario, pero no tenemos autonomía para decidir cómo se gastan esos recursos. Dependemos del nivel central y de la Dipres, lo que limita la capacidad de respuesta frente a las necesidades del territorio. Por eso hemos planteado que los gobiernos regionales requieren más herramientas y mayor flexibilidad.
Usted ha insistido en avanzar en la ley de rentas regionales. ¿Qué cambiaría concretamente?
Los gobiernos regionales necesitan autonomía y flexibilidad presupuestaria. Hemos señalado que se requiere un trato similar al de los municipios. Si se avanza en esa línea, la descentralización se fortalece, porque permite tomar decisiones con mayor pertinencia desde el territorio.
En el caso de Atacama, usted identifica la educación como una tarea pendiente. ¿Dónde está el problema?
La educación es una gran tarea pendiente en nuestra región. Hoy el sistema está en manos de los servicios locales de educación, que han sido cuestionados. No se trata de volver a esquemas anteriores, pero sí de avanzar en fórmulas que permitan una mayor incidencia del gobierno regional en la toma de decisiones administrativas.
¿Qué tipo de soluciones están impulsando desde el gobierno regional?
Ya estamos avanzando con convenios de programación con los servicios locales y alianzas con universidades. Estamos trabajando en mejorar aprendizajes en lenguaje y matemáticas, junto con fortalecer la convivencia escolar y apoyar la gestión directiva.
Usted mencionó experiencias internacionales. ¿Qué lecciones deja el caso de Ceará?
Hemos conocido esa experiencia, que enfrentaba problemas similares a los de Atacama. A partir del trabajo conjunto entre gobierno, municipios y el estado, lograron avances significativos. Esto demuestra que la articulación efectiva entre actores puede generar cambios concretos.
Más allá de la autonomía, usted también plantea la necesidad de colaboración. ¿Por qué es clave?
La autonomía por sí sola no es suficiente. Si no generamos redes de colaboración, la descentralización no será posible, porque requiere avanzar en proyectos colectivos que tengan como foco el bienestar del territorio.
También introduce una mirada histórica. ¿Qué enseñanza deja ese proceso para hoy?
En Atacama tenemos el ejemplo de Pedro León Gallo. La descentralización no se mendiga, se construye desde el trabajo colaborativo, y eso sigue siendo plenamente vigente. Se requiere unidad entre los actores del territorio para avanzar.
En ese marco, ¿qué importancia tiene un espacio como FOREDE para la región?
El sector privado cumple un rol clave en el desarrollo regional. FOREDE ha logrado articular empresas, sector público y comunidad, y se ha consolidado como un espacio de diálogo en torno a los desafíos productivos, sociales e infraestructura de la región.
Centralismo persistente y autonomía en disputa
Desde Santiago, donde se concentran las decisiones que impactan a las regiones, el planteamiento del gobernador de Atacama deja de ser una reflexión técnica y se transforma en una advertencia política: el modelo actual limita la capacidad real de acción territorial.
No es un diagnóstico aislado. Proviene de una autoridad que ha transitado por distintas etapas del proceso institucional y que hoy enfrenta directamente las restricciones del sistema. La falta de herramientas condiciona la gestión regional, incluso cuando existen capacidades instaladas.
La señal es clara. Sin autonomía fiscal efectiva y descentralización en la toma de decisiones, el desarrollo seguirá condicionado, mientras que las regiones continuarán operando con márgenes restringidos frente a sus propias urgencias.
Porque sin poder real en los territorios, la descentralización no pasa de ser un diseño incompleto.



